Cien días de soledad, cien años de colonialismo

Hace más de tres meses, el huracán María atravesó Puerto Rico devastando la isla. La respuesta de la administración Trump ha sido deplorable, incluso comparándola con el nivel de negligencia e incompetencia establecido por la respuesta de George W. Bush ante el huracán Katrina. En esencia, el gobierno federal dejó solo a Puerto Rico, abandonado para que nadara o se ahogara en la marea tóxica de María.

Desde cualquier punto de vista, María fue un serio desastre. Si bien los estimados iniciales del número de muertos lo ubicaron en docenas, investigaciones recientes indican que murieron 1 000 o más. La tormenta inutilizó casi toda la infraestructura de la isla, dejando a prácticamente toda la población sin electricidad ni agua durante un período prolongado, y demolió o dañó innumerables edificios, incluidos hospitales, escuelas y empresas. Esto, a su vez, interrumpió la prestación de servicios de salud y educación; aumentó significativamente el desempleo en una economía ya deprimida; e impidió que el sector privado puertorriqueño le proporcionara a la población bienes básicos como alimentos y materiales de construcción.

Hay 3,4 millones de personas en Puerto Rico que sufrieron este desastre. Desde 1917, todos los nacidos en la isla son ciudadanos de los EE.UU. La respuesta negligente del gobierno estadounidense es evidente en todos los niveles, especialmente el hecho de que después de más de tres meses, la mitad de la población sigue sin electricidad y cientos de miles están huyendo hacia el continente. ¿Por qué?

Hay en las acciones de la administración Trump ante María algo más que la incompetencia y la desconexión de Bush y su gente ante Katrina. Ese algo es una mezcla de desprecio y prejuicio por parte de Trump con respecto a los puertorriqueños, una actitud expresada de muchas maneras, incluida una política de dejar que se valgan por sí mismos, una exigencia de que la gente que está hasta las rodillas en el agua salga adelante sin  ayuda de nadie.

Esta es una cantilena ideológica de la derecha republicana, pero generalmente no se aplica en casos de desastres naturales. ¿Por qué en este caso? Puedo proponer algunas hipótesis sólidas. Desde el comienzo de su campaña, Trump ha expresado una opinión negativa de los latinos. También es probable que, como operador inmobiliario de Nueva York, adoptara el prejuicio contra los puertorriqueños en la ciudad, en especial entre las personas de su clase y origen étnico, específicamente un hombre de origen alemán que heredó mucho dinero pero que se describe a sí mismo como alguien que ha triunfado debido a sus propios esfuerzos. En su mente, él es un empresario brillante, de hecho, un tipo extraño de nuevo rico, un niño mimado que abusa de sus compañeros de juego más débiles y que tomará su bate y se irá a casa si no se juega según sus propias reglas.

Luego está la tendencia, no solo de Trump, sino en especial del Congreso republicano, de gastar lo menos posible para ayudar a los pobres y vulnerables. Esa sería la mayoría del pueblo puertorriqueño antes de María, cuando el gobierno ya estaba en bancarrota y, mucho más dramáticamente, ahora.

Este estado de ánimo republicano fue expuesto de forma involuntaria y clara por el senador de Iowa Chuck Grassley cuando, hablando con un colega frente a lo que erróneamente pensó que era un micrófono cerrado, justificó la abolición del impuesto al patrimonio diciendo que es mejor que el dinero de la herencia permanezca con personas que lo invertirán, en lugar de cobrarles impuestos que vayan a parar a manos de gente que lo gastarán inmediatamente en alcohol, mujeres y películas.

¿A quién, senador Grassley, tenía usted en mente al referirse a esas personas que no merecen ayuda e irresponsables de moral dudosa? La parte más triste es que Grassley no figura entre los 100 republicanos más truculentos y racistas de Washington. ¿No es de extrañar que el dinero no haya fluido, que no se haya desplegado personal y que no se haya establecido una estructura de liderazgo sólida y competente para encabezar el esfuerzo federal?

La actuación personal de Trump a raíz de la calamidad en Puerto Rico ha sido despreciable. Culpó a las víctimas por la lamentable respuesta de su administración y dijo que los puertorriqueños “quieren que se lo hagan todo”. Ha intentado minimizar el problema y racionalizar su negligencia al comparar lo sucedido en Puerto Rico con un “desastre real” como el huracán Harvey. Su idea de ayuda y conexión humana con las víctimas es arrojarles rollos de toallas de papel.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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