“Y sin embargo se mueve”

LA HABANA. Aquella frase del gran Galileo Galilei que, según cuentan los historiadores, pronunciara en voz baja ante sus inquisidores, ha tomado nuevas formas en la Cuba de hoy, asediada por el imperio como pocas veces en las actuales circunstancias: la nación se mueve, respira.

Desde la Casa Blanca, con la marcada intención de asfixiar; en la Isla, con el propósito de sortear el escollo sin someterse a condicionamiento alguno. Un fuerte pulso que desde este lado de las 90 millas está encabezado no solo por las autoridades, sino por cada ciudadano que lucha por su subsistencia y bienestar.

Hasta cuándo será, nadie lo puede predecir tras un análisis serio u onírico para que ninguna persona pierda la calma, se le recargue el cerebro y haga mortal debut de un infarto.

Palpable en cada rincón insular los efectos de la nueva arremetida básicamente con el tema combustible, con esas mega filas de hasta más de 50 autos a la espera de entrar en pista para llenar tanques y no tanquetas, que está prohibido.

Con realismo y en ocasiones con salpicaduras de surrealismo, como esa que con frecuencia se ve en la televisión o la prensa escrita, cuando intenta asimilar que con una yunta de bueyes será mayor la productividad que con un tractor, la población está recibiendo de primera mano la respuesta y gestión gubernamental ante los problemas y dificultades que se van presentando.

En las redes se aprecia un abanico de disímiles opiniones. De otra forma no puede ser. Al margen de las críticas, el choteo y las faltas de educación, han sido creadas por las personas varias secciones que mantienen puntualmente informados a los interesados dónde hay gasolina o petróleo, dónde sacaron salchichas y en qué lugar hay arroz brasileño, por ejemplo.

La gente en la calle no puede estar tan alegre ni bajo el sostenido impulso del quehacer y la propaganda por el 500 aniversario de esta capital. Más bien, está tensa, apoyada en ese verbo tan recurrente que no es otro que esperar. Lo mismo por los tanqueros de petróleo o buques con comida, que por los mejores tiempos cuando, al fin y al cabo, resulta ser lo mismo.

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