LA HABANA. Por esta capital, en visita oficial, el Excelentísimo Señor Dr. Mulatu Teshome Wirtu, presidente de la República Federal Democrática de Etiopía, quien como parte del programa de estancia, visitó el panteón que guarda los restos de combatientes cubanos caídos en misiones en el continente africano.

Allí, de acuerdo al periódico, confesó que “es un gran placer encontrarme aquí para honrar a los soldados cubanos caídos, para recordar el valor de los héroes y heroínas que dieron su vida para proteger la soberanía e integridad territorial de mi país.”

Leerlo en la prensa diaria, ver los reportes televisivos, escuchar en la radio su presencia en la isla, no puede menos que trasladarme en el tiempo hasta aquel improvisado cementerio de Harar donde, al finalizar la guerra contra Somalia en marzo de 1978, tuve que trabajar, fusil todavía al hombro, en la construcción del camposanto y más concretamente en la organización de las tumbas de mis ex compañeros.

Una gran verdad encierra esa frase anónima de que solo los muertos conocen el final de una guerra.

Aunque la cifra oficial de muertes en Etiopía asciende a 163, la guerra propiamente cercenó la vida a poco menos de treinta. Luego se fueron sumando muchos más debido a minas sembradas durante la conflagración en el desierto y ciudades cercanas a él; enfermedades y accidentes con armas de fuego, de tránsito, entre otras causas.

En el pequeño cementerio, ubicado en una colina a la entrada de la ciudad de Harar, pronto comenzaron a ondear cinco banderas. En el centro, la roja del internacionalismo proletario, y escoltada a derecha e izquierda, las de Etiopía y Yemen; y las de Cuba y la URSS porque junto a los cubanos se encontraban un asesor soviético y un jefe de batería BM-21 yemenita caídos en combate.

El joven Mulatu entonces tendría una veintena de años. Comenzaba o estaba presto para iniciar una licenciatura en la Universidad de Beijing en Economía Política y Filosofía. De puro milagro no estuvo en esa guerra donde hasta combatió con los grados de sargento el padre del entonces jefe de Estado y coronel Mengistu Haile Mariam, quien más tarde abandonó el país con maletas bien cargadas de dólares, estableció un complejo avícola en un país vecino y luego se estableció en Francia para desengaño y desaliento de mucho de nosotros.

Eran los años y así aparece en nuestras certificaciones el nombre de Etiopía Socialista. Mucho que me hubiera gustado hablar par de minutos con el Presidente. No ha mejorado mucho Etiopía en estos decenios. Me lo han confirmado quienes por colaboración civil han estado en planes agrícolas, hidráulicos o asistencia médica. De estos últimos, nada menos que unos 3 577 profesionales de la salud.

Bravos y corajudos los soldados de infantería que acompañaron nuestras tropas, exponiendo primero su vida ante la nuestra, característica no igualada en otros conflictos de la región. Sin ir muy lejos, Angola.

Si bien la visita del Presidente Mulatu contribuirá al fortalecimiento de aquella añeja hermandad, no es menos cierto que me ha provocado un riguroso diálogo con mis muertos para que en paz continúen descansando.

Foto de portada: Presidente de Etiopía, Mulatu Teshome Wirtu, rinde tributo a internacionalistas cubanos / Roberto Garaicoa Martínez / Cubadebate.

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