Tomás Regalado, Radio & TV Martí, y la historia de un tragón de gasolina

MIAMI. Una lata de Coca-Cola sin abrir voló sobre nuestras cabezas. Baterías de tamaño D tiradas en el piso delante de nosotros. Escupitajos de colores repugnantes volaban por el aire. Todo se volvió borroso cuando cruzamos apresuradamente una falange de airados manifestantes que no escatimaron palabras –algunas jamás escuchadas antes por mí– para describirnos.

Nunca olvidaré esa noche de octubre de 1999, cuando un grupo de amigos, mi hermana, mi novia y yo asistimos al concierto de Los Van Van en Miami. Hubo un número igual de personas que protestaban frente al lugar, como los casi 3 000 que fueron a bailar y cantar junto a una de las bandas más famosas de Cuba.

Sin embargo, hubo grandes diferencias esa noche. El grupo que entró fue a fiestear, a bailar, a disfrutar de la noche. No se reportó un solo acto de violencia dentro. Los que estaban afuera vinieron a hostigar, a herir y a iniciar un motín. Al entrar nos sometieron a detectores y registros de bolsos. En la calle, a los matones se les dio luz verde para hacer lo que quisieran.

Han pasado 20 años, así que no puedo recordar exactamente si se paró a la derecha, a la izquierda o frente a nosotros, a la cabeza de la fila. Sin hacer mucho, pero con una especie de sonrisa burlona en su rostro, estaba un comisionado de la ciudad de Miami. Lo flanqueaban miembros de la policía de la ciudad.

El comisionado Tomás Regalado no hizo nada para intentar tranquilizar a la multitud de afuera. Nunca se le ocurrió recurrir a un policía y pedirle que controlara a los merodeadores, no a los que estaban siendo acosados. Tomasito se quedó en silencio. Inclinado como de costumbre, y con esa sonrisa en su rostro. Parecía estar disfrutando de un ejemplo más del lado feo de Miami.

En 1999, Regalado era un comisionado que no hacía nada. Es decir, a menos que se considere que la membresía en la avejentada fuerza guerrillera de Miami sea una razón digna de un asiento en la comisión de la ciudad de Miami.

Se destacaba, en ese momento… bueno, había dos cosas: una era un programa de radio que él hacía en el que ponía a dormir a gente famosa. Una estación de propaganda que informaba a los cubanos de Miami de cualquier cosa y de todas las cosas malas –fueran ciertas o no y que se les inyectaba por vía intravenosa– acerca de Fidel Castro y el gobierno cubano.

Pero también estaba la otra cosa.

Regalado afirma haber sido tan buen comisionado que necesitaba estar constantemente en contacto con su circunscripción. Como resultado, necesitaba llenar el tanque de gasolina de su automóvil, con gasolina suministrada por la ciudad, a veces en varias oportunidades al día… Eso sí, Miami es una de las más pequeñas ciudades importantes del país en términos de área de extensión, cubriendo poco más de 140 kilómetros cuadrados, por lo que Tomasito debe haber dado muchas vueltas en ese auto.

Eso, o había varios autos en su familia que podían usar algo de gasolina gratuita de la ciudad. Se defendió diciendo que su auto era un tragón de gasolina que le rendía menos de 16 kilómetros por galón. Pero incluso así, un tanque de gasolina de 15 galones servirá para 240 kilómetros. Entonces, supongo que Regalado debe haber viajado por toda la ciudad, manzana por manzana, no menos de tres veces cada día.

Tal vez eso fue lo que lo llevó a ser elegido alcalde en 2009. Miami nunca ha sido conocida por tener electores muy inteligentes…

Y luego, cuando se fue, lo llamaron alcalde cuidador –nadie está exactamente seguro de lo que logró. Dicen que hizo volar la ciudad en piloto automático mientras fue alcalde. Lo considero un alcalde que hizo poco o nada y permitió que Miami se convirtiera en una de las ciudades más pobres del país con disparidades del tercer mundo entre ricos y pobres.

¡Pero, oigan! Su política de café con leche le ha funcionado.

Regalado fue destituido de su cargo en 2017. Y pensamos que no lo veríamos más. Pero hay un dicho en español que afirma que “bicho malo nunca muere”. Saben, como una cucaracha que uno cree que ha matado antes de que se escurra en el armario de la cocina. Regalado es definitivamente “un bicho malo”.

En 2018, Regalado fue nombrado director de Radio y TV Martí, el despilfarro que inició Reagan, impulsado por Jorge Mas Canosa y la Fundación Nacional Cubano Americana, y que ha desperdiciado casi mil millones (sí. mil millones) de dólares de los contribuyentes. ¿Y para qué?

En realidad, ustedes pueden comparar las travesuras de Regalado con la gasolina y el dinero desperdiciado en las Martí y entenderá.

Después de un año al timón –y esto lo publica The Miami Herald, no Progreso Semanal–: “Radio y TV Martí están plagados de ‘mal periodismo’ y ‘propaganda ineficaz’, según una auditoría interna solicitada por sus supervisores en la Agencia de los EE. UU. para Medios Globales”. También calificaron a la estación de antisemita después de que describiera al multimillonario George Soros como un “judío no practicante y de moral flexible”.

Y aun así, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un reciente presupuesto anual de aproximadamente $29 millones.

El Herald informó que “Regalado aceptó los resultados de la auditoría y que… “se implementarán reformas”, dijo.

Si ustedes pudieran verme escribir esto, probablemente me verían encogerme de hombros. Es lo que hacen todos los demás cuando hay tanto robo de los dólares de los contribuyentes en estos días. Supongo.

Y Tomasito ha ganado un salario anual de seis cifras viviendo de esta corrupción desde que entró a la política. Probablemente ni siquiera recuerda los buenos tiempos de antaño de tragón de gasolina.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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