Trump y Bolsonaro, a la defensa del nacionalismo en la ONU

NUEVA YORK. Los primeros oradores al arrancar el debate anual de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fueron el mandatario del último superpoder mundial y el del país más grande de América Latina, quienes se sintonizaron en la defensa de su soberanía nacional, alabar su patriotismo y resaltar que su lucha es contra el socialismo.

Donald Trump afirmó que el futuro no pertenece a los globalistas; el futuro pertenece a los patriotas, e insistió en que él y otros líderes deberían anteponer siempre los intereses nacionales, y que en su país está en camino una renovación nacional.

Trump abordó su disputa comercial con China y con todo el sistema de comercio mundial actual. A la vez, arremetió contra Irán, al cual acusó de ser una de las principales amenazas a la seguridad internacional, pero sorprendió a muchos en la sala que esperaban que el magnate anunciara una respuesta bélica al hablar sólo sanciones más severas contra ese país. De hecho, reiteró su oposición a guerra sin fin y declaró que cualquier país puede hacer guerras, pero sólo los más valientes optan por la paz, y dio como ejemplo su negociación con Corea del Norte.

Girando hacia América, identificó la migración indocumentada como uno de los retos más críticos en el mundo y justificó sus medidas antimigrantes. Atacó a los críticos de sus políticas acusando que existe una industria de activistas radicales y organizaciones no gubernamentales que promueven el tráfico humano, el cual disfrazan detrás de la retórica de justicia social mientras promueven políticas crueles y malvadas que minan los derechos humanos.

Tal como se esperaba, retomó su ofensiva contra los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, al denunciar que Nicolás Maduro es un títere cubano, y reiteró el apoyo de Washington al cambio de régimen en ese país.

Con ello, abordó lo que dice es la otra gran amenaza: el espectro del socialismo. Reiteró su nuevo mensaje de que “América jamás será un país socialista”.

Casi al final, el hombre que tiene pendiente acusaciones de hostigamiento y abuso sexual de unas 20 mujeres, elogió los derechos y el desarrollo económico femenino.

Anunció que nunca ratificaremos el Tratado de Comercio de Armas de la ONU, al defender los derechos de todo estadunidense a tener armas.

No mencionó la palabra cambio climático, pero resulta que está muy consciente de la presencia de Greta Thunberg. El presidente del país más poderoso del mundo se sumó a los ataques derechistas contra la joven sueca de 16 años, enviando un tuit con un fragmento del video de su discurso ayer, donde decía que la gente estaba sufriendo y muriendo con el colapso de ecosistemas por el cambio climático, y escribió en tono sarcástico: parece ser una niña muy contenta que está anticipando un futuro brillante y maravilloso. Qué bueno verlo.

Ayer, Thunberg cambió su biografía en su cuenta de Twitter para incluir la frase con la que Trump buscaba burlarse de ella.

Pero el mensaje patriótico de Trump en la ONU fue opacado casi de inmediato por la noticia de otro escándalo político más de su presidencia en el cual, aparentemente presionó a un gobierno extranjero a ayudarlo para combatir a un contrincante político estadunidense, lo cual detonó el anuncio de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Congreso que procederá hacia una investigación para su destitución (impeachment).

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a quien algunos llaman el mini-Trump, también invocó a Dios y anunció que está rescatando a su país que se encontraba al borde del socialismo, a lo cual atribuyó todos sus males, incluido el ataque sin fin sobre la familia y los valores religiosos.

Cuba, declaró, es el enemigo, incluyendo su envío de miles de doctores esclavos a su país. La historia demuestra que desde principios de los años 60, agentes cubanos fueron enviados a varios países para ayudar a establecer dictaduras. Hace unas décadas intentaron cambiar el régimen brasileño y el de otros países latinoamericanos. ¡Han sido derrotados!, proclamó. Pero ahora, denunció, están en Venezuela, destruyendo ese país, y celebró que Brasil, junto con otros, está trabajando con Estados Unidos para restablecer la democracia en el país petrolero.

Sobre la Amazonia, aseguró que no se está devastando ni se ha consumido por el fuego, como afirman los medios, y sostuvo que es una falacia que la Amazonia es herencia de la humanidad o los pulmones del mundo. Acusó que algunos países están respondiendo con un espíritu colonialista atreviéndose a cuestionar la sagrada soberanía.

Bolsonaro expresó su gratitud a Trump por defender su posición de que todo lo relacionado con la Amazonia tiene que respetar la soberanía de su país.

Acusó que algunos líderes indígenas brasileños, como el Cacique Raoni, son usados por gobiernos extranjeros en su guerra informativa para avanzar sus intereses en la Amazonia. Subrayó que ahora tienen un presidente que desea que prosperen y, para confirmarlo, leyó una carta de representantes indígenas que están de acuerdo con él y sus proyectos, y repudian a los ecologistas radicales.

Denunció las ideologías previas que no buscaban la verdad, sino poder absoluto, contaminando escuelas y hasta las familias, incluyendo la inocencia de los niños. Concluyó citando la Biblia (Juan 8:32) y dando gracias, otra vez, a Dios.

Evo Morales, presidente de Bolivia, declaró que “el mundo está siendo controlado por una oligarquía global. Sólo un puñado de multimillonarios define el destino político y económico de la humanidad… es inmoral e inadmisible”.

En el primer día de seis programados, la lista de 21 oradores incluyó también a Argentina y Perú, junto con europeos como el presidente francés, su homóloga alemana, y el primer ministro británico, quien ayer tuvo que regresar a su país para confrontar su crisis política. También participo el de India, el de Egipto y el turco.

Hasta donde se llegó a ver, no lograron –por ahora– resolver los problemas del cambio climático, las guerras, los éxodos de miseria y violencia, ni defender los derechos de las grandes mayorías. Pero tal vez mañana.

(Tomado de La Jornada)

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