El turismo y las relaciones comerciales Cuba-Estados Unidos

LA HABANA. Estados Unidos ha jugado y sigue jugando un papel importante en la economía cubana a pesar de las restricciones impuestas por el bloqueo y las nuevas regulaciones dictadas por el gobierno de Donald Trump en noviembre pasado. En este escenario, hay al menos cinco áreas clave donde los vínculos económicos de Estados Unidos con Cuba son significativos: los viajes, las remesas, los servicios de telecomunicaciones, las ventas de productos agrícolas (TSRA), y las inversiones indirectas.

El pasado año 2017, la isla recibió 4 millones 689 mil 895 visitantes internacionales, que representan el 16,2 por ciento de incremento con relación al año precedente. En estos resultados, hay que destacar el crecimiento de la modalidad turismo de cruceros y de las llegadas de viajeros estadounidenses.

El paulatino desarrollo del crucerismo encauza a Cuba como uno de los principales destinos de Cruceros del Caribe. A esto se agrega el anuncio reciente de las tres principales compañías de cruceros del Caribe: Carnival Corporation, Royal Caribbean y Norwegian Cruises Lines de realizar 286 atraques en puertos cubanos hasta 2019, lo que representarían más de 623 millones de dólares para las navieras y aportando el arribo de unos 455.000 pasajeros a la mayor de Las Antillas.

Una situación similar se presenta para el caso del transporte aéreo. El impacto económico de los vuelos directos Estados Unidos-Cuba durante el 2016, contabilizó poco más de 304 millones de dólares a las aerolíneas estadounidenses, por venta de pasajes y 1 600 millones por concepto de paquetes de viaje.

En este escenario American Airlines dominó el mercado, ejecutando el 35,4 por ciento del total de los vuelos, seguida de JetBlue. En el primer trimestre de 2017 se realizaron 3 663 vuelos directos desde Estados Unidos; declinando significativamente en un 7 por ciento en las rutas a La Habana y un 33 por ciento en las rutas del resto de los aeropuertos del país.

Con respecto a las llegadas de viajeros provenientes de Estados Unidos, las estadísticas de arribos de visitantes internacionales hacen distinción entre los cubanoamericanos y los estadounidenses. En esta distinción, los cubanos residentes permanentes en Estados Unidos que viajan a Cuba lo hacen vía aérea, mientras que los estadounidenses utilizan ampliamente las ofertas de las compañías de cruceros con base en la Florida. Estos programas de viajes en cruceros, incluyen los puertos de La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba.

En relación a las remesas enviadas hacia Cuba, la encuestadora Bendixen & Amandi International y la consultora THCG calculan que las remesas anuales oscilan entre 1 500 y 2 000 millones de dólares, sin incluir los bienes y recargas telefónicas desde el exterior. Sea cual sea el monto exacto de estas transferencias, es innegable que las remesas constituyen una fuente de divisas importante para la economía cubana y especialmente para los emprendedores privados, y que la mayoría de ellas provienen de Estados Unidos, donde reside la mayoría de los cubanos fuera de la Isla.

El turismo también se presenta como un fuerte impulsor del sector de las telecomunicaciones en Cuba. El sector se proyecta con un alto crecimiento en estos cinco años, en correspondencia con el desarrollo del turismo en Cuba, en especial la telefonía celular. La Isla, con una población de 11,2 millones de habitantes y más de 4 millones de turistas que visitan el país anualmente, tiene una alta demanda por estos servicios. La telefonía celular, a pesar de su llegada tardía al mercado cubano, ha tenido un acelerado crecimiento desde que comenzó a ofrecerse como un servicio a la población en 2008. Ocho años después, llegaba a 4 millones de clientes y en 2017 la cifra ascendía a 4,5 millones de consumidores.

Para el negocio de telefonía celular, los crecimientos del turismo internacional hacia Cuba significan que un millón de clientes llegan a Cuba desde Estados Unidos y aproximadamente más de un millón proceden de Canadá, podrían utilizar los servicios de roaming ofrecidos por las principales compañías telefónicas, que tienen relaciones con Cuba, un negocio que indudablemente generará significativos ingresos por año para estos servicios.

Otra área con grandes potencialidades en las relaciones económicas Estados Unidos-Cuba es el comercio de productos agrícolas. Estados Unidos llegó a convertirse en uno de los mayores proveedores de alimentos a Cuba tras la autorización de este tipo de comercio con la Isla mediante el acuerdo conocido como TSRA. En estos 16 años las ventas anuales de productos agrícolas alcanzaron un monto de poco más de 5 250 millones de dólares, pero a partir de 2008 bajaron notablemente debido a los problemas de liquidez que enfrenta Cuba y a la necesidad de comprar productos a entidades extranjeras que otorgan crédito y otras facilidades, ya que las reglas estadounidenses requieren pagos en efectivo y complejas transacciones bancarias a través de terceros países.

Por último, aparte de algunas operaciones en el sector de las telecomunicaciones, autorizadas desde 2009, las empresas estadounidenses no pueden invertir directamente en Cuba a causa de las prohibiciones que impone el bloqueo, pero pueden invertir en compañías extranjeras que operan en la Isla con la restricción de no asumir el control de dichas compañías. Por ejemplo, en 2014 los inversionistas estadounidenses poseían cerca del 40% de las acciones de la firma francesa Pernod Ricard, casi un tercio de las acciones de la británica Imperial Tobacco, y el 27 por ciento de la suiza Nestlé.

En Cuba el sector turismo es el que agrupa la mayor cantidad de negocios con inversión extranjera, teniendo como modalidades 28 empresas mixtas constituidas y 88 contratos de administración hotelera con 20 cadenas hoteleras extranjeras. La presencia de compañías estadounidenses se reduce a un contrato de administración con Marriot International en el Hotel Four Point de La Habana.

Una serpiente que se muerde la cola

Las políticas estadounidenses hacia Cuba pudieran prestar más atención a la evolución del proceso de actualización del modelo económico y social cubano, que es una tarea en curso y que implica entender mejor la economía nueva y cambiante de Cuba; y lo que estas reformas económicas pueden representar en beneficios del interés nacional de Estados Unidos. El poder ejecutivo y el Congreso deben aprovechar el proceso de reformas en la Isla como una oportunidad única de distensión para el comercio y la economía en interés de los propios ciudadanos estadounidenses.

El diplomático estadounidense Jeffrey DeLaurentis, conocedor de la Cuba durante los últimos 25 años, comentó: “He aprendido mucho sobre la cultura cubana, sobre el país. Y lo que más he aprendido es que los norteamericanos y los cubanos tienen mucho más en común de lo que piensan. Y a veces… he llegado a la conclusión de que los cubanos probablemente tienen mucho más en común con los norteamericanos que con otros latinoamericanos. Quiero reiterar algo de lo cual estoy convencido: reconociendo nuestras diferencias y tratando de resolverlas de un modo respetuoso, tenemos mucho que compartir”.

Más temprano que tarde, el modelo económico en que está enfrascado el país se impulsará en su desarrollo con importantes proyectos que involucran recursos provenientes de nuevos socios solventes y una Unión Europea que puede jugar un rol importante en la cuestión del financiamiento internacional. En estos espacios y con una política realista, todavía hay tiempo para que Estados Unidos y Cuba vuelvan a ser socios comerciales.

Foto de portada: Yuri Kozirev.

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