¿Son cubanos los excubanos?

MIAMI. Todavía recuerdo ver en la televisión aquí en Miami los Juegos Olímpicos de 1976. Es difícil olvidar la alegría que sentí al ver al cubano Alberto Juantorena ganar la medalla de oro en la carrera de 400 metros y en la de 800 metros mientras su largo y hermoso paso de corredor mostraba el balanceo afro en la noche de Montreal. Cuarenta años más tarde, todavía siento ese orgullo cubano. Y no sólo por Juantorena. Hay una imagen de ese grande del boxeo, el magnífico Teófilo Stevenson, aún grabada en mi mente. Ellos hicieron a muchos de nosotros sentirnos un poco más orgullosos de haber nacido en esa isla del Caribe.

En aquellos momentos, Juantorena o Teófilo no eran cubanos de la isla. Simplemente eran cubanos, y nos representaron bien en sus respectivos Juegos Olímpicos.

Un avance rápido hasta la semana pasada en Río de Janeiro, donde otro cubano, esta vez corriendo para el equipo español, ganó una medalla de plata en los 110 metros con vallas. Era algo digno de verse mientras saltaba sobre los 10 obstáculos tratando de alcanzar el oro y conformarse con un honroso segundo lugar. Yo también, sentado en mi casa y frente a mi televisor, durante 13 segundos estuve en el borde de mi asiento alentando, casi empujando a Orlando Ortega hacia la línea de meta. A pesar de que ganó la plata, el orgullo brotó de mí mientras celebraba con los amigos que también lo estaban viendo.

Y es por eso que no puedo entender cómo al día siguiente, en la televisión cubana, el presentador de un programa se refirió a Ortega como un “excubano” al informar la noticia de su medalla.

“¿Excubano?” Esa sí que es nueva…

Uno es cubano o no lo es. ¿Pero quién sabe? Tal vez haya un nuevo tipo de cubano que aún no he encontrado en mis muchas visitas a la isla.

Por lo que sé, Orlando Ortega nació en Artemisa. Él todavía tiene familiares en la isla. Por la razón que sea decidió ganarse la vida en España. La medalla, sin duda, fue ganada bajo la bandera de la nación europea y se le marcó a España. Pero el corredor, se lo aseguro, es cubano. Posiblemente ahora un ciudadano español, pero será siempre cubano.

Por lo demás, me pregunto: ¿Soy yo un excubano? Sin duda soy ciudadano de EE.UU. Crecí en Miami y amo a mi ciudad. Pero le aseguro a quien quiera oírme que soy un cubano nacido en La Habana. Y la sangre cubana corre por mis venas como gasolina de alto octanaje.

Más aún me pregunto: Eran Francisco Aruca y Carlos Muñiz Varela ex-cubanos? La patria no solo vibra en la sangre, reside en la cultura nuestra como vivencia que marca. La patria nunca se deja definitivamente, viaja en y con nosotros.

Espero que el comentario “excubano” haya sido un error inofensivo. En el calor del momento, y en la televisión, sé cómo la mente puede acortar y enrevesar un pensamiento. Al menos espero que haya sido así.

Fuera lo que fuera, yo creo que los cubanos que viven aquí, allá y en todas partes –y les aseguro que vivimos en todas partes– debemos aprender a dejar atrás las etiquetas. El hecho es que un cubano es un cubano es un cubano. Como un amigo neoyorquino que vive en La Habana me dijo una vez: “No sé lo que les pasa a los cubanos en todas partes; es algo que ustedes deben llevar en la sangre. Y lo atrae fuertemente a uno a la isla”.

De acuerdo.

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