¿Cuáles prejuicios de género sobreviven en jóvenes de Cuba?

LA HABANA. Una investigación social analizó cómo sobreviven el paso del tiempo los viejos estereotipos y mitos de género en el imaginario de muchachas y muchachos de entre 15 y 25 años en Cuba y otros seis países latinoamericanos.

El estudio realizado en Colombina, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Honduras, República Dominicana y Cuba, con el apoyo de la organización no gubernamental Oxfam, se propuso indagar en los imaginarios sociales aspectos relacionados con la naturalización de la violencia hacia las mujeres.

Según la investigadora cubana Idania Rego, del Grupo de Estudios de Juventud, del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), este estudio profundizó también en ejes como el control del cuerpo de las mujeres, la impunidad y las relaciones de poder que se ponen en juego.

El capítulo cubano del estudio regional en curso arroja que sobreviven creencias sobre los hombres como: son más fuertes, por ello tienen un rol protector y de proveedor; deben ser respetados y saber exigir y controlar a la mujer; tienen mayor deseo sexual, lo que justifica las infidelidades; y serían censurados si llegaran a perdonar la infidelidad femenina.

Los resultados preliminares arrojados por la investigación en Cuba, que involucró a 435 personas, entre jóvenes y especialistas, de espacios urbanos y rurales, indican que esas visiones tuvieron cierta uniformidad aunque los más jóvenes y algunos hombres de La Habana no concordaron con todas ellas.

Ni el sistema de educación ni la propia familia logra desprenderse de buena parte de los estereotipos de género. Foto: Jorge Luis Baños / IPS.

Mujeres en desventaja

Según la presentación de Rego titulada “Imaginarios juveniles y violencias hacia las mujeres”, las opiniones sobre ellas resultaron menos homogéneas y se identificaron tres arquetipos fundamentales, que las definen muchas veces peyorativamente y les otorgan roles y tareas que las discriminan, estigmatizan y sobrecargan.

El primero, compartido por hombres y la mayoría de las encuestadas, considera que las mujeres requieren protección por ser más delicadas y débiles; tienen predeterminada la condición de ser madres y cuidar del hogar y la familia aunque tengan desempeños laborales y sociales, y están menos interesadas en la sexualidad que el hombre.

De acuerdo con la investigadora, una visión fundamentalmente masculina y focalizada en las provincias orientales, aunque compartida por algunas mujeres, entiende que ellas deben ser controladas por su propensión a “comportamientos inadecuados” como malgastar el dinero y vestirse de manera provocativa.

También considera que la función femenina es atender a la familia y al hombre y debe perdonar las infidelidades y los actos de violencia, que significan que “él la quiere”.

Este segundo arquetipo, además de designarla responsable del cuidado de la descendencia, familia y las tareas domésticas, defiende que “la pareja no tiene que apoyarla porque su rol es en el ámbito público mientras la principal función de ella es ser madre, atender al hombre y a la familia”, explicó Rego.

La tercera visión, que pertenece mayoritariamente a mujeres, concibe que ellas tienen similares capacidades que los hombres y deben gozar de los mismos derechos y de relaciones de igualdad en el empleo, la vida política, la familia y la sexualidad.

Y ve la maternidad como algo opcional, la subestimación como algo discriminatorio y que cualquier tipo de control es un acto violento e inaceptable.

“Pensábamos que mientras más avanzara la sociedad, menos serían los estereotipos y prejuicios de género, pero los avances en el tema son lentos”, opinó Beatriz Oliva, una comunicadora social y madre de una adolescente.

A su juicio, ni el sistema de educación ni la propia familia logra desprenderse de buena parte de los prejuicios, que de tan naturalizados pasan de generación en generación y ponen en situación de subordinación a las mujeres y otros grupos vulnerables como las personas no blancas y gays.

“Uno se asombra que los muchachos de la casa no quieren hacer ninguna labor doméstica y manden a sus novias, pero parte importante recae sobre la familia que no los enseñó porque quería protegerlos”, opinó Marta Soto.

“Y ahora, ya grandes, cuando pueden pensar con cabeza propia, les es más conveniente seguir ese patrón y la mayoría no quiere dar un paso para las cosas de forma diferente”, se quejó esta madre de un joven de 22 años y otro de 18 años.

Foto de portada: El estudio se propuso indagar en los imaginarios sociales aspectos relacionados con la naturalización de la violencia hacia las mujeres / Jorge Luis Baños / IPS.

(Tomado de IPS Cuba)

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