El sueño peligroso

Tomado del Periódico La Jornada

Hace justo 55 años este [pasado] 4 de abril de 1967, se escuchó uno de los discursos más peligrosos de la historia de Estados Unidos. Es uno de los que, a pesar de que su autor ha sido elevado al Olimpo estadunidense donde viven las figuras heroicas del país y tiene su propio día oficial feriado, ningún presidente o líder político nacional (con un par de excepciones) se atreve a mencionar y menos citar.

Tanto en la nación como en el extranjero, se reduce a Martin Luther King a su versión oficialmente aprobada: un tipo de santo dedicado a los derechos civiles y su mensaje limitado casi exclusivamente a su famoso discurso sobre igualdad racial conocido como “Yo tengo un sueño” de 1963 en Washington. Pero cuatro años después de esa gran alocución, el reverendo Martin Luther King habló de otro sueño y convocó a la lucha por una revolución en Estados Unidos.

“Estoy convencido de que si queremos ponernos del lado acertado de la revolución mundial, debemos emprender como nación una revolución de valores. Tenemos que empezar de prisa el viraje de una sociedad orientada hacia las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y las computadoras, el afán de lucro y los derechos de propiedad se consideran más importantes que la gente, es imposible conquistar los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo (…)”, declaró King desde el podio de la iglesia Riverside en Nueva York.

“La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo; no es algo caprichoso y superficial. Consiste en ver que un edificio que produce mendigos necesita restructuración. Una verdadera revolución de valores pronto verá con inquietud el patente contraste entre pobreza y riqueza. Con justa indignación, verá al otro lado de los mares y observará a capitalistas de Occidente invertir sumas enormes en Asia, África y Sudamérica, sólo para llevarse las ganancias sin ninguna preocupación por el mejoramiento social de los países, y dirá: ‘no es justo’. Verá nuestra alianza con los terratenientes de América Latina y dirá: ‘no es justo’. La arrogancia de Occidente de sentir que tiene todo que enseñar a los demás y nada que aprender de ellos simplemente no es justa (…) Nuestra única esperanza hoy día reside en nuestra habilidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir a un mundo a veces hostil para declarar nuestra hostilidad eterna a la pobreza, al racismo y al militarismo”.

Al proclamarse en ese momento contra la guerra en Vietnam y las hazañas imperiales de su país –ante la oposición de sus propios asesores, críticas severas por los principales medios nacionales y amenazas de su gobierno– advirtió que Estados Unidos “jamás podrá ser salvado mientras destruya las esperanzas más profundas del hombre por todo el mundo”.

“Este llamado a una hermandad mundial que eleve la preocupación por el prójimo más allá de la tribu, raza, clase y nación de cada uno es en realidad un llamado a un amor incondicional, que abarque a toda la humanidad. Ya no podemos gastar más en adorar al dios del odio o hincarnos ante el altar de la represalia. Los océanos de la historia se vuelven turbulentos con las mareas cada vez más altas del odio (…) Hoy aún nos queda una alternativa: la coexistencia no violenta, o la coaniquilación violenta. Tenemos que pasar de la indecisión a la acción. Si no actuamos, seguramente seremos arrastrados por los largos, oscuros y vergonzosos pasillos del tiempo reservados para aquellos que tienen poder sin compasión, poderío sin moralidad, y fuerza sin visión…”.

Un año después, mientras impulsaba su campaña nacional vinculando la lucha por los derechos civiles a la justicia económica y el antimperialismo, King fue asesinado. Su discurso del 4 de abril de 1967 es cada vez más contemporáneo y, por lo tanto, su invitación, su sueño, a luchar por un cambio a fondo de su país sigue siendo cada vez más peligroso para los defensores de las pesadillas.

El texto en: https://guides.lib.berkeley.edu/c.php?g=819842&p=5924547

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