Elogio de mujeres en la política: Carmena, Pelosi, et al.

MIAMI. Marcela Carmena, de 75 años, es una abuela y una de las líderes políticas más poderosas de España. Carmena, alcaldesa de Madrid, aparecía favorita para ganar un segundo mandato en las próximas elecciones. Cuando Carmena, excomunista y todavía claramente a la izquierda, ganó por primera vez en 2015, propinó al poderoso partido conservador, y al establishment político en general, un shock. Cuatro años más tarde y dado su historial y su estilo realista, podría repetir en la alcaldía. Depende de alianzas políticas.

El logro más impresionante de Carmena, uno que cualquier alcalde de una gran ciudad en el mundo envidiaría, fue reducir la deuda de la ciudad en casi la mitad. Antes de que Carmena fuera elegida, los conservadores predijeron que endeudaría más a la ciudad. En cambio, durante su mandato, la deuda de Madrid pasó de 4,8 mil millones de euros en 2015 a 2,7 mil millones de euros en 2018.

Carmena redujo drásticamente la deuda sin destruir los servicios públicos o dar un cheque en blanco a los desarrolladores y a otros en el sector empresarial. En cambio, como informó el New York Times el 25 de mayo, lo hizo principalmente “adoptando un estilo frugal y refrescante de gestión a una administración de la ciudad acostumbrada a alimentarse del tesoro público”.

El artículo del Times, escrito por Rafael Minder, se centra en el estilo personal y político de Carmena. En este sentido, el trabajo cita a Javier del Soto, presentador de un programa radial de comentarios en España: “No conozco muchas ciudades grandes donde el alcalde va al mercado a comprar comida con su propio dinero, toma el autobús con su bolsa de la compra y luego cocina en una pieza que está encima de su oficina… Tiene una imagen limpia y solícita que hace que sea difícil imaginar que algo corrupto esté sucediendo bajo su mandato, a diferencia de lo que sucedía en Madrid antes de ella”.

Carmena ha sido atacada por la derecha debido a, entre otras cosas, cambiar los nombres de algunas calles de la ciudad para eliminar los de las personas asociadas con la dictadura de Franco. Los conservadores también la han atacado por no asistir a las tradicionales procesiones religiosas. Carmena, quizás en parte como respuesta, visitó al papa Francisco en el Vaticano para hablar sobre la inmigración y el calentamiento global. Los dos tienen puntos de vista similares acerca de estos temas y comparten un rechazo de la pompa y la ceremonia.

Otros objetaron que Carmena pospusiera un gran proyecto de desarrollo urbanístico. Pero la ciudad obtuvo modificaciones de parte del urbanista y pronto se reanudará el proyecto comercial y de viviendas de lujo. Otro motivo de discordia ha sido la prohibición por parte de Carmena de vehículos contaminantes en las calles del centro. Cuando un corresponsal alemán se quejó de problemas de tráfico, una sonriente Carmena dijo: “Por favor, tome el autobús”.

Nancy Pelosi, de 79 años, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y la persona más poderosa en el Congreso estadounidense, tiene mucho en común con Marcela Carmena. Ambas están bien entradas en sus setenta. Ambas son, en el contexto político de sus respectivos países, progresistas pragmáticas. Ninguna de las dos encaja en el estereotipo de una radical desquiciada.

Pelosi ha estado compitiendo con el presidente Donald Trump durante todo el año. Ella ha ganado todos los encuentros, lo que ha frustrado al presidente. Trump y sus aliados han atacado a Pelosi de una manera especialmente cruel (hasta para este grupo de sucios tramposos), incluido un video modificado para dar la falsa impresión de que Pelosi estaba borracha o, más probablemente, que ella está senil. Pelosi no se ha inmutado ni tampoco se ha dejado llevar por el juego de insultos de Trump, más cruel que el de Juego de Tronos.

No todas las mujeres líderes en la política son de mucha edad. Después de la masacre en una mezquita en la pequeña ciudad de Christchurch, perpetrada por un supremacista blanco, la joven primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ahern, mostró cómo reacciona un líder ante tales atropellos. Inmediatamente se acercó a la comunidad musulmana y rápidamente prohibió las armas semiautomáticas, en marcado contraste con la respuesta de Donald Trump, quien después de que un supremacista blanco xenófobo asesinara a once personas en una sinagoga de Pittsburgh culpó a las víctimas por no tener guardias de seguridad armados en el templo. En los Estados Unidos, mujeres de todas las edades como Kamala Harris, Elizabeth Warren y Alexandria Ocasio-Cortez, han infundido a la política progresista de Estados Unidos un nuevo dinamismo.

No todas las mujeres en la política son progresistas. Tampoco todas han tenido tanto éxito como Carmena o Pelosi. Y algunas no se han vuelto más sabias con la edad. La primera ministra del Partido Conservador del Reino Unido, Theresa May, se hizo cargo de una mala situación y la empeoró.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit) siempre fue una mala idea, mas, como en Estados Unidos con Donald Trump, suficientes votantes fueron lo suficientemente xenófobos como para votar por el Brexit. May fue incapaz de convencer hasta a los miembros de su propio Partido Conservador en el parlamento para que aceptaran cualquiera de los varios planes que ella propuso. No tuvo mayor éxito en lograr que la Unión Europea aceptara que los británicos salieran de Europa bajo sus propios términos. La semana pasada, May finalmente admitió la derrota, renunció como líder del partido y prometió salir de la residencia oficial en junio. Deja tras de sí un lío enorme.

¿Salvarán al mundo las mujeres en la política? Si recuerdan a Margaret Thatcher, entre otras, saben que no es tan sencilla la cosa. Thatcher y Ronald Reagan abrieron el camino hacia la forma salvaje del capitalismo que hoy gobierna el mundo.

Sin embargo, en general, la investigación y la experiencia sugieren que es bueno que haya más mujeres en la política, no solo por el hecho de que es justo sino también por los resultados. Las mujeres, a diferencia de los machos duros como Donald Trump, no ven la vida en blanco y negro, o como una batalla por el dominio que hay librar hasta la muerte, sin importar el daño colateral.

La actitud de macho duro de no tomar prisioneros es especialmente peligrosa en un momento en que una decisión impulsiva de un líder político que controla armas nucleares podría acabar con la vida humana en la tierra. La oleada de mujeres en la política, que generalmente tienen una perspectiva más atemperada, no solo debe ser bienvenida sino celebrada.

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