La inflación en Cuba: Una señal a atender

LA HABANA. Es muy complejo, aunque no imposible, tener una cifra de la real tasa de inflación en Cuba, pues coexisten varios mercados, muy segmentados, todos con diferentes precios y monedas… Pero, ¿qué se entiende por inflación?

La inflación no es otra cosa que el incremento generalizado de los precios promedio en un país para un período de tiempo determinado. Como otros indicadores económicos, usualmente se calculan para un año. La tasa de inflación, por tanto, proporciona el cambio porcentual anual en los precios al consumidor en comparación con los del año anterior.

Existen muchos métodos de cálculo, y uno de ellos, es establecer una canasta básica de productos y servicios necesarios para la existencia de un hogar promedio. La salvedad en el caso cubano es que hay una canasta básica mínima, que se entrega mensualmente para todos, a precios bajos, sin inflación anual, pero insuficiente para garantizar las necesidades mensuales de las personas. Se estima que esta canasta alcanza para unos 10 días como promedio.

El resto de los días del mes, se completan en los mercados en CUC o tiendas de recuperación de divisas —como también han sido denominados—, o los mercados de libre oferta o demanda, tanto agrícolas como industriales, e incluso en los mercados informales con productos legales e ilegales, pero que satisfacen determinadas necesidades.

La teoría económica plantea que es positivo para cualquier economía mantener la inflación baja, dado que un nivel de inflación alto distorsiona las señales del mercado, y además genera ineficiencias con graves afectaciones y, sobre todo, encarece la vida a las personas.

La crisis económica estructural como la que atraviesa la economía cubana, junto a choques externos como el bloqueo económico de Estados Unidos, la pandemia del COVID 19, la carencia de divisas por desajustes o disminución de las exportaciones, el pago de las deudas resultantes de los procesos de condonación, han afectado la oferta de bienes y servicios en el país, y eso se ha traducido en el aumento de los precios en productos en algunos mercados donde accede la población, como los del mercado agropecuario e informales.

Altos déficits presupuestarios financiados durante periodos largos en el país, mediante emisión monetaria, generaron una cierta inflación, y esa inflación afectó los ingresos reales al presupuesto. Otro factor que incide en el aumento de la inflación es la credibilidad de la autoridad monetaria (banco central) y la estabilidad y rigor en el manejo de la política monetaria, pero en el caso cubano esto no es muy negativo.

La crisis de inflación como la que se está generando en estos momentos en Cuba no es nada nueva, ya el país atravesó un Período Especial, derivado de la desaparición del mercado socialista, donde el PIB cayó en más de un 35 por ciento en los primeros años de la década del noventa, al igual que se produjo un retroceso importante en las exportaciones, sumado a la escasez de recursos monetarios por la cancelación de los créditos que se recibían de esas ex economías socialistas.

A pesar de esa adversa situación económica y la carencia de oferta, el gobierno cubano no afectó los salarios de los trabajadores, lo cual trajo consigo una espiral inflacionaria de magnitudes elevadas. El estado tuvo que subsidiar a la mayor parte de las empresas, lo que lógicamente generó un enorme déficit fiscal.

La causa de la inflación en tales circunstancias se explicó en el déficit fiscal, el cual fue cubierto con emisión monetaria en ausencia de otros medios financieros durante una gran parte de la crisis. Ello se reflejó en un aumento significativo de los precios en los mercados formales e informales ante la ausencia de productos o servicios.

En la figura 1 se muestra el incremento de precios que se produjo a comienzos de los noventa, y cómo la población llego a tener un 73 por ciento de liquidez monetaria con respecto al PIB. Esa liquidez disminuyó inmediatamente cuando el país comenzó a obtener los frutos de su reforma económica. Todo indica que en la actualidad hay un consumo postergado, ya que la población en el 2018 tenía ya un 58,9 por ciento de liquidez monetaria. Pero esa cifra muestra una enorme desigualdad en el país, pues hay un grupo importante de trabajadores a los que no les alcanza sus ingresos para el consumo básico, entre otros factores por los excesivos precios en CUC —que no son producto de la inflación, puesto que son precios estables, solo que estables y altos—, y por el creciente aumento de precios en CUP en la actualidad.

Figura 1: Tasa de Inflación y Liquidez en Cuba. 1990-2018

Fuente: Elaborado por el profesor Carmelo Mesa-Lago para “The Cuban Economy in the Context of the Covid-19,” Webinar, Harvard University, May 1,2020.

La complejidad de la medición de la inflación cubana radica en la existencia de una doble circulación monetaria (pesos cubanos y pesos convertibles), y más reciente la dolarización parcial (existen productos que se venden en dólares) junto a diversas estructuras de precios, donde se emplean distintos tipos de cambio. Además, persiste la distribución de productos y servicios subvencionados, o normados (libreta de abastecimiento), que brinda cobertura a toda la población.

También debe destacarse la tasa de cambio del dólar a peso cubano, que durante el Período Especial llegó a niveles de hasta 160 pesos por un dólar, ante la no existencia de un mercado formal y que pocas personas recibían o ganaban dólares. Y también era necesaria esa moneda para comprar en las nuevas tiendas que fueron creadas al efecto, ya que había productos que solo se vendían en dólares. Con la creación de las CADECA la tasa de cambio, a pesar de altas y bajas, se estabilizó en 24 pesos por dólar, y la decisión gubernamental fue establecer esa tasa de cambio fija.

Con la llegada de las remesas en cantidades cada vez más crecientes, se volvieron a dar contradicciones, ya que una parte de la población, puede pagar determinados productos a precios hiperinflacionarios, pero los que viven de salarios estatales se han resentido fuertemente con los elevados precios existentes.

Ya en 2020 ha ocurrido que una suma de factores externos e internos, sobresaliendo la escasez de divisas que tiene el país, la pandemia de COVID-19, y el arreciamiento del bloqueo, ha llevado nuevamente a la escasez de productos de primera necesidad, y esto a la vez ha disparado determinados precios.

Lo que se observa en la realidad cubana es una “inflación silenciosa” que está teniendo efectos sutiles sobre las personas y las autoridades, y puede llevar a cometer errores si no se toman medidas urgentes, especialmente en la agricultura.

A principios de los años 2000 la canasta de la compra de los cubanos experimentó ciertos cambios. Antes los productos permanentes de la cuota mensual por persona se podían adquirir por alrededor de 9,05 pesos cubanos (jabón, pan, aceite, café, arroz, huevos, carne de pollo y fríjoles), pudiera ser incluso algo superior si se le agregaba otro producto.

Ya en el 2005 esa misma canasta de productos normados o regulados valía 17,45 pesos. Un aumento del 148 por ciento. Además, la subida contrastaba con el ocho por ciento del aumento experimentado por las pensiones, un 6,72 por ciento del incremento del salario mínimo y un 11,9 por ciento del aumento del salario medio. El nuevo precio de la canasta solo incluía 2 libras de arroz y dos huevos adicionales. Un salto alto sucedió con el café, aunque en este caso la subida del precio, por la misma cantidad, ha sido del 1600 por ciento, ya que un paquete de café pequeño y mezclado empezó a costar unos 4 pesos, y antes su precio era de unos 25 centavos.

En el actual tiempo de Coronavirus, la canasta básica normada que se ofrece mensualmente por persona ronda los 80 pesos, si se incluye una libra de pollo adicional, productos de aseo y limpieza, los huevos adicionales, entre otros productos. No incluyo productos que se venden en CUC normalmente, pero son facilitados a las personas en CUP en esta coyuntura, como los refrescos gaseados en lata a 10 CUP, que no necesariamente son básicos ni resaltan por sus cualidades nutritivas. No obstante, insisto, esa cuota normada sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de todo un mes.

Hay que ser preciso y recordar que a mediados del año 2019 una parte del sector presupuestario recibió un aumento de salarios significativos. Aun así, no alcanza.

Se dice que en el socialismo la fuerza de trabajo no es una mercancía, pero ¿acaso los trabajadores ya ni pueden aspirar a obtener una cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades? Recordemos que a medida que la sociedad y sus componentes son más desarrollados, ese costo de reproducción de la fuerza de trabajo aumenta, no abarca sólo lo imprescindible para alimentar y vestir a los trabajadores y su familia, sino que también incluye un mayor tiempo de ocio, una salud más garantizada, el pago que permita disfrutar de unas merecidas vacaciones, ir al teatro, cine, comprar libros, electrodomésticos, etc.

Durante su comparecencia en una Mesa Redonda, Betsy Díaz Velázquez, titular del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN), informó que algunos productos liberados, y por lo tanto no subsidiados, empezarán a venderse mediante el sistema de la libreta de abastecimiento y la red de bodegas, pero ahora con un sistema controlado.

En los mercados de oferta y demanda y los carretilleros, aun con el llamado de que nadie puede subir el precio a las mercancías, y se establecieran precios topados, estos se han incrementado.

Solo a modo de ejemplo, de demostración, y tomando como punto de referencia algunas zonas de la Ciudad de la Habana, se pueden ver algunos productos y sus precios. La unidad de medida se expresa en libras:

Marzo del 2020  ( CUP) Junio del 2020 (CUP) % de incremento
Arroz 5 + 20 300
Carne de Cerdo 40 55 37.5
Mango 5 15 200
Malanga 4 11 175
Boniato 4 8 100
Frijoles 10-12 18-25 108.3
Plátano Vianda 3 3 0
Cebolla 15-20 30-35 75

La tabla anterior no es exhaustiva ni muy rigurosa, si no que fue confeccionada a simple observación en diferentes puntos de venta, pero sí indica la tendencia alcista de los precios.

No es ocioso mencionar que no toda la población cubana puede realizar las largas colas para comprar determinados productos necesarios en la cotidianidad, como aceite, cárnicos, productos de aseo y limpieza, que están escaseando, y eso es una brecha que la están ocupando ciertos intermediarios, para lucrar con la escasez existente, y por ende han subido extraordinariamente los precios de ese mercado informal.

Solo es posible atenuar la inflación cubana actual que va en ascenso con una mayor producción. Para esto tendrá que estar relacionada con las soluciones pensadas y con el plan nacional del gobierno, que se ha anunciado en las últimas semanas, pero aún sin divulgar su contenido. Se insiste en quitar las trabas que frenan la producción, pero no se observan los resultados de su eliminación. Mientras se apuesta por la gradualidad en las decisiones, la economía continúa retrocediendo.

Ojalá se les ofrezca a los economistas las potestades ofrecidas a los epidemiólogos y personal de la salud en Cuba, quienes lograron un buen manejo de la situación sanitaria en el país frente al COVID-19 y los resultados han sido exitosos. Sería muy factible que la economía, que está en una crisis estructural compleja, pudiera recaer también en manos de sus especialistas, o al menos fueran tenidas en cuenta algunas de sus propuestas.

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