Donald Trump no tiene defensa. Pero es dueño de un partido

MIAMI. La defensa republicana de Donald Trump es mucho más débil que la presentada por Johnny Cochran y su estelar equipo legal para O.J. Simpson en su juicio hace veinticinco años. La evidencia contra Simpson (ADN, cabello y mucho más) era fuerte y convincente. La evidencia contra Donald Trump es masiva, abrumadora, irrefutable. Y, al menos, Cochran tenía un conejo para sacar del sombrero, cual mago. El famoso guante que no le quedaba bien a Simpson. “Si no le encaja, tienen que absolverlo”, repitió muchas veces Cochran. No es probable que los republicanos encuentren un dato engañoso tan perfecto como para arrojar la absolutoria duda razonable.

De lo contrario, hay muchas similitudes, comenzando por el hecho de que ambos acusados pensaron que podrían cometer el crimen perfecto sin ser condenados. Uno, Simpson, lo logró, a pesar de las fuertes evidencias de su culpa. El otro, Trump, con pruebas aún más condenatorias en su contra, pero con un partido político completo detrás, podría lograrlo también.

Los republicanos en el Congreso saben que Trump cometió crímenes y delitos que le merecen ser expulsado de su cargo bajo la Constitución. Pero eso es pecado menor con tal de mantener el poder de regalarle enormes sumas de dinero a los más ricos a través de enormes recortes de impuestos a costillas de los ciudadanos menos pudientes. Poca cosa es, para los Republicanos en el Congreso, permitir el abuso de poder con tal de asignar colosales presupuestos al sector militar-industrial. Nada importante trapear el piso con la Constitución con tal de seguir exprimiendo hasta el último centavo de los programas sociales para los pobres. Importante es tener un líder con una tribuna gigantesca, y dispuesto a usarla, para decir lo que los Republicanos siempre quisieron decir sin atreverse:  “Váyanse a su casa todos los que no tengan la virtud de ser blancos y haber nacido en Estados Unidos”.

Discutir los argumentos que los republicanos usan para defender a Trump es una pérdida de tiempo, como un astrónomo debatir a un astrólogo. Digamos que los Republicanos no tienen credibilidad alguna al tratar de negar montañas de evidencia de que el presidente Donald Trump le hizo al presidente de Ucrania una “oferta que no podrás rechazar”, al estilo del Padrino y de la mafia: Nuestros misiles para defender a tu país contra Rusia, a cambio de que me entregues trapos sucios sobre mi opositor político y su hijo.

La verdad es que los republicanos harán cualquier cosa para ser reelectos, más de lo que Mónica Lewinsky nunca estuvo dispuesta a hacer para anotarse al presidente Clinton. Y, para que los candidatos republicanos puedan ser reelectos, requieren el visto bueno del Capo Trump.

La gran ironía es que estos tipos, que constantemente denuncian a “Washington”, están tan desesperados por que los votantes los regresen a la capital antes que tener que regresar al “país real” donde viven la gente común y corriente que tanto celebran de palabra.

Parecen estar diciendo, ¿quién diablos quiere vivir en Alabama (Jeff Sessions), Texas (Ted Cruz) o Carolina del Sur (Lindsey Graham), cuando puedes vivir en un lugar deliciosamente decadente como Washington, DC? Esos tres muchachos desean tanto volver, que han sido pisoteados verbalmente por el presidente y todavía vienen arrastrándose y rogándole a Trump por su apoyo.

¿Ha habido alguna vez una clase política que haya regalado tanta dignidad por tan poco? Se lame las botas de un Hitler o un Stalin o un Trujillo para no morir. Y, aún en esos gobiernos, hubo personas con el coraje de disentir y, en muchos casos, morir. Más tarde, al disminuir la represión, muchos más disintieron en Europa del Este, y a un precio elevado. Eso se llama coraje y dignidad.

¿Los republicanos en el Congreso? Perfiles de cobardía que padecen un grave trastorno de déficit de dignidad.

Y, para cerrar, hay otra similitud aquí con el juicio a O.J. Simpson. Los senadores republicanos que juzgarán a Trump, en efecto el jurado, planean hacer lo mismo que el jurado en el caso Simpson. Se llama anulación por el jurado. Con tal anulación, el jurado dice, maldita sea la evidencia, este tipo es uno de los nuestros, lo amamos y los odiamos a ustedes, los acusadores. Ni sueñen que lo vamos a condenar.

El jurado de Simpson, que estaba formado en su mayoría por mujeres negras, al menos tenía la memoria histórica y la experiencia de ver a demasiados hombres negros inocentes condenados a prisión. Los republicanos que conformarán la mayoría del jurado del Senado no han sufrido la opresión y la injusticia. Son un grupo de chicos blancos como el lirio que siempre han estado en la cima. Saben que Donald Trump en la Casa Blanca es su mejor oportunidad de quedarse allí, y no hay desvergüenza que no cometerían para mantener a Trump en la presidencia.

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