Martí y “Mirandita”: nuevas revelaciones

Durante el obligado encierro neoyorquino al que Martí se vio obligado en la casa del doctor Ramón Luis de Miranda después del fracaso de La Fernandina y la tenaz persecución policial estadounidense y española, el joven Luis Rodolfo Miranda y de la Rúa, de 17 años de edad, y futuro comandante del Ejército Libertador, le preguntó durante una de esas labores en la edición del periódico Patria qué significaba para él la palabra libertad.

La notable acogida que ha tenido entre los lectores del grupo Cuba Época Colonial el artículo El último y poco conocido cumpleaños de José Martí, me ha obligado a convocar nuevamente al comandante Miranda para que nos cuente, en su carácter de testigo excepcional, detalles no muy divulgados por no decir ignorados en algún que otro historiador. Mis disculpas si me equivoco.

“Mirandita’, que era como le llamaban viejos oficiales mambises, entre ellos su jefe Calixto García, tuvo a bien en llevar un diario de la guerra. Hay que apuntar que muy personal, sin mucha profundidad de análisis, pero testimonio válido por cuanto aborda temas martianos y de la propia contienda de 1895 que al menos para quien suscribe, para nada especialista, les resultan poco menos que sorprendentes o novedosos.

Cedámosle el turno al comandante que, en esos aciagos y esperanzadores días, durante varias semanas, fue una suerte de ayudante del Maestro:

“Hablaba siempre en voz más baja; nunca le oí con el tono alterado, ni en los momentos más difíciles; era suave su conversación, era galante con las damas, era atento con todos los que lo rodeaban. De Martí, puede decirse que era el prototipo del caballero y del idealista.

“Su timbre de voz impresionaba gratamente. Jamás le oí esos gritos o alaridos que con frecuencia oímos, en nuestro país (…) “.

Aquel joven matancero, de pudiente familia y graduado de los Escolapios de Guanabacoa, “estaba siempre pendiente y procuraba por todos los medios, que su permanencia en casa de mi familia le fuese agradable, no le perdía de vista y veía con gusto que a él le eran gratas nuestras atenciones”.

Ello le permitió conocer que Martí “no perdía un solo minuto del día, que aprovechaba todos los instantes para estudiar, que vivía pendiente de la cultura del mundo, para aplicarla en beneficio de las grandes causas que defendía”.

Aunque parezca demasiado raro en el caso de un bachiller, Mirandita aprendió a “amar el diccionario”. Escribía el Apóstol un trabajo donde la palabra bandolero ocupaba sitio en el titular cuando de repente le pidió buscarla en el mataburros y leerle la definición. “Martí, que era un perfecto caballero, me dio las gracias afectuosamente”.

En cierta ocasión, “Mirandita” recibía un dictado. En un momento de reposo se le ocurrió preguntar:

-Dígame, Maestro, ¿qué entiende usted por libertad?

Cuenta que Martí fijó su mirada penetrante en el joven y que rápidamente le contestó:

-La esclavitud del deber.

Imagino que “Mirandita” estuvo meditando un buen rato. Tal y como yo lo hice también. Una virtud para todos los tiempos: enseñarnos e inducirnos a pensar cuando en breve cumplirá 169 años de nacido.

Fuente: Reminiscencias Cubanas de la Guerra y de la Paz, de Luis Rodolfo Miranda, Comandante del Ejército Libertador. Imp. P. Fernández y Cia. S. en C, Hospital 619.La Habana, 1941.

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