MIAMI. El presidente que ha hecho más por polarizar esta nación ya dividida pronunció la semana pasada su primer discurso acerca del Estado de la Unión. La escisión partidista, una de las muchas divisiones en este país aún más ampliada por Trump y el gobierno republicano unipartidista en el Congreso, invadió la sala.

Los demócratas suprimieron sus aplausos, salvo raras excepciones. Los republicanos se pusieron de pie en todo momento y aplaudieron salvajemente. Uno podría pensar que estaban escuchando a Abraham Lincoln.

El discurso en sí fue mediocre. Trump sonaba como la mayoría de sus temas habituales, incluida la inmigración. El veneno característico se diluyó pero aún estaba allí. También la arrogancia y la distorsión de la realidad. Se colmó de elogios a sí mismo y a su administración, describiendo sus escasos logros como éxitos brillantes.

De hecho, esta administración ha logrado mucho. En el apogeo de su poder durante la Guerra Fría, la KGB nunca logró nada parecido a lo que Donald Trump y los republicanos radicales lograron hacer en solo un año: fracturar Estados Unidos, corromper la república, aislarla del resto del mundo.

Consideren el estado de la unión de la nación.

Los republicanos en el Congreso libran una guerra inflexible contra los demócratas y tratan de borrar todo el legado de ese partido. El Partido Republicano trata a sus adversarios del otro partido como una quinta columna de un estado enemigo derrotado.

El presidente y los republicanos en la Cámara de Representantes atacan y arrojan sospechas sobre toda la comunidad de inteligencia, empezando por el FBI, pero incluyendo a todas las demás agencias cuyo trabajo sea garantizar la seguridad nacional mientras obedecen la Constitución y el estado de derecho. Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse, dijo Lincoln. Esta administración ha sacudido la base de la casa.

Las palabras y hechos de Trump exacerban la polarización racial y de clase en una nación que experimenta una grave desigualdad económica y una ola de protestas por la muerte de hombres negros a manos de la policía en circunstancias dudosas. Trump se convierte en el Apologista en Jefe después de que neonazis, miembros de KKK, neoconfederados y otros que odian descienden sobre la pacífica ciudad universitaria de Charlottesville, Virginia, y causan estragos, matando a una joven e hiriendo a otras personas.

El presidente adopta políticas y hace declaraciones que enfurecen a los vecinos en este hemisferio y disgustan a viejos amigos en Europa y Asia. Insulta a la enorme proporción de personas del mundo que viven en naciones “cagaderos”. Él contrasta estas naciones “letrinas”, donde mil millones todavía viven en países de extrema pobreza, con la Noruega rica y abrumadoramente blanca. A los noruegos, ocupados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, familiarizados con el racismo virulento, esto no les agradó.

De vuelta en Washington, el gobierno de Trump y de los republicanos radicales se caracteriza por repetidas crisis y un caos permanente. El partidismo, la incompetencia y las luchas intestinas se imponen al profesionalismo y a la preocupación por los intereses nacionales y públicos. Los lobos cuidan a las ovejas. El excabildero principal de la industria química está a cargo de la política contra la contaminación tóxica provocada por la industria química. Un inversionista en compañías tabacaleras es nombrado para dirigir los Centros para el Control de Enfermedades. Una némesis de la EPA (Agencia de Protección al Medioambiente) es designado para destruir la agencia.

El estado de la nación está dividido y deprimido. Un adversario extranjero nunca habría podido desestabilizar y dividir a esta nación tan rápida y profundamente. Por sí mismo, Vladimir Putin nunca hubiera podido diseñar algo como esto. Solo el liderazgo político de extrema derecha de un solo partido en este país, dirigido por el Deplorable en Jefe, podría haber logrado tal subversión de las instituciones y valores estadounidenses.

El poeta irlandés William Butler Yeats escribió:

“Las cosas se desmoronan; el centro no puede sostenerse; la mera anarquía se desata sobre el mundo. La marea empañada de sangre se desata y está en todas partes. La ceremonia de la inocencia es ahogada. Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada”.

Este es el estado de la unión en 2018.

El espectáculo más repugnante de todos es el ejército de apologistas y facilitadores, aduladores y lamebotas. Los autócratas atraen a tales personas y hacen que otros, que alguna vez tuvieron dignidad, la pierdan. Los peores del grupo, que están llenos de intensidad apasionada: Sean Hannity de Noticias False; la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders; y la extraordinaria apologista de Trump, Kelly Ann Conway. Sicofantes, lameculos por vocación y profesión.

Los mejores que carecen de toda convicción: la senadora republicana por Maine Susan Collins, que votó en contra de derogar Obamacare, pero respaldó el horrible proyecto de ley tributaria del Partido Republicano y ahora minimiza la importancia de los intentos de Trump por subvertir la justicia al intentar despedir al fiscal especial Bob Mueller, hecho impedido solo por un inteligente abogado de la Casa Blanca que se dio cuenta de que lo único que eso haría sería dar credibilidad adicional a una verdad obvia: todas las acciones de Trump con respecto a la investigación de Rusia han sido un descarado intento de obstruir la justicia.

¿Y qué decir acerca de Devon Nunes, que una vez fue crítico de Trump y se ha convertido en la punta de lanza con que Trump apunta al FBI? Nunes es para Trump lo que el despreciable Roy Cohn fue para Joseph McCarthy, un especialista en calumniar a personas decentes en beneficio de su jefe. Y al igual que McCarthy fue el mentor de Cohn, el de Cohn en una oportunidad lo fue Trump. Nunes debía ser cuidadoso. Joe McCarthy vilipendió y atropelló al Departamento de Estado de EE. UU., un blanco fácil. Pero cuando fue tras un objetivo difícil, el ejército de EE. UU., fue aplastado. Nunes está jugando con fuego al atacar al FBI, un objetivo difícil, temido por personajes mucho más duros que Nunes, como los padrinos de la Mafia, carteles de la droga y espías extranjeros.

El discurso inicial del estado de la nación de Trump es un buen punto para evaluar el daño. El balance del reinado insensible y caótico de Trump es un gran paso hacia Estados Desunidos de América.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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