Mientras tanto, a la pelota y cruzar dedos

LA HABANA. En la amplia gama de matices y creencias que caracterizan al cubano no se debe obviar el elemento supersticioso heredado de los antepasados españoles, africanos y hasta gringos con ese temor al número 13.

Me lo acaba de confirmar el instructivo y muy visto programa televiso La neurona intranquila. A una serie de preguntas o requerimientos a un joven panel sobre particularidades de la superstición, pocos erraron. Ello demuestra cultura y algo más.

Más allá de esas gotas de licor para el santo o los muertos cercanos, y que ya es puro folclor criollo, todavía los hay que reaccionan ante la sal derramada, un martes 13 o el veloz pase de un gato negro.

Para estos personajes, octubre es un mes negro en la historia de los últimos 60 años de Revolución. En ese fatídico mes desapareció en el mar uno, sino el que más, carismático comandante rebelde, Camilo Cienfuegos; nos visitó el huracán Flora, con más de 2,000 muertos en la zona oriental y en el que estuvo a punto de sucumbir el propio líder Fidel Castro encima de un anfibio en la zona de desastre; la llamada Crisis de los Misiles con la cercanía a un conflicto nuclear; la muerte del Che Guevara; el horripilante crimen de Barbados contra un avión civil de Cubana… solo por citar algunos.

Y este octubre, con esos vaivenes petroleros que nos han puesto en tensión a cada cubano y que ojalá puedan normalizarse en suministros, además de ese combate sin descanso contra mosquitos y caracoles gigantes africanos al parecer, aliados de míster Trump.

Muy fuerte la carga. Lo han dicho los psiquiatras más experimentados y aquellos que comienzan en ese intrincado y desconocido mundo de lo que sucede en nuestra cabeza, que cuando el problema no tiene solución lo mejor es hacer tierra con el y sacárnoslo del cuerpo como pulgas alojadas en un perro.

Entonces, también la pasión nacional en terapia. Diversión local; papelazos en el exterior. Estadio Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba, que estuvo colmado de personas como si se tratase de una final beisbolera. Y que conste, no asistieron por “invitación” ni convocatoria alguna en plan imagen, sino por voluntad propia.

En medio de tantas angustias, trabajo y preocupaciones, unos a la pelota o béisbol y otros a los culebrones del paquete o la tv. Haciendo tierra lo que no podamos solucionar y sudando la gota gorda en la solución de los problemas que amanecen y se acuestan con nosotros.

En los próximos días, otra sorpresa. Tendremos ya un primer ministro, un vicepresidente de la nación y, con toda seguridad, un nuevo presidente en el Parlamento. Otro octubre para recordar.

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