“Una carta voy a escribir y quisiera…”

LA HABANA. Las últimas cartas desde EE.UU. arribaron a la isla a principios de los 60s. Recuerdo con absoluta claridad que la gran mayoría traía en su interior una hilera de tres o cuatro chicles o en su lugar igual cantidad de cuchillas de afeitar. Ambos envíos venían aferrados a una cinta de precinta transparente. Eran un enorme alivio contra unas similares, de producción nacional, a las que alguien se le ocurrió nombrar Patria o Muerte y diseñar su envoltura con la bandera cubana. Se requería, en verdad, una actitud de patria o muerte para afeitarse con ellas. En cambio, por su dura consistencia eran excelentes a la hora de afilar lápices.

Tiempos en que un estribillo de la orquesta Aragón nos musicalizaba el mensaje: “Cuba ya tiene cuchillas de afeitar/ que todas las mujeres acaricien su cara/ su cara…” Y luego, sin ton y con mucho son, el estribillo tomaba otro camino: “Los trabajadores/ de la enseñanza/ siempre cumplirán/ las metas  señaladas”, para volver de nuevo a la carga con “Cuba ya tiene…”. Ignoro si aquello se bailaba.

Era un niño entonces y el mayor interés no era conocer noticias de la familia que recién había emigrado, sino esa curiosidad infantil por descubrir qué contenía el interior de la misiva que por pura imaginación supongo que ninguna era pasada por los Rayos X.

Más de medio siglo después volverán las cartas y cuidado a la historia no se le ocurra repetirse –manía que tiene ella-, porque, aunque sin tanta urgencia como antes, todavía algunos viejos se rasuran con esas cuchillas en hojas y, por otra parte, el frenesí por mascar esa goma ha ido en ascenso en los últimos años. Basta mirar por tv un partido de béisbol para observar a casi todos los peloteros mover de arriba abajo la mandíbula con la puñetera goma.

Cuchillas de afeitar Patria o Muerte.
Cuchillas de afeitar Patria o Muerte.

Cuba y Estados Unidos reiniciarán en breve, cuando un grupo de elementos necesarios se organicen, el servicio postal entre ambas naciones: Correspondencia y paquetería según sendas notas emitidas por los respectivos gobiernos.

A la primera no le auguro gran éxito. Las cartas manuscritas, de papel y sobre, ya están en la historia, unidas por un peculiar cordón umbilical y reliquia museable llamado cartero. En más de 60 sitios de toda la isla ya muchos conectados al wifi ven en vivo y tiempo real sonreírse  al pariente y con algo de estudios estomatológicos detectar si tienen una carie en el colmillo.

En cambio, la paquetería apunta a un gran futuro con esos pequeños bultos que de seguro tendrán un modesto límite en el peso y las dimensiones. Dada la habilidad del cubano, cosechada a lo largo de décadas de escasez y privaciones, serán capaces de ubicar media despensa en una caja de zapatos.

Tal vez a algunos se les despierten los ánimos epistolares. Serán, lo más probable, los de la llamada tercera edad, los mismos que recuerdan aquella canción de los Fórmula Quinta, La carta, que comenzaba con “Una carta voy a escribir y quisiera no llorar…”

Nada, que  estamos a las puertas de un paso más en el proceso de normalización con nuestros vecinos (diría que también con la familia) y que de ahora en adelante, a esperar nuevamente por el cartero o el aviso del “paquetico” en la zona postal correspondiente.

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