Una oportunidad para que Estados Unidos se comprometa con Cuba

(Este artículo de opinión fue primero publicado en el Fort Lauderdale Sun Sentinel).

La política hacia Cuba estuvo casi completamente fuera de los titulares hasta dos acciones recientes de la Administración: la exclusión de Cuba de la Cumbre de las Américas, que generó críticas de gran parte del continente, y el anuncio de varios pasos modestos pero positivos para revertir algunos de las medidas draconianas tomadas por Trump contra la isla.

La primera de estas acciones fue abiertamente hostil, y la segunda parece ser principalmente, si no del todo, un movimiento para salvar al menos algo de apoyo político entre los muchos cubanoamericanos y sus familias en la isla, que se beneficiarán de la bien recibida relajación de las restricciones trumpianas sobre viajes y remesas, así como cambios para facilitar la emigración legal y segura hacia los EE. UU.

A pesar de la probable intención limitada de estas últimas medidas, es discutible que, sin saberlo, podrían facilitar más pasos para revivir la política de compromiso Obama-Biden. De hecho, una carta que ahora circula en el Congreso, firmada por 24 representantes, recomienda precisamente esa posibilidad realista de compromiso políticamente más “seguro”, a través de la colaboración en temas de salud pública.

La carta le pide a la administración que tome medidas ejecutivas para facilitar “comprometerse con Cuba en temas de salud global…. con un enfoque particular en asegurar que las sanciones de EE. UU. no impidan…. los esfuerzos de Cuba para compartir las vacunas COVID-19 y la tecnología relacionada y el apoyo médico con los países de bajos ingresos”, así como los conocimientos técnicos en la colaboración exitosa en salud con dichos países.

Para respaldar sus propuestas, la carta cita de manera convincente el “tremendo progreso” de Cuba para convertirse en el país con la “cuarta tasa más alta de vacunación en el mundo”, basándose en cinco vacunas que “los expertos creen… tienen un enorme potencial para otros países de bajos ingresos” debido a su facilidad y costo relativamente bajo de fabricación, y su menor necesidad de regímenes de refrigeración estrictos que las que exigen las dos vacunas más utilizadas en los EE. UU. 

Además, la carta también destaca que “Cuba se ha comprometido a fabricar, poner a disposición y distribuir 200 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 a un costo significativamente reducido…. incluyendo transferencias de tecnología para la producción local de vacunas cuando sea posible”, así como de expertos médicos para ayudar a “crear capacidad para la distribución de vacunas donde sea necesario”. En este contexto, vale la pena recordar que nuestros dos países colaboraron con éxito en la lucha contra el virus del Ébola en África occidental muy recientemente. Pero el embargo ahora hace que sea casi imposible que EE. UU. proporcione efectivamente muchos de los insumos y suministros que Cuba necesitaría para una empresa tan enorme.

Seguramente habría obstáculos políticos para tal movimiento, pero están lejos de ser insuperables. Los pasos necesarios son posibles a través de la acción ejecutiva, lo que significa que no es necesario la aprobación del Congreso ni viola las reglas del embargo, una política que la mayoría está de acuerdo en que es una reliquia inútil de la Guerra Fría. Lo que es más importante, la naturaleza de salud pública de tal colaboración la haría relativamente “segura” políticamente, excepto entre los acérrimos opositores al compromiso con la isla, que obstinadamente prefieren permanecer en esa Guerra Fría.

Uno solo puede esperar que la administración Biden preste atención al mensaje de este cubanoamericano y emprenda su implementación.

Manuel R. Gómez es un cubanoamericano con un doctorado en salud pública de Johns Hopkins. Es miembro del Comité Directivo de ACERE (Alianza para el Compromiso y el Respeto de Cuba), una organización ciudadana que aboga por mejores relaciones entre Estados Unidos y Cuba, una política que ha defendido durante mucho tiempo.

Traducción de Progreso Semanal.

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