La “cubanización” de la política de Estados Unidos hacia América Latina

LA HABANA. Recientemente fue anunciado el nombramiento de Mauricio Claver-Carone, destacado lobista de la derecha cubanoamericana, como responsable de Asuntos Hemisféricos del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en lo que puede ser interpretado como la consolidación de una vuelta a la “cubanización” de la política norteamericana hacia América Latina.

Así fue calificada esta política cuando, durante la administración de George W. Bush, el tema de la hostilidad hacia Cuba devino un aspecto central de la política norteamericana hacia la región y un grupo de personas de origen cubano, representativos de los sectores más conservadores de esta comunidad, pasaron a desempeñar un papel destacado en su diseño y aplicación.

Aunque derrocar al gobierno revolucionario cubano ha estado presente desde los primeros momentos y nunca ha dejado de formar parte importante de la política hacia América Latina, hasta 1980 el papel de los cubanos resultaba más operacional en los planes norteamericanos. Eran soldados, personajes políticos o agentes de la CIA en diversas funciones, pero su capacidad para influir en los procesos era más limitada.

La creación de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), durante el gobierno de Ronald Reagan, cambió la “naturaleza” de la contrarrevolución cubana. De meros “instrumentos” de la política norteamericana hacia Cuba, pasaron a formar parte de su elaboración y de los mecanismos encargados de influir en las decisiones gubernamentales para implementarla. La puesta en marcha de Radio y TV Martí, así como la aprobación de las leyes Torricelli y Helms-Burton, durante los gobiernos de George H.W. Bush y Bill Clinton, respectivamente, fueron los éxitos más significativos de esta corriente.

La política contrarrevolucionaria de Reagan y Bush hacia Centroamérica marcó un cambio cualitativo en la participación de los cubanos en la política norteamericana hacia América Latina.

Más allá del involucramiento de agentes cubanos en las operaciones de apoyo ilegal a la contra nicaragüense, origen del escándalo Irán-Contra, aparecieron otros en calidad de funcionarios gubernamentales, como fue el caso de Otto Reich, jefe de la Oficina de Diplomacia Pública para América Latina, encargada de difundir propaganda falsa dentro de los propios Estados Unidos. A pesar de que las acusaciones del Congreso condujeron al desmantelamiento de esta oficina, Reich nunca fue procesado y Reagan lo nombró embajador en Venezuela, donde desempeñó un papel clave en la liberación del terrorista Orlando Bosch.

Aunque, por disputas personales, la FNCA cayó en desgracia durante la administración de George W. Bush, el mandatario se rodeó de antiguos miembros de esta organización y otras figuras de la derecha cubanoamericana para articular su política hacia América Latina.

El propio Reich fue nombrado Secretario Asistente para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado. No fue aprobado por el Congreso, pero Bush lo designó como su enviado especial para la región. A Reich se le achaca haber estimulado el fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002.

A pesar de que el gobierno de Barack Obama no estableció vínculos orgánicos con la derecha cubanoamericana y cambió la política hacia Cuba, no pudo evitar la presencia de muchas de estas personas en la burocracia gubernamental, especialmente en puestos que tenían que ver con la política hacia América Latina. No debe ser casual, que el embajador norteamericano durante el golpe de Estado en Honduras en 2009, fuera el cubanoamericano Hugo Llorens, nombrado antes por George W. Bush y vinculado a estos grupos.

También el Congreso continuó jugando un papel muy activo a favor de esta corriente, la elección de Ileana Ros-Lehtinen como presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara en 2010, convirtió a esa instancia en centro aglutinador y mecanismo de apoyo para los grupos más extremistas de la derecha latinoamericana:

“Estoy comprometida a hacer todo lo que esté a mi alcance para aislar a los enemigos de Estados Unidos y fortalecer a nuestros aliados y no pediré disculpas por hacerlo”, dijo Ros-Lehtinen el día en que fue nombrada para este cargo. Quizás para recordar su activa participación en el apoyo al golpe de Estado hondureño unos meses antes.

La lógica que anima a estos sectores se remonta al exsecretario de Estado de Ronald Reagan, Alexander Haig, cuando manifestó que Cuba era la “fuente” de los problemas de Estados Unidos en la región y su intención era “convertirla en un parqueo”. Esta idea la repite Otto Reich alabando el nombramiento de Claver-Carone: “Tenemos a una persona que entiende las causas y no solo los síntomas de los problemas de América Latina, y eso es Cuba”.

Al nombramiento de Claver-Carone se suman, entre otros, el de Carlos Trujillo como embajador en la OEA; Eliot Pedrosa, en el Banco Interamericano de Desarrollo y Tomás Regalado, al frente de Radio y TV Martí.

Todos ellos estrechamente vinculados al senador Marco Rubio, al que el presidente Donald Trump ha dado carta abierta para “cubanizar”, otra vez, la política norteamericana hacia América Latina.

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