Lista completa de los intentos de Trump por minimizar el coronavirus

El presidente Trump hizo sus primeros comentarios públicos acerca del coronavirus el 22 de enero, en una entrevista televisiva desde Davos con Joe Kernen de CNBC. El primer caso estadounidense se había anunciado el día anterior, y Kernen le preguntó a Trump: “¿Hay preocupaciones acerca de una pandemia en este momento?”

El presidente respondió: “No. De ningún modo. Y lo tenemos totalmente bajo control. Es una persona que llegó de China, y lo tenemos bajo control. Todo va a estar bien”.

A esas alturas, la gravedad del virus se estaba volviendo más clara. Se había extendido desde China a otros cuatro países. China comenzaba a tomar medidas drásticas y estaba a punto de cerrar la ciudad de Wuhan.

En las semanas que siguieron, Trump se enfrentó a una serie de opciones. Podría haber tomado medidas agresivas para frenar la propagación del virus. Podría haber insistido en que Estados Unidos intensificara sus esfuerzos para producir kits de prueba. Podría haber hecho énfasis en los riesgos que presentaba el virus e instar a los estadounidenses a tomar precauciones si tenían razones para creer que estaban enfermos. Podría haber usado los poderes de la presidencia para reducir el número de personas que finalmente se enfermarían.

No hizo nada de eso.

He revisado todas sus declaraciones públicas y sus acciones acerca del coronavirus en los últimos dos meses, y estas muestran a un presidente que casi no dio prioridad a la salud pública. Las prioridades de Trump eran diferentes: hacer que el virus pareciera una molestia menor. Exagerar la respuesta que había dado su administración. Culpar a los extranjeros y, anacrónicamente, al gobierno de Obama. Afirmar incorrectamente que la situación estaba mejorando. Tratar de animar a los inversores del mercado de valores. (Era lógico que sus primeros comentarios públicos fueran desde Davos y por CNBC).

Ahora que la gravedad del virus es innegable, Trump ya está tratando de presentar una historia alternativa de los últimos dos meses. A continuación se presentan los hechos: un cronograma de lo que dijo el presidente, junto con declaraciones de expertos en salud pública, así como datos sobre el virus.

Finales de enero

El mismo día en que Trump descartaba los riesgos en CNBC, Tom Frieden, quien dirigió los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades durante ocho años, escribió un artículo de opinión para la publicación de atención médica Stat. En el artículo, Frieden advirtió que el virus continuaría propagándose. “Necesitamos aprender, y rápido, acerca de cómo se propaga”, escribió.

Fue una de las muchas advertencias a fines de enero por parte de expertos destacados. Muchos se centraron en la necesidad de expandir la capacidad para detectar el virus. En un artículo del Wall Street Journal titulado “Actuar Ahora para Prevenir una Epidemia Estadounidense”, Luciana Borio y Scott Gottlieb, ambos exfuncionarios de la administración Trump, escribieron:

“Si las autoridades de salud pública no interrumpen pronto la propagación, el virus podría infectar a muchos miles más en todo el mundo, afectar los viajes aéreos, abrumar los sistemas de atención médica y, lo peor de todo, cobrar más vidas. La buena noticia: todavía hay una oportunidad para evitar un resultado sombrío… Pero las autoridades no pueden actuar rápidamente sin un kit de prueba que pueda diagnosticar rápidamente la afección.

Sin embargo, Trump dijo repetidamente a los estadounidenses que no había razón para preocuparse. El 24 de enero, tuiteó: “Todo saldrá bien”. El 28 de enero, retuiteó un titular de One America News, un medio con un historial de difusión de falsas teorías de conspiración: “Johnson & Johnson creará la vacuna contra el coronavirus”. El 30 de enero, durante un discurso en Michigan, dijo: “Lo tenemos todo bajo control. Tenemos muy pocos problemas en este país en este momento: cinco. Y todas esas personas se están recuperando exitosamente”.

Ese mismo día, la Organización Mundial de la Salud declaró que el coronavirus era una “emergencia de salud pública de interés internacional”. Anunció 7 818 casos confirmados en todo el mundo.

31 de enero

Trump tomó su única acción temprana y agresiva contra el virus el 31 de enero: prohibió a la mayoría de los extranjeros que recientemente habían visitado China ingresar a los Estados Unidos. Fue una buena medida.

Pero fue solo una medida modesta, no la solución radical que Trump describió. No se aplicaba a los estadounidenses que habían viajado a China, por ejemplo. Y si bien generó algunas críticas de los demócratas, no fue tan impopular como Trump sugirió desde entonces. Dos días después de anunciar la política, Trump fue a Fox News y exageró el impacto en una entrevista con Sean Hannity.
“El coronavirus”, dijo Hannity. “¿Cuán preocupado está?”

Trump respondió: “Bueno, prácticamente impedimos que viniera de China. Tenemos una relación tremenda con China, lo cual es algo muy positivo. Llevarse bien con China, llevarse bien con Rusia, llevarse bien con esos países”.

En el momento de la entrevista, el número de casos confirmados de coronavirus en todo el mundo había aumentado a 14 557, casi el doble de lo que había tres días antes.

Principios de febrero

El 5 de febrero, el C.D.C. comenzó a enviar kits de prueba de coronavirus a laboratorios de todo el país. Pero los laboratorios hallaron que los kits tenían una falla técnica y no produjeron resultados confiables.

Los problemas técnicos eran comprensibles: crear una nueva prueba para el virus no es fácil. Lo que es menos comprensible, dicen los expertos, es por qué los funcionarios de la administración Trump fueron tan laxos con respecto a encontrar una solución, incluso cuando otros países estaban creando pruebas confiables.

La administración Trump podría haber comenzado a usar una prueba funcional de la Organización Mundial de la Salud, pero no lo hizo. Podría haber eliminado las regulaciones que impedían que los hospitales y laboratorios privados desarrollaran rápidamente sus propias pruebas, pero no lo hizo. La inacción significó que Estados Unidos se retrasó con relación a Corea del Sur, Singapur y China en la lucha contra el virus. “Simplemente nos cruzamos de brazos mientras el coronavirus entraba”, escribió William Hanage, epidemiólogo de Harvard.

Trump, por su parte, pasó esas primeras semanas de febrero diciendo a los estadounidenses que el problema iba a desaparecer. El 10 de febrero, dijo en repetidas ocasiones, en un discurso ante los gobernadores, en un mitin de campaña y en una entrevista con Trish Regan de Fox Business, que el cálido clima de primavera podría matar el virus. “Parece que en abril, ya sabes, en teoría, cuando empieza a haber un poco de calor, desaparece milagrosamente”, dijo en el mitin.

El 19 de febrero, declaró a una estación de televisión de Phoenix: “Creo que los números mejorarán progresivamente con el tiempo”. Cuatro días después, pronunció que la situación estaba “muy bajo control” y agregó: “Teníamos 12, en un momento dado. Y ahora han mejorado mucho. Muchos de ellos están completamente recuperados”.

Su mensaje fue claro: el coronavirus es un pequeño problema y está disminuyendo más aún. En verdad, la escasez de kits de prueba significaba que el país no sabía cuán grave era el problema. Todos los indicadores disponibles sugirieron que empeoraba rápidamente.

El 23 de febrero, la Organización Mundial de la Salud anunció que el virus estaba en 30 países, con 78 811 casos confirmados, un aumento de más de cinco veces en las últimas tres semanas.

Finales de febrero

Trump parecía estar muy poco interesado en las estadísticas mundiales del virus durante este período, pero había otros indicadores (índices bursátiles) que le importaban mucho. Y en la última semana de febrero, esos índices de mercado estaban cayendo.

El presidente reaccionó agregando un nuevo elemento a sus comentarios públicos. Comenzó a culpar a otros.

Criticó a CNN y MSNBC por “crear pánico en los mercados”. Dijo –falsamente– en un mitin en Carolina del Sur que “la política demócrata de fronteras abiertas” había traído el virus al país. Arremetió contra los “camaradas demócratas que no hacen nada”. Tuiteó acerca de “el Llorón de Chuck Schumer”, burlándose de Schumer por argumentar este que Trump debería ser más agresivo en la lucha contra el virus. A la semana siguiente, Trump culparía a una regulación de la administración de Obama por desacelerar la producción de kits de prueba. La acusación era falsa.

A finales de febrero, Trump también continuó afirmando que la situación estaba mejorando. El 26 de febrero, dijo: “Estamos disminuyendo, no aumentando. Estamos disminuyendo sustancialmente, no aumentando”. El 27 de febrero, pronosticó: “Va a desaparecer. Un día, como un milagro, desaparecerá”.

El 29 de febrero, dijo que una vacuna estaría disponible “muy rápidamente” y “muy ágilmente” y elogió las acciones de su administración como “las más agresivas tomadas por cualquier país”. Ninguna de estas afirmaciones era cierta.

A finales de febrero, había 85 403 casos confirmados en 55 países.

Principios de marzo

Hace casi dos décadas, durante la presidencia de George W. Bush, el gobierno federal desarrolló pautas de comunicación durante una crisis de salud pública. Entre los principios básicos están “ser el primero”, “tener razón”, “ser creíble”, “mostrar respeto” y “promover medidas”.

Pero la respuesta de la administración Trump al coronavirus, como dice una noticia del Washington Post, es “violar casi todas las reglas”.

La información inconsistente y a veces francamente incorrecta proveniente de la Casa Blanca ha dejado a los estadounidenses inseguros de qué hacer, si es que hay algo que hacer. A principios de marzo, los expertos ya estaban pidiendo medidas agresivas para frenar la propagación del virus y evitar arrasar con el sistema médico. La presidencia podría haber hecho que las personas se enfocaran en la necesidad de cambiar su comportamiento en una forma en que ningún ciudadano hubiera podido hacer. Trump podría haber alentado específicamente a las personas de más edad, con el mayor riesgo de contaminarse, a ser cuidadosas. Una vez más, eligió no tomar medidas.

En cambio, sugirió en múltiples ocasiones que el virus era menos grave que la gripe. “Estamos hablando de un número mucho más pequeño” de muertes que por la gripe, dijo el 2 de marzo. “Es muy leve”, le dijo a Hannity el 4 de marzo. El 7 de marzo, dijo: “No estoy preocupado en absoluto”. El 10 de marzo, prometió: “Pasará. Solo estén en calma. Pasará”.

La primera parte de marzo también fue cuando más personas comenzaron a comprender que Estados Unidos se había retrasado en las pruebas, y los funcionarios de la administración Trump respondieron con falsedades.

Alex Azar, secretario de Salud y Servicios Humanos, dijo a ABC: “No hay escasez de kits de prueba, ni ha habido nunca”. Trump, mientras recorría el C.D.C. el 6 de marzo, dijo: “Cualquiera que quiera una prueba puede hacerse una prueba”.

Aquella visita al C.D.C. fue un microcosmos de todo el enfoque de Trump a la crisis. Mientras hablaba ante la cámara, hizo declaraciones que estaban completamente equivocadas, como la afirmación acerca de los kits de prueba. Planteó problemas que no tenían nada que ver con el virus, como su juicio de impeachment. Dejó en claro que le importaba más su imagen que el bienestar de las personas, al explicar que prefería dejar pasajeros infectados en un crucero para que no aumentara el número oficial de casos estadounidenses. También sugirió que sabía tanto como cualquier científico:

“Me gustan estas cosas Realmente lo entiendo. La gente se sorprende de que lo entienda. Todos estos médicos dijeron: ‘¿Cómo sabe tanto acerca de esto?’ Tal vez tenga una habilidad natural. Tal vez debería haber hecho eso en lugar de postularme para presidente”.

El 10 de marzo, la Organización Mundial de la Salud reportó 113 702 casos del virus en más de 100 países.

Mediados de marzo y más allá

En la noche del 11 de marzo, Trump pronunció un discurso desde la Oficina Oval con la intención de transmitir seriedad. Incluyó algunos consejos valiosos, como la importancia del lavado de manos. Pero también continuó con muchos de los viejos patrones de autogratificación, culpar a otros y desinformar. Posteriormente, los ayudantes de Trump corrigieron tres diferentes declaraciones erróneas.

Este patrón ha continuado en los días transcurridos desde el discurso de la Oficina Oval. Trump ahora parece entender que el coronavirus no desaparecerá pronto. Pero también parece verlo principalmente como una emergencia de relaciones públicas para sí mismo, en vez de una emergencia de salud pública para el país. El domingo, usó Twitter para arremeter contra Schumer y Joe Biden y para alabar a Michael Flynn, el exasesor de Trump que se declaró culpable de mentirle al F.B.I.

En todo el mundo, el recuento oficial del virus ha superado los 142 000 casos. En los Estados Unidos, los científicos esperan que, a la larga, entre decenas de millones y 215 millones de estadounidenses se infecten, y el número de muertos podría estar entre decenas de miles y 1,7 millones.

En todo momento, los expertos han hecho énfasis en que el país podría reducir esos terribles números si se toman medidas. Y en casi todo momento, el presidente ha ignorado sus consejos e insistió: “Todo va a estar bien”.

(Tomado de The New York Times)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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