Pensar como país y liberar las fuerzas productivas

El profesor y doctor en ciencias Antonio Romero Gómez es decano de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana; también preside la Cátedra del Caribe de la Universidad de La Habana. Por su lucidez, compartimos a continuación sus comentarios como panelista en el programa Mesa Redonda, transmitido en televisión nacional el pasado viernes 13 de septiembre, sobre la importancia de “pensar como país”.

Coincido plenamente, digamos, con la esencia de las dos formulaciones [aportadas por el resto de los participantes] del concepto de pensar como país en distintas dimensiones. Lamentablemente mi gremio es la economía, y yo diría que pensar como país desde la perspectiva económica es entender que cada uno, todos los ciudadanos y todos los sujetos económicos —que son múltiples, variados, con intereses legítimos— tienen que ser parte de la construcción de esa economía próspera sostenible.

Eso lleva de la mano, indudablemente, distintos elementos. El primero de ellos, en el campo de la economía, es que pensar como país implica decir qué yo puedo proponer, a partir de las dificultades cotidianas que enfrento como ciudadano, como consumidor, como empresario, como académico… qué se puede hacer para avanzar en términos de destrabar, como dijo el Presidente, todo lo que traba la creatividad, la productividad, la competitividad de la economía cubana como economía de país.

En ese sentido pienso que hay un reto importante. La propuesta puede ser múltiple, lo importante es que no queden propuestas por darse. Lo segundo es que los formuladores de políticas, creo que esa es la segunda parte, y que es muy importante decirlo, que los formuladores de políticas sean conscientes de que todo el mundo, cuando hace una propuesta, está pensando indudablemente no solo ni mucho menos en el bien individual, sino en el bien colectivo.

Eso tiene mucho que ver con el modelo de sociedad que es particular de Cuba, que es alternativo. Si es un modelo alternativo tiene que ser un modelo que sea distinto al modelo de desarrollo prevaleciente en el mundo entero. Creo que en términos económicos lo que distingue eso es esto: participación de todos, equidad y solidaridad.

Entonces, creo que en el campo de la economía pensar como país implica que todos tenemos algo que aportar, todos tenemos derechos y deberes como ciudadanos y como sujetos económicos.

Evidentemente todos tenemos que hacerlo en el contexto de un consenso social existente, en el sentido de que nuestro modelo de desarrollo tiene que ser diferente. Y para que sea diferente, necesariamente tiene que ser con la participación activa de todos los ciudadanos y de todos los sujetos económicos. También un modelo que tenga como guía el hecho de que la equidad social, la inclusión, tiene que ser algo que distinga transversalmente el conjunto de medidas y de instituciones que median en la actividad económica.

(…)

Recuerdo… en alguna reunión, alguna actividad dónde estaba el Presidente [Díaz-Canel] (…) dijo: “a mí me interesa mucho que me expliquen, y avanzar en términos de comprensión, qué significa eso que es tradición dentro de la economía política, de la necesidad de liberar las fuerzas productivas”.

Eso tiene que ver, o yo lo ataba a la cuestión de pensar como país, porque como decían los colegas que nos acompañan, todos tenemos que participar, todos tenemos algo que aportar, todos tenemos que pensar en el bien común, en el bien de la nación.

Aunque evidentemente estamos en presencia de una sociedad muy heterogénea, quizás hoy incluso mucho más heterogénea que lo que fue hace 10 años atrás, con intereses que son legítimos y que pueden entrar en contradicción, la nación —y Cuba siempre lo ha demostrado— es capaz en todo momento histórico de encontrar, digamos, un consenso, y de demostrar que hay una cohesión social. Sin lugar a dudas que es lo que determina que estemos aquí hoy día.

Ahora, ¿por qué yo lo ataba con liberar el desarrollo de las fuerzas productivas? Porque pensar como país y que todos aporten, implica también que hay estar dispuestos a oír opiniones diversas. Eso es lo primero. Segundo: hay que lograr mecanismos económicos, y aquí tengo que introducir la economía, hay que lograr mecanismos económicos que propicien la realización individual de cada uno de los actores en función del bien común, en función de la nación; y por lo tanto eso implica desechar todo lo que constituya traba, estimular la creatividad, estimular, premiar la toma de riesgo, premiar la innovación.

Por ejemplo: nosotros en Cuba tenemos dificultades todavía en términos, por decirlo de alguna forma, institucionales, en términos de propiciar la innovación. La innovación siempre genera un grado importante de incertidumbre, pero nosotros tenemos que propiciarla. Tenemos que propiciar el hecho de que los agentes económicos, los ciudadanos, los académicos, los ingenieros asuman riesgos. Y que la sociedad les reconozca el hecho de que asumen el riesgo.

Entonces, liberar el desarrollo de las fuerzas productivas implica eliminar paulatinamente todo aquello que lastra la posibilidad de que se convierta en realidad, digamos, proyectos individuales o colectivos que apuntan al avance en términos económicos. El avance en términos económicos pasa necesariamente por avances en términos de productividad.

La productividad es un concepto clave que muchas veces se pierde de vista en los debates, que de manera reciente están teniendo lugar, por ejemplo, en el plano del manejo de la economía.

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En términos prácticos lo que estás planteando [Arleen Rodríguez, como moderadora, sobre la posibilidad del teletrabajo] es parte de lo que se tiene que hacer para liberar las fuerzas productivas.

Yo diría tres cosas aquí para empatarlo con lo que acabas de decir, antes de pasar a las pausas de las llamadas. El bloqueo, la hostilidad de Estados Unidos es algo que, diría yo, tenemos que asumirlo, porque en este país ya no es coyuntural. Eso es estructural. Hablando en términos teóricos es estructural, eso es de largo plazo. Llegó casi para quedarse.

(…)

Ese es un dato que incluso hoy día, con un contexto geopolítico y económico también internacional muy adverso, hay que reforzarlo en la lógica de que, más que nunca antes, se requiere destrabar todo lo que internamente conspira contra el desarrollo de las fuerzas productivas.

Ahora, lo distinto… Mira, la Facultad de Economía hizo una propuesta —y creo que fue reconocido por la prensa— a solicitud de la ministra de Trabajo y Seguridad Social hace como dos meses. Y tuvo que ver con qué hacer para optimizar la utilización de la fuerza de trabajo calificada.

Hay una serie de medidas que se tomaron por el Gobierno que partieron de un conjunto de propuestas que discutimos en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que fue además a instancia de una solicitud que hizo el Presidente. Ahí hay muchísimas propuestas que se discutieron, que están plasmadas, pero que sin embargo son difíciles de implementar.

Eran difíciles de implementar antes de la situación coyuntural que tenemos hoy día con el tema de combustible y de la energía. Cuando tú te pones a debatir en detalle por qué, es porque hay que cambiar concepciones.

El teletrabajo estaba allí. Estaba el hecho de que, por ejemplo, no sólo tenemos que acabar de romper con uno de los elementos fundamentales que hoy día está en la base, de un problema muy importante que tiene la economía cubana con la fuerza de trabajo calificada.

La fuerza de trabajo calificada, en cualquier país del mundo, es cara. Nosotros, porque la educación universitaria es gratuita, no consideramos que eso cuesta. Sin embargo, la utilización de la fuerza de trabajo calificada y la manera en la cual se solicita esa fuerza de trabajo calificada en Cuba responde a la lógica de hace 20 o 30 atrás. Entonces tenemos una situación difícil en términos de que, paradójicamente, cuesta formar fuerza de trabajo calificada en Cuba.

Además, hoy tenemos un perfil demográfico bastante complicado que también se suma a esta problemática. Entonces tú ves que mis graduados de economía, que hacen su servicio social, incluso en organismos muy importantes, cuando te los encuentras en la calle te dicen: “Profe, muy buen organismo, pero yo… A mí no me gusta lo que hago. Yo trabajo de verdad intensamente tres horas, cuatro horas, pero después no tengo mucho que hacer”.

Eso es un despilfarro de un recurso que es escaso, que cuesta y que además hoy día en Cuba, por múltiples factores, incluyendo también derechos ciudadanos conquistados recientemente, hay que tomar en cuenta. Hay que modificar radicalmente la percepción de para qué sirve un economista.

Un economista no es para que lleve la contabilidad de un almacén. Eso se resuelve a otro nivel. Ese un ejemplo que te estoy diciendo que responde a otro momento histórico. Termino con un ejemplo concreto que tiene que ver con esto de pensar como un país.

El Presidente dijo “yo quiero que me digan, con tan pocos recursos, cómo los pongo donde hay”. Yo creo que es el gran dilema. Ese es el gran dilema de la política.

Ahora nosotros lo que tenemos es que tratar, por todos los medios, de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado, en términos de modelo económico para que la problemática no sea siempre que los recursos cada día son menos.

Voy a poner un ejemplo: hoy día tenemos una gran lucha, una campaña, porque hay que incrementar las exportaciones. Incluso se dice reiteradamente que nosotros tenemos un problema de mentalidad importadora. El problema es mucho más complejo. Es un problema de estructura económica, de incentivo y de distorsiones económicas que tiene nuestro modelo.

La gente importa automáticamente porque tenemos un conjunto de instituciones, de normas, de regulaciones que penalizan las exportaciones y hacen muy baratas las importaciones. Ahí hay un problema de régimen cambiario. Ahí hay un problema además de la persecución financiera.

Entonces: ¡cómo es posible que tú penalices las exportaciones! Cómo es posible que estemos convocados a que todo el mundo haga el máximo esfuerzo por tratar de exportar y cuando una empresa, incluso una empresa estatal, tiene capacidad de exportar probada, por las normas establecidas no puede exportar libremente. No puede exportar, incluso como empresa estatal. Tiene entonces que tener una norma jurídica que la asocie a un conjunto de empresas que son las que tienen la licencia de exportación. Eso hay que dinamitarlo.

Esas son cosas en términos normativos que traban. Y tiene mucho que ver también con pensar como país.

(…)

Yo apuntaría además que no es homogénea la opinión de los economistas, hay distintas opiniones. Pero eso sí, hay ciertas líneas que tienen que ver con el hecho de que reconocemos que la economía es una ciencia. Pero además no es cualquier ciencia. Es una ciencia que tiene regularidades, que si las violas te pasan por arriba. Pero que es una ciencia social y que por lo tanto es una ciencia que tiene muchas responsabilidades desde el punto de vista social y político. Eso también es tema central en cualquier discusión entre los economistas cubanos.

(…)

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