“¿Y a dónde voy ahora?”

Voces de cubanas y cubanos durante la pandemia de COVID-19

No sé cómo cada cual esté viviendo. Depende mucho de las situaciones económicas, familiares, de vivienda que tengan las personas, incluso del país donde estén y las medidas que se hayan tomado allí. A mí personalmente me cogió la cuarentena con mi pareja y nos trastocó todos los planes que teníamos, individuales de hecho. Eso nos llevó a crear planes en conjunto por primera vez desde que comenzamos nuestra relación. Sí, teníamos planes, pero a largo plazo, no en un plano tan concreto. Ahora, después de todo, nos hemos convertido en familia.

Yo perdí mi beca en todo este proceso. Perdí la posibilidad de hacer mi primer documental, como proyecto, y eso me ha hecho replantearme un montón de cosas sobre lo que he estado viviendo, la cantidad de horas que he estado trabajando, el lugar donde estoy. ¿Por qué sigo trabajando tanto aquí, gastando un montón de horas para pagar alquiler, si al final este no es el lugar donde realmente quiero estar? Eso es muy duro para un cubano que sale de su país, que ahorra un montón para salir, se pasa dos años fuera del país, y aún no se ve regresando a Cuba… pero, ¿y a dónde voy ahora? Es complicadísimo. Más cuando tu pareja está pasando por lo mismo. Él salió de Argentina para ser músico acá y eso no va a poder ser ahora. También la escuela en la que estudiaba ya no me estaba gustando lo suficiente, no la materia, sino la escuela en sí misma. Es muy jodido darte cuenta de que todas las metas y los planes que te construyes se pueden ir al carajo tan fácil. Es hora entonces de comenzar a crear nuevos planes, nuevos trayectos.

También la cuarentena, al menos en España, me ha hecho tomar consciencia de manera brutal de mi condición de migrante, y del trato que se le da al migrante, —no al extranjero— tengas la visa que tengas. Esta situación ha sacado a relucir un sentimiento de nacionalismo muy fuerte en este país, y las políticas públicas que se han tomado están dirigidas solo a los españoles. Pero es como querer tapar el sol con un dedo, porque en España hay mucha gente que vive ilegal, que trabaja sin papeles y todas estas políticas dejan a estas personas a un lado: a la señora que limpia, a todos los trabajadores tercerizados, a los que tienen un puesto “en negro”, que no cotizan siquiera la seguridad social. He estado viendo todos los congresos y en ningún momento se ha mencionado la situación de los migrantes acá, es como si no existiéramos. Con mi visa de estudiante no tengo derecho a pedir ayuda al gobierno, ni de ningún tipo. Y esto, en un clima de tanta incertidumbre y sin familia a la que acudir, te hace sentir muy frustrada, muy sola. Eso, creo que eso ha sido de lo más chocante, porque no depende de mí.

Me dan deseos de regresar a casa, para sentirme parte de algo, más allá de las cosas con las que esté de acuerdo o no.

A partir de todo esto, hemos decidido recomenzar nuestra vida en otro país, en el momento en que eso sea posible. Todo eso es desmoronante. Por ahí va uno de mis aprendizajes en esta situación: que las cosas pueden cambiar de manera muy brusca en corto tiempo. Y otro: que el gobierno de España ha tomado muy malas decisiones hacia los migrantes, que es una población que existe y es sumamente importante para el desarrollo económico y social del país. Una comunidad tan inmensa como diversa, que de nuevo es dejada a un lado.

Daniela Fernández, 24 años. Estudiante de postgrado en Realización Audiovisual. Barcelona, España.

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