Mantener la prisión de Guantánamo abierta puede ser un error, advierten funcionarios

Funcionarios estadounidenses y abogados militares que ayudaron a establecer y dirigir la notoria prisión de Guantánamo han advertido que Donald Trump, al mantenerla abierta, corre el riesgo de repetir un error de $6 mil millones de dólares.

En el único cambio importante de política exterior anunciado en el discurso del Estado de la Unión por Trump el martes, el presidente firmó una orden ejecutiva para revertir los esfuerzos de ocho años por Barack Obama para cerrar la instalación carcelaria en Cuba y pronosticaron que pronto llegarían allí “muchos” nuevos presos.

Pero los involucrados en la creación del campo de prisioneros y de administrar los tribunales militares bajo George W. Bush advirtieron que la medida sería contraproducente, que agotaría el dinero, exigiría en exceso al ejército y actuaría como sargento de reclutamiento para grupos terroristas de todo el mundo.

“Con respecto a las comisiones militares de Guantánamo, las hemos arruinado tanto que están más allá de todo arreglo”, dijo el coronel retirado Morris Davis, exfiscal en jefe de las comisiones militares establecidas en 2002.

“Hemos invertido aproximadamente $6,5 mil millones en las detenciones en Guantánamo y ¿qué hemos conseguido? Botamos nuestro dinero. Estos individuos podrían haber sido alojados en una prisión federal por una fracción del costo. Tenemos más de mil efectivos dedicados a las operaciones de detención que podrían usarse en otros lugares. Hemos derrochado nuestra credibilidad en todo el mundo en estos juicios”, dijo Davis.

El grupo de defensa Human Rights First calcula que el costo anual de mantener a un prisionero en la Bahía de Guantánamo es de más de $10 millones, en comparación con $78,000 en una prisión federal de máxima seguridad en EE. UU.

El número total de detenidos encarcelados en Guantánamo en sus 16 años de existencia es de 780. Solo tres han sido condenados allí, y otro, Ahmed Ghailani, fue transferido a un tribunal federal de EE. UU. y condenado por atentados con bombas a embajadas de África Oriental en 1998. Más de 700 presos han sido transferidos a otros países. De los 41 reclusos restantes, 23 están detenidos por tiempo indefinido sin cargos ni juicio.

Davis, que fue fiscal en jefe desde 2005 hasta 2007, cuando renunció debido al uso de pruebas obtenidas bajo tortura, recuerda haber visto a 14 detenidos “de alto valor” provenientes de sitios negros de la CIA en todo el mundo cuando eran sacados de un avión en la pista de aterrizaje de Guantánamo en septiembre de 2006. Desde entonces, solo uno de ellos, Ghailani, ha sido juzgado y condenado, y eso fue en un tribunal federal de Nueva York.

Una famosa fotografía del Departamento de Defensa de Estados Unidos de detenidos vestidos con monos naranjas en la Bahía de Guantánamo en 2002. Foto: Shane T McCoy / PA.

“Eso fue 2018 y los otros 13 hombres que bajaron del avión con él todavía están chapoteando en el sistema en Guantánamo”, dijo el exfiscal militar. “La verdadera tragedia aquí es que a las familias de las víctimas del 11 de septiembre se les ha negado innecesariamente la justicia. Esto podría haber terminado hace mucho tiempo, si no hubiera sido porque se convirtió en un problema político”.

En su nueva orden ejecutiva, Trump dio a su secretario de defensa, James Mattis, y a otros funcionarios 90 días para desarrollar un nuevo plan para tratar con “combatientes ilegales” detenidos en el campo de batalla. El presidente dijo que Estados Unidos debería “continuar teniendo todo el poder necesario para detener a los terroristas, donde sea que los persigamos, donde sea que los encontremos y en muchos casos ahora será Bahía de Guantánamo”.

Sin embargo, a pesar de la promesa de campaña de Trump de llenar Guantánamo con “tipos malos”, su administración se ha mostrado reticente a enviar sospechosos allí.

El mes pasado, retrasó la decisión de enjuiciar a un presunto miembro de al-Qaida, un ciudadano sudanés que ha estado detenido más de un año por fuerzas de Emiratos Árabes Unidos en Yemen, y que anteriormente se había informado que estaba destinado a Bahía de Guantánamo.

John Bellinger, un asesor legal en la Casa Blanca de Bush, dijo que pensaba que, dados los fracasos del pasado, habría resistencia institucional para volver a llenar el campamento.

“Creo que la orden del presidente Trump de revocar la orden del presidente Obama de cerrar la prisión es más un golpe político para su base conservadora que cualquier indicio de que cambiará la política”, dijo Bellinger. “Sospecho que los departamentos de Defensa, Justicia y Estado se opondrían a enviar nuevos detenidos a Guantánamo”.

Alberto Mora, jefe jurídico del Departamento de Marina de 2001 a 2006, expresó la esperanza de que Mattis, quien persuadió a Trump de no reanudar el uso de la tortura, también lo convenza de no enviar más reclusos a Guantánamo, lo que Mora calificó como “un absurdo y extravagante derroche de personal militar”.

Pero incluso si no se envían más prisioneros allí, el anuncio de Trump ya había causado daños, dijo Mark Fallon, un exjefe de la fuerza de investigación criminal del Departamento de Defensa.

“Globalmente [Guantánamo] simboliza la injusticia, la opresión y la tortura”, dijo Fallon, autor de Medios injustificables: la historia interna de cómo la CIA, el Pentágono y el gobierno de Estados Unidos conspiraron para torturar. “Y cuando se ve que el presidente está hablando acerca de expandirlo, me temo que pone a nuestras tropas en mayor peligro en el extranjero y pone en peligro nuestra seguridad nacional”.

“Yo era un verdadero creyente”, recordó Davis. “Pensé que teníamos la oportunidad de hacer justicia en una forma en que podíamos mantener la cabeza en alto y sentirnos orgullosos”.

Cuando asumió el puesto de fiscal jefe, le dijo a su personal: “Quería que hiciéramos esto de una manera en que nuestros nietos recordaran con satisfacción a Guantánamo, de la manera  en que recordamos a Núremberg.

“Tuvimos esa oportunidad y la desaprovechamos”.

(Tomado de The Guardian)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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