Enrique Milanés León

Corona caída

Corona caída

Siempre estuve convencido de que las flamantes ollas «reina» distribuidas en los barrios cubanos hace una década eran tan eficaces porque cada una tenía escondido un chef chino que allá dentro, debajo de su base y entre su cablería, hacía maravillas hasta con los encargos más duros y amargos que le tocara en suerte.

La Otra

La Otra

Tras un viaje intenso, más en el tiempo que en el kilometraje, volví hace poco a Santa Cruz del Sur y, a poco de llegar, salí a buscar a Marina. A la distancia, la saludé alegre y ella, que barría el portal de esa casa suya donde se esconden trazos de mi infancia, no parecía compartirme el entusiasmo.

Entre Facebook y el cielo

Entre Facebook y el cielo

Es muy probable que Facebook sea el cuarto gran océano del mundo. ¿O el primero…? Puede gustar o no, pero está ahí, bullente y vital, incluso para aquellos que viven en la mediterraneidad absoluta de la desconexión.

Cuando se encoge La Habana

Cuando se encoge La Habana

Parece que a mí, que no la conozco, ya me sirve cierto estribillo musical que dice «la Habana me queda chiquita». Resulta que, pese a sus dos millones y tantos de habitantes y a sus incontables visitantes de afuera, de adentro y de adentrísimo —¿de dónde si no sería, por ejemplo, un turista de Najasa, Moa o de Júcaro en el calor de La Rampa?— he vivido un auténtico milagro.

Huellas

Huellas

Como si me siguiera por la arena fangosa del litoral pesquero en que nací, pisando una tras otra mis múltiples huellas de animal marino, Daniel se me parece en todo, en los gestos y en los actos, en el aspecto y en el corazón, hasta en la propensión al dolor y en esa incomprensible puntería para los trillos difíciles.

Terminator

Terminator

Si tal enviado especial —que se me antoja imaginar con traje y espejuelos oscuros, un cable en la oreja, tres doctorados en patadas y equipado con un detector especial para saber dónde su víctima pone el huevo— es de verdad profesional en termitas, debe tratarse del mismísimo Terminator.

Las venas abiertas de Eduardo Galeano

Las venas abiertas de Eduardo Galeano

Él, que caminaba por venas abiertas más que por calles cerradas, siempre sabía. Sabía como nadie las cosas de este pedazo de mundo tan rico y sufrido que nos tocó.

Figo

Figo

Figo es uno de los mejores amigos que he podido tener. Con su principal “dueño” en África y el otro en Sudamérica, este can y yo nos hemos estrechado las patas en un pacto de afectos que crece por día. Cuando me acerco al barrio en que vivimos una cola en zigzag me anuncia que en este mundo se me quiere todavía.

Célula Madre

Célula Madre

Mirándola, hay que preguntarse cómo se las arregla para guardar la llave del planeta en el bolsillo de su bata de casa y andar así, como si nada… ¿Qué rara energía no descubierta aún, de musa por amor al cuadrado, la hará optimista incluso cuando el cielo parece derrumbarse?

La bandera de Génesis

La bandera de Génesis

Su vida fue un constante gerundio: vivió buscando anécdotas de abuelos rebeldes, sacando historias de honra, reviviendo arraigos, cesando sin decretos viejas apatías sociales, sumando almas, entregándose… Cuando en 1975 un bisoño patriota juraba con sable de subteniente, ya el volcán del liderazgo anunciaba erupción perenne.

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Editor: Álvaro Fernández
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