Béisbol más allá del comienzo de la Autopista Nacional

LAS TUNAS. La postemporada de la 57 Serie Nacional de Béisbol recolocó a ese deporte en la agenda de los cubanos. No es la primera vez que ocurre algo parecido, pues la “pelota” es una cuestión cultural para buena parte de la población del Archipiélago, incluso para los desconocedores de sus reglas o estadísticas.

Pocas cosas como las cuestiones de bolas y strikes transparentan la Cuba de hoy. Amparados en la aparente inocuidad del debate deportivo la gente opina con una intensidad que rebasa lo políticamente correcto y colocan sobre la mesa insatisfacciones, pasiones y corajes de este país garciamarquiano en el medio del Caribe.

De un modo que lingüistas y sociólogos no alcanzan a explicar “palestino” es interpretado en Cuba como el peor calificativo para quienes viniendo desde el este de la Isla se asientan en La Habana. Consecuentemente, en los estadios cubanos afloran en toda su magnitud los prejuicios y simplificaciones que rodean a dicho término, así como la actitud asumida por una y otra fanaticada.

No sorprende entonces que el desenlace de la pulseada de la temporada 2017-2018 a favor de las novenas del Oriente del Archipiélago haya reactivado la controversia sobre las diferencias regionales; ni que el éxito deportivo oriental haya elevado a las nubes la autoestima de los habitantes de esta parte del país; o que haya puesto en aprietos a la objetividad periodística sobre dicho asunto.

Con el marcador claramente a su favor en el segundo encuentro de la semifinal frente a los leñadores de Las Tunas, los parciales de los leones de Industriales refrendaban su seguridad de que en el parque Latinoamericano darían la estocada final gritando a toda voz “¡¡¡palestino, deja que te coja en el Latino!!!”. Ya en suelo habanero coros similares solo se detuvieron con una seña del manager local Víctor Mesa.

Una semana después, a punto de materializarse el fuera de combate beisbolero para el representativo capitalino, la grada del estadio tunero, Julio Antonio Mella tronaba con el coro de “¡dime palestino ahora!”, yéndole luego con todo a la virilidad del contrario mediante el “¡ruge leona!” ya habitual en cada plaza hostil a los Azules.

Los improperios reproducen acciones y reacciones a estereotipos mutuos que desde el punto del imaginario cultural, dice el ensayista Jorge Fornet, “ha contribuido a dar una visión simplificada de las cosas”. Recordemos, agrega, “el contraste entre las imágenes de barbudos y campesinos entrando en La Habana, por un lado, y la de alfabetizadores y equipos de Cine-móvil saliendo para el oriente, por otro; es decir, ellos [los orientales] nos mandaban la barbarie y nosotros [los habaneros] les devolvíamos la civilización”.

Imbuido de esa rivalidad real o construida por muchos años, el sistema de clasificación del torneo élite de la pelota cubana reprodujo ese enfrentamiento tradicional este-oeste asegurándose de que siempre un representante de una y otra área geográfica llegara a la discusión del campeonato.

Pero incluso desde antes de que fuera instituido el play off a mediados de los años 80, se edificó un sentimiento de atribuida superioridad que predestinaba a la victoria quienes vestían de azul y condenaba a la derrota a los llegados desde el este. Esto caldeaba al máximo los enfrentamientos entre los Industriales de la capital y la representación del entonces territorio oriental; y posteriormente entre los primeros y cualquiera de las cinco provincias creadas a partir de esa zona, en particular Santiago de Cuba. De ahí la apoteosis vista en el este, cuando en 1967 el mítico Orientales liderado por el lanzador Manuel Alarcón puso fin a la hegemonía industrialista de aquella época.

Con el tiempo el país se fue haciendo más diverso, las identidades se reconfiguraron hacia lo más específico y por último cambió el sistema de clasificación en el campeonato más seguido. Dicha evolución no significó el declive definitivo de la relación amor-odio vista en las gradas cuando se enfrentan sobre el diamante peloteros de la mayor urbe de la nación y los provenientes del área por dónde primero sale el sol en la Isla, simplemente le introdujo algunos matices.

Cuanto más se produjo el declive del protagonismo habitual de los representativos de Santiago de Cuba (la última vez que accedió a una final fue a mediados de la década pasada), la “honra” oriental debió ser asumida por la novena del momento, ya sea Granma o más recientemente Las Tunas. Paralelamente los conflictos se individualizaron en las acciones polémicas, como el traslado del espirituano Yulieski Gourriel hacia La Habana o la presencia de Víctor Mesa al timón primero de los cocodrilos de Matanzas y luego con los leones de Industriales.

En esta postemporada, ya configurados los pareos de semifinales que enfrentaría a Las Tunas con Industriales, un analista comentó que sería “la serie más mediática, la pelea del sí se puede y del ahora sí, la que todos los medios quieren reportar y la que más fanáticos arrastra”. Imbuidos de esa misma rivalidad, los medios de comunicación asumieron la idea de que una final que no fuera Occidente versus Oriente carecería de atractivo. Así que sobrevino cierta desazón mediática cuando el resultado de ese match fue a favor de los del Balcón del Oriente, mientras que Granma hacía los deberes frente a los cocodrilos de Matanzas.

Vale acotar que tampoco cedió demasiado terreno la paranoia oriental de interpretar cualquier alusión a la calidad de los equipos occidentales como un ataque directo a los suyos. La prueba llegó este año con la reacción de los granmenses cuando la mayor parte de la prensa deportiva nacional no les otorgó el favoritismo en la serie semifinal frente a Matanzas.

En lo concerniente a lo que ocurre entre las dos líneas de cal los públicos siguen siendo sumamente suspicaces con los medios de comunicación, en particular con los de alcance nacional a quienes los fanáticos no perdonan cualquier señal, real o no, de favoritismo con uno u otro equipo.

Las acusaciones y exculpaciones mutuas están a la orden del día. Así que ejercer la narración o el análisis en algún telediario, radioemisora, periódico o sitio web de alcance nacional es un rol sujeto a innumerables cuestionamientos, justificados o no. Los nuevos escenarios tecnológicos y en particular las redes sociales vinieron a amplificar los juicios de parte de las audiencias, que ahora tiene en sus manos una herramienta de expresión inaccesible hasta hace relativamente poco tiempo.

Lo que sí es cierto es que lo visto en las gradas, calles e innumerables espacios públicos de Granma y Las Tunas, con repercusiones incluso más allá de fronteras, cuanto menos ponen en duda que esta haya sido una final intrascendente para la afición, incluso dentro de La Habana.

Por eso quizás la huella más profunda que deja la actuación histórica de los leñadores del manager Pablo Civil y la reafirmación de los alazanes de Carlos Martí en puestos de privilegio es que colocaron a ambas provincias, pero en especial a Las Tunas, en el mapa de los comentaristas de la prensa y también, vale decirlo, de muchas personas dentro y fuera del país. Sería además la confirmación de que las pasiones por el béisbol en Cuba no terminan donde comienza la Autopista Nacional, al contrario, se amplían y enriquecen con la diversidad y los matices de cada rincón de la nación.

Después del séptimo juego de este domingo, no solo granmenses y tuneros estuvieron en vilo hasta el noveno inning frente a sus televisores. Este fue un campeonato en el que los que mejor jugaron llegaron a la final; que se decidió en los últimos cinco minutos del último juego, y en el que Granma se hizo —por segunda vez consecutiva— campeón de Cuba.

Foto de portada: Casi al final del sexto partido, Alarcón y González, de los equipos Las Tunas y Granma respectivamente, protagonizaron una polémica jugada en tercera / Ricardo López Hevia / Tomada de Granma.

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One Response to Béisbol más allá del comienzo de la Autopista Nacional

  1. Me parece tendencioso, discriminador y divisionista este articulo de Istvan Ojeda. Soy habanero y por ende industrialista, me desenvuelvo en un ambiente de personas de distintas provincias, discutimos fuertemente de pelota y todos los deportes , y , en ningun momento el tema aludido por el articulista fue analizado en nuestras discusiones, me pregunto si los pinareños son los llamados palestinos por Istvan, cuando industriales y P del Rio juegan en el San Luis, dicen ruje leona y atacan a los azules, quiero decir la pugna y las reacciones de las tribunas se manifiestan en defensa de los de su patio.
    Este paly off fue visto y disfrutado por toda la aficion y no aficion, porque se merecia el esfuerzo y la entrega de los implicados, no que si fueran del oriente cubano o del occidente, comentario de este tipo trata de ahondar la posible diferencia que pudiera existir y atentan por la unidad que existe por parte de el pueblo cubano.
    Creo que hubiera sido mejor recibido, si el ariculista hubiera escrito de la entrega y la garra conque dispuatron el play off y el ejemplo para todos los equipos que participaron en la serie.
    muchas gracias.

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