Ningún juicio es mejor que un simulacro de juicio

MIAMI. ¿Cuándo debe transmitir al Senado la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, los artículos de juicio político contra el presidente Donald Trump?

Nunca.

Es cierto que es una estrategia audaz y arriesgada y, que yo sepa, nadie la ha propuesto hasta ahora. También dudo que la presidenta Pelosi insista en ella. Pero debería hacerlo.

Una de las debilidades de los demócratas para resistir a los rastreros republicanos de hoy es su decencia. Barack Obama no pudo comprender la perversidad de las personas que lucharon a brazo partido para negar la atención médica a millones de estadounidenses, ni tampoco comprendió a estados dominados por republicanos que rechazaron dinero gratuito para expandir Medicaid. No estaba preparado para contrarrestar la ferocidad de la oposición republicana a Obamacare, pero el programa sobrevivió porque, en este caso, el apoyo popular superó a la perversidad republicana.

Nancy Pelosi ha estado por más tiempo en la política y no tiene ilusiones, solo esperanzas, acerca del bipartidismo. Ella ha visto cómo los republicanos se transformaron de un partido político conservador común y corriente, que básicamente trabajaba dentro de las normas legislativas, a ser una manada de pit bulls involucrados en una pelea de perros carente de reglas. Cada vez que Trump la ha atacado, ella lo obliga a retirarse con el rabo entre las patas.

Toda la cruzada innoble que los republicanos han llevado a cabo durante años tiene como objetivo destruir el entramado de la decencia forjado por generaciones de legisladores de ambos partidos, incluida la protección del medio ambiente, la seguridad de los ingresos, el acceso a la atención médica, una política no racial de inmigración, acceso equitativo al voto y mucho más.

Pero no estoy seguro de que incluso Pelosi, más cómoda con la confrontación que Obama, esté capacitada, debido a su personalidad y sus escrúpulos éticos, para responder a cada acción maquiavélica de los republicanos. Eso sería necesario para ganar la guerra acerca del discurso del juicio político si Pelosi se niega a permitir que juzgue el caso un jurado de este Senado, irremediablemente parcializado.

Si Pelosi elige esa estrategia, debe acompañarla de una explicación clara y simple. Ningún juez permitiría la participación en un jurado, ni siquiera en un caso de violación del tránsito, a personas confesamente parcializadas. ¿Por qué permitir que un jurado rabiosamente partidista que es incapaz de reconocer lo mal hecho participe en uno de los juicios más importantes de la historia de Estados Unidos? Ningún juicio es mejor que un simulacro de juicio realizado por un tribunal arbitrario. Esto último es lo que los líderes republicanos del Senado han dicho públicamente que planean hacer.

Políticamente, es imprescindible que los demócratas anticipen y prevengan agresivamente el esperado ataque del Partido Republicano de que los demócratas no van a presentar los artículos porque no tienen pruebas de culpabilidad. Esto requeriría que los demócratas hicieran algo repulsivo para un partido compuesto principalmente por personas decentes con juicio moral independiente y un sentido de justicia, en lugar de fanáticos ideológicos que se alinean detrás del Líder y justifican cada uno de sus crímenes y cada crueldad.

Si es necesario, habría que hacer una campaña para deslegitimar a los republicanos, como partido y como individuos, para demonizarlos y vilipendiarlos. No porque el fin justifique los medios, sino porque se lo merecen. Ellos demonizan a los demás a causa del lugar donde nacieron o por su raza o religión. Imponen a la gente los terrores del infierno: niños separados de sus padres, sin idea y confundidos acerca de por qué o dónde han ido sus padres y preguntándose si volverán a verlos alguna vez. La crueldad capaz de infligir traumas psicológicos de por vida merece un castigo peor que solo unas palabras duras.

No más charlas tontas acerca del bipartidismo, decencia, juntarse, unidad y todo eso. Necesitamos unidad entre todos los antirracistas, opositores de la plutocracia, odiadores de la crueldad y no del extraño, creyentes en la justicia y la democracia. Necesitamos unidad no por el bien de la unidad o kumbaya, sino para vencerlos y, si es posible, aplastarlos políticamente.

También dejaremos de tratar al Partido Republicano como un partido legítimo. En la actualidad, el Partido Republicano no es un partido conservador ni siquiera un partido de derecha. Es un partido reaccionario, la etapa larval de un partido fascista.

¿Es de extrañar que el antisemitismo esté en aumento, incluida la violencia antisemita y las ideas antisemitas como las locas teorías de conspiración que culpan a George Soros por las caravanas de inmigrantes centroamericanos? ¿Y quién es el racista y antisemita más virulento del Congreso? El republicano de Iowa Steve King, quien se asoció con neonazis en un viaje a Austria y tiene un largo historial de hacer declaraciones racistas.

Cuando le preguntaron al presidente Trump acerca de una de las diatribas racistas de King, no hizo comentarios. Quizás, al igual que a raíz de la violencia asesina neonazi del KKK en Charlottesville, pensó que habría buenas personas entre los neonazis austriacos.

Hasta hace poco, el Partido Republicano respondió a los ultrajes de Steve King con simples regaños. Finalmente, la gota rebosó la copa y el Partido Republicano recientemente expulsó a King de los comités a los que había sido asignado. Esto fue después de que King dijera que si los neonazis austriacos que conocía vivieran en los Estados Unidos, serían republicanos. El partido republicano castigó muy poco a King, demasiado tarde y por la razón equivocada: decir la verdad al menos una vez.

El argumento de que Trump y sus secuaces republicanos son aprendices fascistas se ve reforzado por su último escándalo, la amnistía que concedió el presidente al suboficial Eddie Gallagher, de las Fuerzas Especiales de la Marina (SEAL) *, un criminal de guerra denunciado por miembros de su propia unidad, los cuales valientemente rompieron el código de silencio al hacer declaraciones a The New York Times:

“El tipo es un loco malvado”, dijo el operador especial Craig Miller a los investigadores. “El tipo era tóxico”, dijo el operador especial de primera clase Joshua Vriens, un francotirador, en una entrevista por separado. “Se veía que no le importaba en lo absoluto matar a cualquier cosa que se moviera”, dijo a los investigadores el operador especial de primera clase Corey Scott, un sanitario del pelotón.

Los regímenes fascistas presentan a sus psicópatas asesinos como modelo de guerreros. También lo hacen Trump y sus portavoces. Incluso entre los combatientes de élite de la SEAL de la Marina que Gallagher comandaba una conciencia moral puede sobrevivir a la barbarie y la niebla de la guerra. El mal se puede ver por lo que es, como Craig Miller, Joshua Vriens y Corey Scott acaban de demostrar, para su crédito y el de la nación.

(*) SEAL, acrónimo en inglés de las palabras SEa-Air-Land (Mar, Aire, Tierra). (Nota del Traductor.)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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