Conversaciones y regatas

LA HABANA. Cuando escribo estas líneas no puedo menos que recordar aquel juego que hacía con mi esposa e hijos cuando viajábamos a la playa: “A La Habana ha llegado un barco cargado de…” Uno escogía una letra y los demás tenían que decir por turno y rápidamente palabras que empezaran con ella.

Ahora, desde el Malecón observo veleros estadounidenses y cubanos y al otro día dos carabelas también comandadas por estadounidenses. Mi recuerdo pasó a una pregunta ¿de qué vendrán cargados estos barcos que veo? Sinceramente opino que de buena voluntad. Buscar acercamientos, enfatizar lo que une parece estar primando en el corazón de ambos pueblos. Tan cerca y tan distantes, ha sido un monumento a la tozudez y a la prepotencia, así como a la capacidad de resistencia demostrada por un pueblo cuando caído el Muro (de Berlín) y en la mayor de las soledades –donde el país tocó fondo–, perdida por muchos la confianza en las doctrinas políticas, los cubanos se aferraron a lo esencial: su nación y la voluntad de no dejarse conquistar por las penurias y escaseces.

De nuevo miro los barcos en el mar con sus coloridas velas, o las carabelas con las dos banderas como un símbolo de que aún es posible, sin dejar de ser lo que somos, navegar en política para solventar más de medio siglo de una guerra en la que han intervenido fusiles y bombas, presiones económicas y financieras, distorsión mediática a fin de subir los niveles a la  olla de presión para que la sociedad explotara.

EMBARCACIONES HOBBIE CATS EN EL MALECÓN DE LA HABANA

Pero, insisto, ha llegado una visión pragmática imprescindible no solo para buscar nuevos caminos a fin de influir en nuestra realidad –toda relación busca influir, el quid es cómo y para qué–, sino ciertamente más acorde con la opinión generalizada del pueblo estadounidense y también, por qué no, de los ciudadanos cubanos que habitan esta isla y los que residen más allá.

Así que las regatas y carabelas pudieran apreciarse como parte de un cronograma perfecto ya que sus exhibiciones coinciden con la cuarta ronda de negociaciones que sostendrán hoy en Washington las delegaciones oficiales de ambos gobiernos.

De seguir abriendo la hipótesis del cronograma de exhibiciones acuáticas-conversaciones, como un reloj super preciso ya apareció, por fin, el Banco para que la Oficina de Intereses  de Cuba en Washington pueda realizar sus operaciones, duramente obstaculizadas debido a la permanencia de Cuba en la lista de países terroristas por la que bancos europeos han tenido que pagar cifras astronómicas, como el caso del banco francés penalizado el pasado año por unos 8 mil millones de dólares. Todavía el término embargo navega en declaraciones oficiales y medios de prensa, pero ya hay banco al servicio de la representación cubana.

Obvio  que Washington ha debido dar garantías suficientes al floridano Banco Stonegate para que permitiera abrir cuentas a la Sección de Intereses de Cuba, así como a la delegación de la isla en las Naciones Unidas. La Habana ha optado por el silencio, quizás hable pronto y confirme lo que ya es de público conocimiento. Se trata de unos de los puntos álgidos en los encuentros de las delegaciones, pues entorpecía el normal funcionamiento de los trabajos de dicha Sección, como lo sería para cualquier sede diplomática.

Otro ingrediente para pensar: la sra Roberta Jacobson, Secretaria de Estado adjunta para Latinoamérica, declaró a los medios que la futura embajada en Cuba debería poder “funcionar más como otras misiones diplomáticas en Cuba”, en una clara referencia a ciertas actividades que realizan otras sedes en Cuba. Este, junto a la movilidad por el país de los diplomáticos acreditados, restringida por ambos países desde hace años, conforman con el de la banca, ya resuelto, los dos puntos al parecer más problemáticos en las conversaciones. Salvar este escollo transita por las normas internacionales que rigen las actividades de las sedes diplomáticas en cualquier país. La solución puede, podría, debería venir por dichos reglamentos de universal aplicación. ¿Será difícil que ambas partes se atengan a ella?

Men watch the Havana Challenge regatta from the Malecon (coastline av

Pudieran tomar el ejemplo en las palabras de Steve Keng, del Club Náutico de Cayo Hueso, quien en referencia al proceso de diálogo abierto entre ambos países y a punto de continuar, declaró a la agencia EFE: “Creo que es el momento. Y este viaje trata sobre eso. Es una regata de la amistad. De hecho el trofeo que se entregue se llama Trofeo de la Amistad. No importa quien gane”.

Tomo sus palabras, las incorporo a mi pensamiento para dejarlas en las “velas” de los lectores: no se trata de quién venza a quién. La victoria no es derrotar a alguien o a algo. Vencer es alcanzar lo propuesto que en este caso apunta al beneficio de ambos pueblos.

Fotos tomadas de La Máquina Digital.

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