El paquete es un efecto, no una causa

En un barrio con tenderas eléctricas consumen el paquete

SANTIAGO DE CUBA. Luego de escoger “El paquete” y su rama audiovisual como caso de pesquisa para su tesis de pregrado, Dayne Fonseca, actualmente profesora de Periodismo de la Universidad de Oriente, agregó otro criterio de valor a su estudio de recepción: la precariedad. San Pablo, es un barrio que ha brotado poco a poco en el límite norte de la ciudad: paredes de tablas o zinc, trillos, cercas de maya o ataja negros, tendederas eléctricas. Un asentamiento espontáneo con rasgos de comportamiento, pulsiones de consumo, en común con el resto de Cuba, con el resto del mundo.

El paquete evoluciona, se adapta al color local: evita el campo minado de la pornografía o información en contra del Estado. Cuando su existencia disparó el botón de alerta, no se usó la vía represiva –táctica acaso imposible o contraproducente-, y se optó por crear “La mochila”, otro conglomerado de información que se emite gratuita y pasivamente desde los estatales Joven Clubes de Computación, que no ha logrado hasta el momento superar o igualar el alcance de aquel, su competidor.

¿El paquete puede tomarse como un nuevo medio de comunicación?

Yo no lo consideraría un medio de comunicación, el medio conoce qué funciones va a cumplir, cómo las va cumplir, qué necesidades va a cubrir. El paquete es, en esencia, un negocio. Su receptor no es un consumidor como lo entendemos nosotros, es un cliente, es una persona que va a pagar. O sea, desde el punto de vista en que nosotros asumimos los medios de comunicación se ve una ruptura.

¿Por qué investigar un asentamiento precario?

En los asentamientos precarios se crea una contraposición interesante, si son precarios cómo es que priorizan la adquisición de tecnología para poder consumir estos productos audiovisuales. Cada vez que te llevan el paquete son 5 pesos, no es mucho al parecer, pero si te pasas 5 años, ahí sí hay un dinero y tiempo invertido. Privilegian condiciones de consumo tecnológico antes que mejorar sus condiciones de vida.  Evidentemente lo que gasta una persona en comprarse un DVD, o un televisor no te permite, en Cuba al menos, comprarte una casa, pero sí puedes encontrar una forma de mejorar esas condiciones de vida sin salir de la precariedad. San Pablo, que se encuentra entre Micro 9, La Risueña y las Petrocasas me pareció un lugar propicio para estudiar el fenómeno. Anteriormente en la carrera se estaban haciendo estudios en este tipo principalmente en San Pedrito, los Hoyos, Chicharrones, y no solo en barrios precarios, el año pasado se hizo una investigación sobre el consumo en Vista Alegre.

¿Qué características tiene la comunidad?

Lo que caracteriza esta comunidad es la espontaneidad. Son migrantes de diferentes partes de la ciudad, que van buscando independencia, un sitio propio, pues si bien se ha liberado la venta de viviendas, son precios prohibitivos para un trabajador normal, y lo que han encontrado es esta tierra que aparentemente es de nadie, y hacen casuchitas allí; no hay una organización urbana, no tiene asfaltadas las calles ni tendido eléctrico; sí tienen, en cambio, acueducto, y agua con sus ciclos de bombeo, como todo Santiago de Cuba. Es un espacio que tiene cierta peligrosidad por el paso del tren, el tendido eléctrico de 13 mil voltios, es decir, peligros por la carencia del sentido de urbanidad que normalmente tienen los asentamientos dentro de la ciudad. Allí vive gente en su mayoría empleada en el sector estatal, obreros, funcionarios pero también profesionales.

Después del paso del huracán Sandy se señaló la zona como de vulnerabilidad, fue muy golpeada por el huracán, e inmediatamente lo que se previó fue un proyecto de urbanización al estilo de las Petrocasas y estas personas están esperando por su ejecución.

¿Qué características tiene el consumo del paquete allí?

Muy extendido en cuanto al consumo de audiovisuales. Dentro de la propia comunidad hay alguien que tiene su trabajo de día y el resto del tiempo se dedica a hacer circular el paquete. Estas personas no hacen estudio de recepción de la forma en que lo hacemos nosotros pero empíricamente sí lo hacen. Un vecino anotaba por qué capítulo iba de cada serie o novela y en consecuencia el hombre del paquete también sabía por dónde iba su cliente. Es decir, no le lleva cualquier cosa, sino lo que sabe que va a vender. Han establecido unas reglas del juego que no están escritas pero que de todas formas son cumplidas, saben que en dos días fijos de la semana fulano lo trae sin falta y ellos lo esperan con total certeza.

Se toma como entretenimiento, o enseñanza, pero también es una forma de elaborar una imagen del mundo. La mayoría de las cosas que consumen son foráneas, y evidentemente es más difícil comprobar lo que está sucediendo en Colombia, que lo que está sucediendo al lado de tu casa. Puede ser que hayan oído anteriormente hablar de Pablo Escobar, – una serie que estaban viendo-, y al mismo tiempo estaban completando un conocimiento que ellos ya tenían. Se refuerzan valores pre-existentes en la persona y en la comunidad. Y esto tiene que ver con otra característica de ese consumo, y es que yo selecciono lo que veo, así que es muy difícil que yo escoja algo que no se avenga con la forma de pensar que ya poseo.

Las mujeres establecían principalmente nociones de matriarcado, la mujer fuerte, empoderada. Y en el caso de los hombres les atraía la imagen del mundo opulento, material, al que no tienen acceso. Uno de ellos me comentaba con ironía que esos hombres tenían seis mujeres, le explotaban el carro y compraban uno nuevo al otro día, y sin embargo él al otro día tenía que salir de su casa a vender “hielo rayao”. Esa opinión te da que ahí hay un sujeto que está interactuando con el producto, y que no está sencillamente tragándose todo lo que ve.

El consumo del paquete tiene que ver con una realidad adversa con la que no están satisfechos y es una forma de alienarse y olvidarse de que esta existe. Me decía una señora: “después que enciendo el televisor a mí no me importa si no tengo sal, si no tengo comida”.

¿Crees que hay alguna relación entre pobreza material con el contenido de los audiovisuales que ellos consumen?

Inicialmente no. Es un fenómeno extendido en la sociedad. La investigación reveló que hay insatisfacciones acumuladas acerca de la producción nacional. No se puede decir que hoy los únicos que estén consumiendo el paquete sean ellos. No es solo en asentamientos precarios, en Vista Alegre gente muy calificada está consumiendo el paquete. Ahora, sí se consume respecto a las características de cada comunidad, la gente lo utiliza para socializar, para no quedarse atrás en los temas de conversación, pero eso tiene que ver más con el sentido de comunidad que cada uno establece, que con la pobreza en sí. Más bien beben tomarse en cuenta los capitales culturales. Te pongo un ejemplo, yo pensaba que el alto consumo de series de narcotráfico, de novelas colombianas tenía que ver con el contexto de precariedad, sin embargo ellos decían que no eran capaces de ver la imagen y leer los subtítulos. Cuando uno analiza los por qués hay que ver que tenemos analfabetos funcionales, y eso determina una forma de consumo. Entonces lo que a mí me dejó la investigación fue que lo más precario en este fenómeno es el capital cultural. Este consumo del paquete es un efecto, no una causa. Ya de antes había deficiencias en todo el sistema cultural.

¿Un bajo nivel cultural?

No. El nivel cultural refiere al sistema educacional, niveles de enseñanza; el capital cultural es menos sensible de ser contado, es algo que incluye saberes aprendidos, saberes sociales, y la interrelación que se establece entre todos esos elementos. Incluye el nivel educacional pero no se limita a él. Yo no diría que esto es un problema generalizado pero que sí está presente, y es algo que hay que tener en cuenta.

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