Incremento de salarios en Cuba: ¿Un rebote positivo en la equidad?

El reciente incremento en Cuba de los salarios en el sector presupuestado y de las pensiones pudiera producir la mejoría más notable en la equidad del país en los últimos veinte años. Sería, por amplio margen, la transformación social más importante del actual proceso de reformas, hasta el momento.

Desde la crisis de los 90s, nunca antes se había movido súbitamente “hacia arriba” en la escala de ingresos un porciento tan grande de los trabajadores.

Un salto del 68% en el salario promedio de aproximadamente un millón y medio de empleados no es un asunto menor. Contando a los miembros del núcleo familiar de esos trabajadores, la medida beneficiaría directamente, como promedio, 4 millones y medios de personas. El efecto de ese incremento de salarios viene amplificado gracias al aumento de una parte de las pensiones.

Es el tipo de medida que tiene el potencial de modificar el sustrato social de la transformación del modelo. No es lo mismo diseñar e implementar una reforma con un índice Gini de desigualdad de 0,50 que con un índice de 0,35 (el índice es “mejor” mientras menor sea su magnitud). Parece una diferencia estadística pequeña, pero no lo es en términos de la realidad de la distribución del ingreso nacional.

No estoy diciendo que Cuba tenga ahora un índice de Gini de 0,50 y que las medidas lo mejoren hasta un nivel de 0,35. Lamentablemente, la medición de la desigualdad en Cuba no se divulga públicamente. Como he expresado antes, Cuba llegó a tener uno de los mejores índices de Gini del mundo en 1986, con un nivel de 0,22, una cifra de equidad mejor que la que hoy tiene Noruega.

Se sabe que el índice de Gini cubano se deterioró rápidamente durante la crisis de los 90s, alcanzando un nivel de 0,407 en su última medición conocida, en 1999.

Con los datos disponibles no es posible calcular hoy para Cuba el índice de Gini ni otros indicadores de desigualdad como el índice de Palma. Consecuentemente, no puede estimarse con precisión aceptable la mejoría que las recientes medidas pudieran representar para la equidad en la distribución del ingreso nacional en Cuba. Sin embargo, los datos divulgados permiten avanzar algunas “conjeturas informadas”.

En este comentario nos limitaremos a abordar lo ocurrido con el salario del sector presupuestado. Se trata de un ejercicio aproximativo. No aspira a la precisión, sino a identificar tendencias generales y sus posibles implicaciones en cuanto a la equidad. Estas notas son, sobre todo, una invitación a reflexionar sobre el tema.

El primer gráfico representa los salarios medios sectoriales mensuales del sector estatal en 2018, indicándose mediante el tamaño del círculo la escala de los trabajadores que reciben esos salarios promedios en los diferentes sectores.

Nota: Datos de salario medio de 2018 y datos de empleo de 2017.
Fuentes: ONEI, Salario medio en cifras. Cuba 2018 (edición de junio 2019) http://www.one.cu/publicaciones/03estadisticassociales/Salario%20Medio%20en%20Cifras%20Cuba%202018/Salario%20Medio%20en%20Cifras%20Cuba%202018.pdf y Anuario Estadístico de Cuba 2017. Tabla 7.3 – Ocupados por clase de actividad económica http://www.one.cu/aec2017/07%20Empleo%20y%20Salarios.pdf

El gráfico permite visualizar que, hasta hace unos días, las actividades presupuestadas -en color naranja- formaban la “cola” de la estructura salarial del país.

Como todavía no se dispone de datos desagregados de salarios medios desglosados por actividades para el “día después” de los incrementos de salarios recientes, es conveniente entonces agrupar gráficamente todas las actividades del sector presupuestado en el momento anterior al incremento.

La visualización de este segundo gráfico es compatible con la que proporcionaba el gráfico anterior: el salario promedio para el conjunto del sector presupuestado se ubica en la “cola”. O sea, hay una especie de “centro de gravedad” de la distribución de salarios alejado del medio del gráfico.

El incremento de salarios del sector presupuestado del mes de julio de 2019 ha cambiado radicalmente la posición relativa del salario medio del sector presupuestado y consecuentemente habría modificado el posicionamiento del ingreso relativo de casi la mitad de los trabajadores estatales del país.

El tercer gráfico ilustra la manera en que se ha desplazado desde la “cola” hacia aproximadamente el medio del gráfico la posición relativa de los salarios del sector presupuestado. Para decirlo rápido, indica un proceso de movilidad social –en cuanto a ingresos- de una considerable “masa crítica” de empleados.

Sin poder afirmarlo tajantemente, por falta de datos, es muy probable que ese tipo de movilidad social haya provocado una mejoría en los indicadores de igualdad.

La importante masa de ingresos derivada de la combinación de un salario medio incrementado y de un alto número de trabajadores del sector prespuestado se complementa con las masas salariales de los sectores agropecuario e industrial para formar un nuevo “centro de gravedad”.

Siendo el índice de Gini una medida de dispersión estadística de los ingresos, el tercer gráfico parecería mostrar una situación compatible con una reducción de la dispersión de los salarios estatales, los cuales son la parte decisiva de los ingresos familiares en Cuba.

¿Cuánto habría mejorado el índice de Gini? Imposible saberlo, pero quizás lo que pudiera estar ocurriendo motivaría a los funcionarios a revelar datos que pudieran indicar una mejoría de equidad en Cuba que, por su eventual nivel y rapidez, no se produce con frecuencia.

Parece difícil que hubiese un mejor momento político que el actual para, después de un largo silencio de dos décadas, poder mostrar un cambio positivo en los datos de equidad del país.

Pero no quiero adelantarme. Primero habría que hacer oficialmente el cálculo de los coeficientes de desigualdad.

Por supuesto que el nivel absoluto de ingresos de esos trabajadores todavía no es suficiente y que la medida del incremento salarial no resuelve definitivamente la existencia de niveles de pobreza que existen en Cuba, aunque no se midan abiertamente. Son asuntos pendientes que necesitan politicas públicas enfocadas y cuya solución tomaría algún tiempo.

El reciente incremento de salarios no es una panacea, pero la medición de su impacto no solamente debe enfocarse en la mejoría del consumo, algo que es muy importante, pero que no ocupa toda la “zona de impacto” de la medida.

Una mejoría de la equidad en la distribución del ingreso no solamente indica prosperidad social. También cambia, de manera positiva, el funcionamiento de una economía.

Hasta aquí mi comentario, a la espera de que, quizás, las entidades oficiales cubanas se decidan a divulgar el nivel de los indicadores de equidad del país, especialmente comparando el “antes” y el “después” que pudiera haber representado el recién anunciado aumento de salarios y pensiones.

Notas

(Tomado de El Estado como tal, el blog de Pedro Monreal sobre Cuba)