Cinco preguntas sin respuesta acerca de la COVID-19 y las elecciones de 2020

Más de dos meses después de haber comenzado la crisis del coronavirus, es evidente que el tema será el principal en las elecciones presidenciales de noviembre.

Pero todavía hay numerosas incertidumbres. Aquí hay cinco que serán fundamentales para el resultado de las elecciones.

¿Cómo será la recuperación económica?

El presidente Trump ha hablado de la idea de una recuperación rápida una vez que haya pasado lo peor de la crisis.

Al hablar en la Casa Blanca el viernes, insistió en que “con o sin vacuna, estamos de vuelta. Y estamos comenzando el proceso”.

“Vamos a tener un año tremendo el próximo año. Vamos a tener un cuarto trimestre muy bueno”, agregó Trump.

Pero incluso si esa predicción se hiciera realidad –lo que está lejos de certeza total– el momento de tal recuperación llegaría peligrosamente tarde para un presidente que había estado apostando hasta hace un par de meses por una economía robusta.

Los datos, por ahora, son catastróficos. Más de 36 millones de personas han solicitado subsidios de desempleo desde que comenzó la crisis. La tasa de desempleo nacional, que era de solo 3,5 por ciento en febrero, se elevó a 14,7 por ciento en abril.

El viernes, nuevas cifras mostraron que las ventas minoristas cayeron un 16,4 por ciento en abril, mientras que la producción manufacturera cayó un 13,7 por ciento.

Al comienzo de la crisis, hubo sugerencias de una recuperación en “forma de V”, en la que la nación volvería rápidamente a algo parecido a la normalidad. Ahora, muchos expertos piensan que es poco probable.

A principios de esta semana, Mark Zandi, el jefe de economía de Moody’s Analytics, le dijo a The Hill que podría que la economía probablemente no se recupere por completo hasta mediados de la década.

Zandi respaldó la visión cada vez más común de que una recuperación “en forma de zumbido”, llamada así por el logotipo de Nike, y que sugiere una larga y lenta ascensión, puede ser la situación más probable.

Si eso sucede, Trump luchará por la reelección con una economía que todavía se está recuperando de las réplicas de la crisis actual.

Tal panorama sería un desafío para cualquier presidente –y en particular para Trump, cuya tasa de aprobación era tibia incluso cuando la economía estaba en auge.

¿Los electores culparán a Trump?

El desempeño de Trump en respuesta al virus ha sido criticado por los demócratas, incluido su casi seguro oponente en noviembre, el exvicepresidente Joe Biden.

Para mayor sorpresa, incluso algunos republicanos han lamentado lo que ven como fallas en las pruebas a probables infectados. Los senadores Lamar Alexander (republicano de Tennessee) y Mitt Romney (republicano de Utah) expresaron dudas acerca de esos resultados durante las audiencias del Senado la semana pasada.

También la semana pasada, el principal experto en enfermedades infecciosas de la nación, Anthony Fauci, expresó una opinión notablemente más cautelosa que la de Trump acerca de la perspectiva de reapertura de la nación. Rick Bright, quien alega que fue destituido injustamente de un puesto de alto nivel en el Departamento de Salud y Servicios Humanos, sostuvo que las fallas en la respuesta de la administración habían provocado directamente la pérdida de vidas.

Trump ha defendido con firmeza su actuación. Cuando se trata de las pruebas, dijo la semana pasada que “nos hemos enfrentado al momento y hemos prevalecido”.

Trump también ha notado que otros, incluidos muchos miembros de los medios de información, subestimaron el probable impacto del virus en los Estados Unidos.

Sin embargo, hasta ahora, las encuestas sugieren que el desempeño de Trump se percibe como negativo.

Una encuesta de CNN-SSRS la semana pasada arrojó que el 55 por ciento de los adultos desaprueba su respuesta y el 42 por ciento lo aprueba, un deterioro con respecto al mes anterior.

Esas cifras no son buenas. Pero tampoco indican que la base de Trump haya sido, aún, erosionada de manera significativa.

También es posible que un repunte fuerte e inesperado para la nación aumente la fortuna de Trump antes de las elecciones.

¿Se alejarán del presidente los electores mayores de edad?

En 2016, los mayores de edad fueron un pilar clave de apoyo para Trump cuando venció a la nominada demócrata Hillary Clinton. Ahora, esos mismos votantes son los de mayor riesgo ante la COVID-19.

En 2016, Trump se ganó a los votantes de 65 años o más en un 52 por ciento a 45 por ciento sobre Clinton, según las encuestas a la salida de los colegios electorales.

Cualquier erosión grave en esa posición le causaría grandes dificultades, no solo a nivel nacional, sino también en estados clave como La Florida, que tienen proporciones inusualmente altas de jubilados.

El New York Times informó la semana pasada que las encuestas internas de la campaña de Trump mostraban cierto ablandamiento del apoyo entre los electores de mayor edad.

Sin embargo, la encuesta de HuffPost-YouGov publicada el viernes mostró que el 48 por ciento de los mayores de 65 años aprueba la respuesta de Trump a la crisis del coronavirus –una minoría, pero una cifra mayor que en cualquier otro grupo de edad.

Trump enfrenta un desafío adicional porque Biden, cuyos partidarios lo ven como una presencia paternal, amistosa y tranquilizadora, se desempeñó muy fuertemente con los electores de mayor edad durante las primarias demócratas.

El apoyo de Trump no colapsará entre los electores mayores. Pero dado su estrecho margen de victoria en 2016, incluso un déficit en los resultados podría ser crucial.

¿Habrá una segunda oleada de coronavirus?

Por ahora, la atención de casi todos está enfocada en cuando retrocederá la ola actual de la COVI D-19 y si podría haber un resurgimiento instantáneo en caso de que las jurisdicciones se reabrieran prematuramente.

Pero se avecina otro gran problema: si habría una segunda oleada total del virus en el otoño. Si eso sucediera, coincidiría con el pico de la campaña presidencial y con la temporada de gripe.

Muchos expertos consideran que algún tipo de segunda oleada es casi inevitable. Y ven otras complicaciones también.

“Tendremos más dificultades para controlar el coronavirus en el otoño… y todos estaremos muy cansados ​​del distanciamiento social y de otras tácticas”. Lo difícil será conservar lo suficiente para proteger nuestras unidades de cuidados intensivos y evitar que haya un recrudecimiento del número de casos”, dijo el profesor de epidemiología de Harvard, Marc Lipsitch en un podcast reciente con Howard Bauchner, editor de la Revista de la Asociación Médica Estadounidense.

Una segunda oleada importante pondría en duda todo tipo de problemas. Reduciría las campañas ortodoxas, presumiblemente fortalecería el ímpetu para una votación generalizada por correo, y representaría un gran obstáculo para Trump.

Las sugerencias de que las elecciones en sí podrían posponerse son probablemente alarmistas. Esto sería imposible sin una legislación (a la que los demócratas seguramente se opondrían), y Estados Unidos ha celebrado elecciones en medio de crisis en otras ocasiones. La Guerra Civil no impidió que las elecciones de 1864 siguieran adelante.

Aun así, un año electoral ya extraño se volvería mucho más extraño si se celebrara en medio de un resurgimiento serio del virus.

¿Las elecciones serán un referéndum o una preferencia?

Una elección que se libra como una decisión directa positiva o negativa acerca de Trump parece poco prometedora para el titular.

Sus índices de aprobación siguen empantanados en territorio negativo como ha sido durante su presidencia. En el promedio de encuestas de RealClearPolitics a partir del viernes por la noche, el desempeño de Trump en el cargo fue desaprobado por el 51,4 por ciento del electorado y aprobado por el 46,1 por ciento.

Ahora está claro que el breve rebote de las encuestas que Trump tuvo en los primeros días de la crisis se ha disipado en gran medida.

Pero el presidente está lejos de estar derrotado. Y puede darse la mejor oportunidad si puede formular preguntas acerca de la capacidad y la preparación de Biden.

Su campaña ha comenzado ese esfuerzo, especialmente en las redes sociales, donde los anuncios negativos que atacan al demócrata ya son frecuentes. El New York Times describió la publicidad actual de Facebook el viernes como la “primera ola de una campaña de anuncios de ataque prometida desde hace mucho tiempo por la campaña de Trump”.

Hasta ahora, Biden sigue al frente en las encuestas nacionales y, en general, en estados definitorios.

Pero el demócrata también enfrenta una temprana y vasta desventaja monetaria. A fines de abril, las fuerzas combinadas de la campaña de Trump y el Comité Nacional Republicano tenían casi $200 millones más en mano que Biden y el Comité Nacional Demócrata.

El dinero no lo es todo en política: el propio Trump gastó menos que Clinton en 2016, pero eso aún le da al presidente mucho poder para golpear a Biden durante los próximos seis meses.

Tomado de The Hill. Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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