Gisselle Morales Rodríguez

El camino a la opulencia ajena

El camino a la opulencia ajena

Cuando abrí la puerta y la vi con aquella saya larga y el libro apretado contra el pecho, pensé que era Testigo de Jehová. “Gracias por subir tantos pisos —le disparé el discurso que tengo preparado para tales circunstancias—, pero yo soy cristiana, bautizada en la Iglesia Católica, así que ya creo en Dios”.

De provisionales y permanentes

De provisionales y permanentes

Miles de cubanos cuyas viviendas se desplomaron al paso del huracán Irma aguardan por la solución a un problema: ¿cómo levantar un techo definitivo sobre sus cabezas?

Un torbellino de desconsuelo

Un torbellino de desconsuelo

Vista desde un postigo entreabierto en la acera de enfrente, la casa donde Ricardo ha vivido toda la vida parece de paja. Las paredes de mampuesto rústico van perdiendo pedazos y el techo, un rompecabezas de zinc a dos aguas, se levanta y cae sobre el caballete, se levanta y cae, se levanta y sale desprendido por los aires sin importarle demasiado los sacos de tierra y los alambres de púas con que Ricardo pretendió reforzarlo.

Un decimista con miedo escénico

Un decimista con miedo escénico

“Yo comencé escribiendo décimas”, recuerda Florencio Rodríguez Simón. Se las llevaba a los repentistas porque tenía miedo escénico, sobre todo por el acompañamiento hasta que le dijeron: ‘No te preocupes por la música que soy yo el que tiene que caerte atrás a ti, no al revés’.

Ana, el paladar y la moraleja

Ana, el paladar y la moraleja

Ana cocinaba los garbanzos más espectaculares de Sancti Spíritus. Quizás todavía los cocina, pero solo para su familia, a todo reventar para los amigos íntimos que la visitan; para vender en el paladar que había montado en la sala de su casa, ya no.

Colgando del hilo de la dependencia externa

Colgando del hilo de la dependencia externa

Aunque Cuba cuenta con más de 6 millones de hectáreas de tierras cultivables y una cultura agrícola acendrada durante siglos, las importaciones de alimentos ascienden anualmente a valores que rondan los 2 000 millones de dólares.

Santiago Espirituano, una tarea de Hércules

Santiago Espirituano, una tarea de Hércules

Si se miran con cariño, sabiendo que costó ansias buscar los papeles de colores, el pegamento que resistiera el embate de los aguaceros y el combustible necesario para que recorran, según se ha prometido, buena parte de la ciudad; si se miran así, con ternura, las carrozas del Santiago Espirituano 2017 no parecen ya esos armatostes rudimentarios de dudosa calidad artística.

Vestida y con sombrilla

Vestida y con sombrilla

Para cuando mi mamá cumplió mi edad, ya yo tenía nueve años. Esa cuenta de aritmética elemental me ha dejado pensando y no precisamente en que me ha agarrado tarde para tener mis propios hijos, porque en definitiva la planificación familiar y el empoderamiento de la mujer para algo existen; sino en la relatividad de la percepción: cuando yo tenía nueve años, me figuraba que a los 33 mis padres eran personas viejísimas.

¿Arando con los mismos bueyes?

¿Arando con los mismos bueyes?

Más que un antojo de guajiros cerreros, la agroecología es una opción tentadora en el camino hacia la soberanía alimentaria de la nación. Esta alternativa, sin embargo, aún debe saltar unas cuantas talanqueras.

Chofer de almendrón

Chofer de almendrón

Aquello sonaba como una lata vacía que viene dando tumbos desde la punta de una loma. Ahora que lo pienso, sonaba a lata porque era, en efecto, lata de los años 50 a la que se le ha dado la honrosa tarea de mantenerse en pie, con un motor moderno y sabrá Dios cuántas adecuaciones. Un Frankenstein rodante.

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