China, Trump y COVID-19: ¿Cuál es la historia real?

MIAMI. Ahora que la pandemia de Covid-19 es brutalmente real y no solamente una gripe, como lo describió el presidente Trump a mediados de marzo, y Estados Unidos presenta la mayor cantidad de muertes en el mundo —cerca de 60 000 al momento en que escribo–, más y más personas se cuestionan la respuesta de la administración Trump. Numerosas encuestas indican que solo alrededor del 35 por ciento de la población de Estados Unidos cree que dice la verdad en sus interminables informes diarios, o que ha manejado la crisis de manera efectiva.

A medida que aumentaban las críticas, el presidente Trump y el Partido Republicano decidieron culpar a China, por lo que vale la pena examinar las reacciones a la pandemia, tanto por parte de China como por parte de Estados Unidos.

El presidente Trump comenzó muy temprano a culpar implícitamente a China por la pandemia, cuando insistió en llamarlo el virus “chino” o “virus de Hunan”; pero lo abandonó esta estrategia, según informes, después de una llamada telefónica con el presidente chino Xi Jinping. Sin embargo, hace aproximadamente cuatro o cinco semanas, comenzó a acusar de manera estridente a China de responsabilidad directa por la propagación mundial del virus, supuestamente porque retuvo información cuando el virus aún podría haber sido controlado dentro de sus fronteras.

Al mismo tiempo, Trump acusó a la Organización Mundial de la Salud (OMS, un organismo de las Naciones Unidas) de ayudar a encubrir las presuntas fechorías de China, y anunció que retendría su contribución a dicha organización, la cual representa aproximadamente el 15 por ciento de su presupuesto. Esta acción se tomó justamente cuando el virus comenzó a aparecer en América Latina, África y partes de Asia, áreas en las que se proyecta que podrían morir millones. La OMS es sin duda el organismo existente más importante para ayudar a los países en desarrollo y pobres a combatir la pandemia, y la protesta internacional por esta decisión ha sido enorme.

Inicialmente, las acusaciones se referían a la retención de información. Luego escalaron a las acusaciones de que el virus había escapado de un laboratorio chino de investigación de virología en Hunan. Sin embargo, nadie de ese laboratorio se ha encontrado infectado con el virus. Se encuentra a unas 9 millas del mercado “vivos” de carne y pescado en Wuhan, considerada la probable fuente original del virus –demasiado lejos para una transmisión aérea creíble–, y también es el principal laboratorio de seguridad biológica de China, que alberga a los científicos que calculó el mapa genético del virus y lo puso a disposición de todo el mundo el 9 de enero. Prácticamente el mundo entero se horrorizó por la decisión acerca de la OMS, y gran parte de la comunidad científica ha aceptado el origen del virus que las autoridades sanitarias chinas han reportado.

Es justo, entonces, preguntarse si las acciones chinas tuvieron algo que ver con la respuesta fallida de Trump: ¿Hizo algo mal el gobierno chino? Y, de ser así, ¿qué?, ¿cuándo?, ¿qué impacto tuvo? Como ya se sabe, las autoridades chinas de hecho no respondieron adecuadamente en las primeras etapas de la pandemia, pero no lo suficiente mal como para hacer que la respuesta de Estados Unidos fracasara tan catastróficamente como lo ha hecho.

El siguiente resumen remite a la información reportada por The New York Times, el servicio de noticias AXIOS, The Washington Post y otros medios.

Los primeros casos de una rara y grave enfermedad pulmonar se informaron dentro de China a mediados y finales de diciembre de 2019, pero sus científicos aún no entendían mucho al respecto, ni encontraron evidencia de que el virus podría transmitirse de persona a persona. La primera muerte en China fue reportada a la OMS como una “enfermedad respiratoria desconocida”.

Durante un breve período en enero, las autoridades chinas no proporcionaron información importante; en particular, informaron el 14 de enero a la OMS que “no había evidencia clara de transmisión de persona a persona” del virus, y que no había nuevos casos, lo cual no era cierto. ¿Por qué la aparente falla en transmitir información a la OMS y al mundo en esas dos semanas, si es que realmente los chinos fallaron? Uno solo puede suponer, pero no sería sorprendente si estuviera en juego una cultura de “secretismo” y no enviar malas noticias a niveles más altos en el sistema político de China, junto con la respuesta típica de cualquier gobierno para evitar el pánico. Una cultura de “secretismo”. Inaceptable, pero tampoco inusual.

Otro incidente muy trágico que refleja la cultura del “secretismo” fue el caso del doctor Li Wenliang, un médico que trató a algunos de los primeros pacientes de la Covid-19 y luego murió de la enfermedad. Trató de alertar a sus colegas médicos pero, según los informes, fue reprendido y silenciado por el personal de seguridad de Wuhan, junto con otros médicos que dieron la alarma. Aunque casi con certeza fue una acción local, es probable que refleje la cultura de controlar la  “mala” información en China. La trágica ironía de este caso es que solo unos días después el gobierno nacional reconoció el coraje del doctor Li, se disculpó con la familia y el país, reprendió severamente a los funcionarios que lo hicieron y lo nombró como un héroe en la lucha contra la pandemia. Al menos reconocieron su error, que es más de lo que Trump ha hecho.

En este período de tiempo, los propios chinos no parecían muy preocupados por el virus. Celebraron varias reuniones de altos funcionarios del partido comunista en Hunan, que incluyeron grandes eventos públicos como el Banquete del Año Nuevo Lunar el 18 de enero. Eso cambió dramáticamente el 23 de enero, cuando Hunan y otras tres ciudades fueron bloqueadas.

Pero, ¿qué sabía la administración de Estados Unidos durante este tiempo y qué hizo al respecto?

El 21 de abril, The Washington Post informó que en el mes de enero “funcionarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de la administración Trump se encontraban entre los que conferenciaban regularmente en Beijing con funcionarios de la OMS. Desde aquellos con sede en China hasta … el Director”, y que el personal de Estados Unidos integrado en la OMS (más de una docena) trabajaba a tiempo completo en la sede de la OMS en Ginebra mientras el virus se propagaba, y “transmitía información en tiempo real a la administración Trump”. El Post también informó que “el jefe de la oficina de los CDC en Beijing tuvo al menos ocho reuniones con la OMS en enero”, y que el secretario Azar del HHS también se reunió con el ministro de Salud de China ese mes. Por lo tanto, es falso afirmar que Estados Unidos no estaba bien informado acerca de la epidemia que estalló en Hunan, independientemente de lo que los chinos hicieron o no.

A mediados de enero, las agencias de inteligencia estadounidenses comunicaron del peligro hasta al jefe del Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, un cargo que responde directamente al presidente. Además, una red generalizada de expertos en enfermedades infecciosas y vacunas en Estados Unidos ya estaba comunicando en enero el peligro del virus a los jefes de todas las principales agencias de salud pública del país: HHS, CDC y NIH.

Peter Navarro, asistente del presidente y director de Política de Comercio y Manufactura, envió el 29 de enero al presidente un memorando en el que se advertía acerca de los efectos catastróficos para la salud y la economía de la pandemia que se incubaba; y el secretario del HHS, Azar, transmitió el 30 de enero por teléfono al presidente las advertencias, supuestamente por segunda vez. Trump no tomó ninguna medida.

El 22 de enero se informó del primer caso de Covid-19 en Estados Unidos, (aunque ahora sabemos que el primero probablemente fue anterior), pero Trump le dijo a la nación que “creemos que va a tener un final muy bueno para nosotros”. Trump no tomó ninguna medida.

El 30 de enero, la OMS declaró una Emergencia Global Mundial. Luego, el 11 de marzo, una Pandemia Global, ya que el virus se había reportado en más de 100 países. Ambos anuncios proporcionaron advertencias claras y serias a todos los gobiernos acerca de la gravedad del virus. Sin embargo, a mediados de marzo, el presidente Trump describió a la Covid-19 como poco más que una gripe y no tomó ninguna medida, excepto cerrar la entrada a muchos viajeros de China, y otra para Europa, cuando la Covid-19 ya devastaba el norte de Italia. Pero ya se había destapado la olla. Irónicamente, muchos expertos consideran que casi con certeza el virus en la costa este provino de Europa, no directamente de China.

A fines de enero y ciertamente en marzo, el virus había atacado a China con toda su fuerza. Los chinos habían abandonado su silencio y estaban comunicando información transparente a la OMS y al mundo acerca de la pandemia. Habían aprendido claramente su lección y también estaban implementando bloqueos en varias ciudades importantes, ampliamente divulgados y calificados de “draconianos” (el mundo pronto duplicaría gran parte de los mismos cierres “draconianos”), así como muchas otras medidas para combatir el virus. Sin embargo, el mundo observó cómo los hospitales chinos comenzaron a desbordarse de personas desesperadamente enfermas. Aun así, el 23 de febrero Trump informó a la nación que “tenemos todo bajo control en este país”, y la administración no tomó más medidas.

A lo largo de estas críticas seis u ocho semanas, al menos desde mediados de enero hasta mediados de marzo y más allá, se informó a científicos y funcionarios estadounidenses de alto rango en China, Ginebra y las agencias relevantes en Estados Unidos acerca de la pandemia, que tal vez había comenzado tan temprano como a mediados de diciembre, y comunicaron estas advertencias repetidamente a la Casa Blanca y al propio presidente Trump.

En vista de toda esa información, y mucho después de que los chinos se hubieran equivocado durante una o dos semanas, la única acción que tomó la administración Trump fue limitar los viajes desde China y Europa, cuando el virus ya se estaba propagando en Estados Unidos. El señor Trump minimizó la pandemia una y otra vez, desde llamarla igual que la gripe hasta afirmar que lo teníamos todo bajo control. Y el lenguaje realmente no hace justicia a cuánto no se hizo en ese momento, a medida que el Covid-19 se propagaba por todo el país. No se tomaron medidas para obtener y almacenar suministros de equipo de protección personal (EPP) para los trabajadores de la salud, o el equipo médico adecuado para tratar a los pacientes de Covid-19, o las camas de cuidados intensivos que serían necesarias para tratarlos.

Y la lista llega incluso hasta hoy, cuando hay trabajadores que aún no tienen los EPP que necesitan, y nos enfrentamos a lo que los expertos nos dicen que será una segunda oleada de la plaga de Covid-19 a finales de este año.

Nota: El doctor Manuel R. Gómez, se licenció de la Universidad de Harvard en Bioquímica. Tiene también una maestría en Salud Ambiental del Hunter College y un doctorado en Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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