La profanación por Trump del Día D

MIAMI. Jóvenes estadounidenses acudieron en masa a las oficinas de reclutamiento después de Pearl Harbor y la declaración de guerra que aprobó el Congreso. Y seguían apareciendo por miles. Si tenían limitaciones físicas, trataban de ocultarlas.

Su país había sido atacado a traición; cientos y cientos de estadounidenses fueron masacrados y no iban a tolerarlo. En diciembre de 1941, los jóvenes, los muy jóvenes y los no tan jóvenes se presentaron a inscribirse. No fueron arrastrados ni inducidos por medio del dinero o de beneficios. Acudieron para luchar por el país y por la libertad.

Y el 6 de junio de 1944, cuando irrumpieron en la playa de Normandía, con los alemanes disparando desde posiciones más elevadas, con balas de ametralladora y proyectiles de artillería lloviendo sobre ellos desde los búnkeres nazis, no les importó que el presidente Roosevelt fuera el más liberal de los demócratas que haya habido, un socialista democrático pero sin la etiqueta, o que estaban luchando junto a hombres de muchas naciones, o que su mejor aliado fuera la Unión Soviética. Siguieron avanzando colina arriba, luchando y muriendo, y finalmente arrasando las posiciones alemanas, a un costo muy alto en sangre, en el camino hacia la liberación de París.

No luchaban para hacer grande a Estados Unidos, pero, si alguna vez Estados Unidos pudo ser grande, fue ese día.

¿Imaginaron alguna vez que exactamente setenta y cinco años más tarde, en territorio extranjero, en Normandía, con el cementerio que para muchos se convertiría en un lugar de descanso final como telón de fondo, un presidente estadounidense aprovecharía la solemne ocasión para arrojar veneno contra dos honorables compatriotas estadounidenses, la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi y el fiscal especial Robert Mueller, un infante de marina condecorado quien combatió y fue herido en Vietnam?

Esto fue una profanación, o lo habría sido, si Donald Trump tuviera la estatura moral para manchar su memoria.

Trump llamó a Pelosi una persona horrible. ¿Por qué esta abuela y consumada líder política de 79 años es una persona horrible? Nada en su carrera política o en su vida personal justifica la caracterización que Trump hizo de la presidenta de la Cámara, pero ya no nos sorprende que el presidente lance ataques gratuitos y maliciosos contra cualquiera que se interponga en su camino. El ataque a Pelosi es lo que los psicólogos llaman proyección.

Según Wikipedia, “La proyección psicológica es un mecanismo de defensa en el cual el ego humano se defiende contra impulsos o cualidades inconscientes (tanto positivas como negativas) negando su existencia en sí mismos y atribuyéndolos a otros. Por ejemplo, una persona que suele ser grosera puede acusar constantemente a otras personas de ser groseras. Hace culpables a los demás”.

Trump, un sórdido hombre de negocios con una vida personal incompleta y un historial de racismo de toda su vida, es un ser humano miserable, pero nunca admitirá que posee un solo defecto y, en cambio, proyecta sus numerosos defectos en otros. Por lo tanto, aunque él es el mentiroso y el tramposo habitual, un hombre cruel tan incapaz de empatía como un sociópata, acusa a Pelosi de ser una persona horrible. Trump dijo una vez que John McCain no era un héroe de guerra porque fue capturado en combate. Pero fue Trump quien cometió el acto no heroico de inventar una falsa excusa médica para evitar cumplir con su deber en Vietnam.

El resentimiento de Trump contra Pelosi y McCain está enraizado en sus actos de virtud y coraje. McCain, sin ayuda, frustró la cruzada de su propio partido para quitarle el seguro médico a millones de estadounidenses por medio de la destrucción de Obamacare y reemplazarlo con nada. Pelosi frustró la propuesta de la política favorita de Trump, la construcción de un muro en la frontera con México, una bofetada no solo para los mexicanos sino también para millones de ciudadanos latinos en este país. Pelosi dijo que el muro era inmoral y resistió los esfuerzos de la administración de chantajear a los demócratas al cerrar el gobierno.

El ataque a Robert Mueller, emitido en el día D en Normandía durante una entrevista con Laura Ingraham de Fox, una ultraderechista incluso según los estándares de Fox, es especialmente grave, pero sigue el mismo patrón. Mueller recibió una Estrella de Bronce y una Medalla de Reconocimiento de la Marina por su servicio en Vietnam. Para un hombre sin ninguna autoridad moral para atacar a Mueller —y lo hace junto a cientos de lápidas de cientos de soldados estadounidenses— eso es una farsa.

De Mueller Trump dijo: “Déjenme decirles que hizo tanto el ridículo… porque lo que la gente no informa es la carta que tuvo que hacer para aclarar su testimonio porque su testimonio estaba equivocado”.

Nadie más que Trump, quien constantemente hace el ridículo, ha acusado a Mueller de hacer el ridículo. Además, en el abismo moral de Washington, a Mueller se le considera, con razón, el señor Limpio, un hombre de alta integridad e intelecto superior. Robert Mueller –Semper Fi (*)– frente a Donald Trump —nunca fiel— no hay comparación posible. Es más, Trump incluso mintió cuando dijo que Mueller “tuvo que enmendar su testimonio”, ya que Mueller nunca ha testificado acerca de la investigación de Rusia y no ha desmentido ninguna de sus conclusiones. Mientras acusaba falsamente a Mueller de hacer el ridículo, Donald Trump estaba en el proceso de hacer un gran ridículo con sus afirmaciones falsas y un lenguaje carente de gramática.

La razón fundamental de la furia de Trump contra Mueller es la misma que su ira contra Pelosi y McCain: frustraron sus planes, en el caso de Mueller al detallar en su investigación numerosas faltas cometidas por el presidente y negarse a exonerar a Trump de la acusación de obstrucción de la justicia.

El problema con las tonterías de Trump es que hace que todo el país se vea como una colección de truhanes y lunáticos por haberlo elegido y por aguantarlo por más de dos años. En su viaje a Gran Bretaña para la conmemoración del Día D, Trump incluso se las arregló para insultar a un miembro de la familia real británica y a una estadounidense, Meghan Markle, duquesa de Sussex. Trump, el presidente más desagradable de todos los tiempos, llamó “desagradable” a Markle. Eso no es los pájaros tirándole a la escopeta, es más como que que una alcantarilla de Nueva York acuse a un manantial de estar contaminado.

(*) Apócope de Semper Fidelis(Siempre Fiel), lema de la Infantería de Marina de EE.UU.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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