Adiós, jefe Acevedo: ¿De verdad pensaste que la verdad te liberaría en Miami?

MIAMI. La política de Miami es como un circo de tres pistas. En el primer anillo estan los payasos, conocidos como el alcalde y los comisionados. En el segundo se encuentran los leones y tigres, representados por intereses especiales y sus cabilderos que revolotean como buitres sobre los payasos que montan un espectáculo destinado a engañar a los votantes que se encuentran en el tercer anillo. El baile entre payasos y felinos se utiliza para convencer a los votantes de que sí les importan. El espectáculo no es más que una engañifa.

Francis Suárez, el chico lindo alcalde al que algunos medios se refieren como el muñeco de porcelana de Miami, anunció hace seis meses, con mucha fanfarria, que iba a traer a la versión de Michael Jordan como jefe de la policía: Art Acevedo (57 años) para servir como domador de los leones de la ciudad. Pero la función miamense de Ringling Brothers esta en completo desorden y nuestro propio muñeco de porcelana, que, según las fuentes, reacciona histéricamente a la mala prensa, no se encontraba por ningún lado para defender a su versión policíaca de Michael Jordan, personaje este que estaba siendo destruido meticulosamente por payasos que actúan como hienas y dirigidos por un comisionado inestable conocido como ‘Crazy’ Joe.

El administrador de la ciudad, Art Noriega, ha suspendido al jefe Acevedo. A finales de esta semana, el jefe será despedido por “Crazy” Joe y sus secuaces. Lo que finalmente llevó a este momento fue el hecho, como informamos en septiembre, de que el jefe Acevedo tuvo la temeridad el verano pasado de afirmar que “Miami está dirigida por la mafia cubana”.

El problema con la afirmación es que es verdad. Pero como hemos demostrado a lo largo de los años en Progreso Weekly y antes con los programas de radio de Francisco Aruca, la verdad en Miami no siempre es conveniente. Sobre todo cuando va en contra de los deseos e intereses especiales de los miembros de esa mafia a la que se refirió Acevedo, algunos que se sientan en el estrado de la comisión cuyos miembros pronto votaran para deshacerse de él.

En cuanto al jefe Acevedo, hay rumores de que no se irá en silencio. Ha manifestado que ha entregado información a las autoridades federales. Afirma que los miembros de la comisión han estado interfiriendo con las investigaciones del departamento.

Y el espectáculo continúa …

Pensamientos sobre el eventual despido

El jefe Acevedo fue contratado (supuestamente) para limpiar un departamento de policía conocido a nivel nacional por rachas de corrupción y una relación desigual con algunos miembros de la comunidad, en su mayoría miembros negros. Yo, personalmente, acogí con beneplácito el hecho de que no fuera del agrado de ciertos comisionados (los cubanoamericanos) y criticado por el sindicato policial.

Agradecí la idea de un jefe de policía con las pelotas para enfrentarse al sistema frontalmente.

Al parecer, en los seis meses que estuvo aquí, Acevedo alborotó demasiadas plumas. Primero, como jefe, Acevedo no podría ser controlado por ciertos comisionados, específicamente ‘Crazy’ Joe Carollo y Alex Díaz de la Portilla, cuyos intereses son satisfacer a sus facilitadores (los cabilderos) y corruptores influyentes que les ayudan a solventar sus necesidades. Para estos dos, especialmente y desde el primer día, el jefe tenía que irse. Acevedo les abrió el camino cuando puso sobre el terreno el tema de Cuba que en Miami es utilizado por los políticos como un juego de magia para desviar la vista de los votantes de sus fechorías.

Luego está el alcalde Suárez, un político manufacturado por una fuerte maquinaria de relaciones públicas detrás de él. Sus verdaderos colores estuvieron en plena exhibición esta semana mientras se escondía horrorizado, no ansioso por enfrentar al circo que rodeaba a quien había comparado con Michael Jordan. En lugar de cumplir con el jefe que había reclutado, o al menos salir públicamente y admitir su error, el ego de porcelana del alcalde Suárez se quebró bajo la presión y finalmente se enfrentó al público a principios de esta semana y acusó a cualquiera en los alrededores, excepto a sí mismo.

Durante una conferencia de prensa bien orquestada en la que se evitó a los reporteros con preguntas reales e importantes, el alcalde Suárez dijo: “No se trata de culpa.

“Yo y todos los funcionarios electos teníamos la expectativa y la esperanza de que esto saliera bien”.

Después de una breve interacción con un público y una prensa limitados y censurados, el pequeño Francis volvió corriendo a su oficina y, según las fuentes, hizo pucheros y se quejó el resto del día.

Al final, Miami seguirá igual. Tenemos un alcalde cuyo ego delicado no está acostumbrado a las críticas y cuyos intereses radican en complacer a los multimillonarios de la tecnología que lo contratan y le paguen salarios de seis y siete cifras. Multimillonarios que compran casas de 20, 30 y 40 millones de dólares como si compraran limonada en un día caluroso en el centro comercial de la esquina. Las mismas personas, que con la ayuda de políticos como Francis Suárez, han hecho de Miami una de las ciudades más desiguales del país. Un lugar donde las personas que intentan sobrevivir con un salario mínimo viven a minutos de distancia y separados por una bahía o una carretera interestatal de otros que no lo pensarán dos veces antes de gastar $ 5,000 en una cena con amigos.

Luego, hay comisionados que se rebajarán lo más posible para controlar las palancas del poder que les permiten vivir mejor que la mayoría, a expensas de los electores a quienes juraron servir y que realmente sirven como peones en un juego de monopolio político articulado totalmente a favor de los políticos.

Y finalmente llegamos al departamento de policía de Miami que se encontró con un jefe que hace seis meses llegó a una ciudad a la que prometió ayudar a limpiar. Pero la limpieza incluyó a miembros del propio departamento. Entonces, sin darle ni un ápice de oportunidad, se fijaron en asegurar su partida. Cuanto antes mejor.

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