¿A China o Cienfuegos?

LA HABANA. Acudamos a esa fantasía infantil que no logra desaparecer del todo cuando ya entramos en años, para toparnos con una lámpara maravillosa que al primer frote de manos hace aparecer un genio con una singular propuesta.

Ante nosotros, humeante, de brazos cruzados, el inmenso hombre nos propone visitar por una noche la villa internacional Guajimico, que pertenece a Campismo Popular y está enclavada en la costa sur de Cienfuegos, o acudir, reserva en mano, al recién estrenado restaurante de comida china bautizado como Beijing, situado muy cerca del llamado Puente de Hierro, en una de las riberas del río Almendares, en el municipio Playa.

El genio advierte que para cualquier determinación, estarán disponibles unos 70 cuc. Didáctico y honrado nos advierte que la primera opción es solo para dos personas, mientras que para la segunda, se trata de cuatro.

Abunda en detalles y agrega, además, que para la villa del cacique Guajimico todo está incluido. Desde el transporte casi a puerta de casa, el paseo por la siempre limpia Perla del Sur y que justo ese día (24 de agosto) sus pobladores celebraban el centenario del natalicio del inmortal Benny Moré, con su música en cada rincón de la ciudad y hasta en el trencito que pasea a los visitantes por sitios de interés. Luego, en Guajimico, todo libre de facturación excepto los alcoholes.

En punto y aparte porque resulta imprescindible, y no atribuible a la dirección de la villa, sino a quienes dirigen el turismo a escala nacional, las actividades náuticas son exclusividad del extranjero. El nacional no cuenta aunque pague en divisas. Es así en toda la isla. Terror, pánico, si un cubano sube a bordo con su familia para un paseo. Y para refrescar geografía insular, recordar que estamos en costa sur y no en la siempre problemática costa norte.

La villa, por la carretera que une a Cienfuegos y la colonial Trinidad, es un fraternal pulso naturaleza-hombre. Una confrontación armoniosa de respeto al paisaje con flora y fauna incluidas y la obra del ser humano. Un binomio de clase que conmueve al visitante venga de donde venga.

Pocas horas después de la llegada de los 25 excursionistas cubanos, arribaron los franceses en cantidad similar. Entre los cubanos, un hábil y diestro carnicero también en la manipulación de los cubiertos, además de buen observador, apunta que en la mesa de los galos había aguacate y en la nuestra no. De la propia mesa salió la advertencia minimizando tal suceso. “Usted lo come todos los días. Ellos, por seguro no lo han visto tan grandes y verdes”. Entre una sesión de aguacates y otra de buceo en fondos coralinos hay una gran diferencia.

Al inquilino de la lámpara hay que desestimarlo en la comida china que ofrece el nuevo Beijing. Pocos lugares en esta ciudad logran destacarse tanto en esa disparidad calidad-precio, además de lo poco eficiente de ese método de mostrarle al cliente un tablet y no la carta, lo cual demora en exceso el pedido. Cuatro personas, sin muchas pretensiones culinarias, facturaron casi 80 cuc. Algunos, no tardan en levantarse e ir en busca del barrio chino.

Y ya es hora de comparar. En lo de Guajimico, 59 por cabeza, con un desayunador envidia de hasta un cuatro estrellas en Varadero.

Los responsables del Beijing, sean chinos, cubanos o italianos, deben poner pie en tierra si no desean que el proyecto se vaya a pique o se lo lleve la débil corriente del Almendares en menos de un año. Están tomando con palitos la tradicional sopa, mientras que en Guajimico la criolla, bien espesa y sustanciosa de la abuela, se toma en cuchara…

Felicidades para unos y sana advertencia para los otros, señor Genio.

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