Según trascendió de las discusiones durante el segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional en este año, el Producto Interno Bruto (PIB) creció en términos reales (precios constantes de 1997) un 1,6% respecto al período anterior. No obstante, cabe apuntar que al cierre de este reporte no se conocían los datos oficiales definitivos del año 2016, dado que el capítulo correspondiente a Cuentas Nacionales no ha sido publicado todavía por la Oficina Nacional de Estadística e Información. Esto significa que no se conoce la base exacta para el cálculo del incremento reportado.

De acuerdo a los reportes de prensa, el resultado global descansó en el dinamismo de sectores como el turismo, la agricultura, el transporte y comunicaciones y las construcciones.

Cuba: resumen de indicadores económicos en 2017

(variación porcentual interanual)

Turismo 4,4
   Arribos internacionales 16,5
   Ingresos 10,5
Agricultura 3,0
Transporte y comunicaciones 3,0
Construcción 2,8
Fuente: Intervención del Ministro de Economía y Planificación en la Segunda Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, La Habana, 21 de diciembre, 2017.

El turismo internacional continuó siendo uno de los pilares del desempeño económico del país. Los datos proporcionados dan cuenta de que los visitantes extranjeros aumentaron un 19,7% hasta el cierre de noviembre (4 257 754 arribos). A partir de ello se espera que se supere la cifra de 4,7 millones para todo el ejercicio (16,5% respecto a 2016). No obstante, se aprecia un comportamiento desfavorable de Canadá, el principal emisor, que decrece un 6%, sobre otra contracción del 7,4% en 2016. Esta tendencia negativa se ha vinculado con la depreciación del dólar canadiense respecto a la moneda estadounidense. El hecho de que el peso convertible cubano esté anclado a la divisa de Estados Unidos implica que la apreciación de esta última se traslada automáticamente al signo monetario cubano. El resto de los mercados tradicionales exhibieron un comportamiento muy favorable, incluyendo a Rusia y Brasil. Por modalidades, este fue el año del despegue de los cruceros, estimándose que los arribos por esta vía asciendan a casi 400 mil visitantes. En términos globales, los ingresos aumentaron un 10,5%. Vuelve a resaltar el desempeño del sector privado y cooperativo. En el caso del alojamiento, las encuestas mostraron que la satisfacción con la oferta del sector privado supera a la estatal.

Sin embargo, estos resultados deben ser puestos en contexto. La realidad es que el sector enfrenta ingentes desafíos, en casa y en el exterior. Al menos cuatro choques de diversa intensidad, origen y pronóstico afectaron la hasta ahora positiva evolución de esta industria: las medidas restrictivas de la administración norteamericana (junio y noviembre), la moratoria (temporal) en el otorgamiento de licencias en varias categorías conectadas directamente con el turismo (agosto), el huracán Irma (septiembre), y las alertas de viaje emitidas por el Departamento de Estado estadounidense (mediados y finales de septiembre). La recomposición de la estructura por mercados indica que ahora Estados Unidos representa el segundo emisor, por lo que su comportamiento debe ser seguido con atención. El impacto combinado de esos eventos modificó el ritmo de incremento de los visitantes desde septiembre, que anotó una contracción del 14%. Aunque ha habido una recuperación posterior, el efecto negativo es inevitable. Una de las cuestiones a dilucidar ahora es si estos impactos son temporales, o tendrán un efecto permanente sobre los mercados implicados. La moratoria en el otorgamiento de licencias no pudo ser más inoportuna. Es otra muestra de cómo se puede igualar hacia abajo, lo que va en contra del desarrollo de las fuerzas. La pérdida de cuota de mercado del sector estatal se soluciona con una medida administrativa. Es más sencillo frenar a los que avanzan más rápido, que impulsar a los que marchan retrasados.

Las otras tres actividades que soportaron el crecimiento reportado tienen una menor repercusión sistémica, y en todo caso sus dinámicas son relativamente modestas, en relación al punto de partida y su potencial. En el caso de la agricultura, las afectaciones del huracán Irma fueron cuantiosas, y tendrán repercusión para el año entrante, sobre todo a partir del efecto sobre la zafra azucarera, de la que se ha advertido será modesta con numerosos contratiempos. En el caso de la construcción, más allá de la incidencia directa en algunas capacidades productivas, las labores de reconstrucción asociadas a la recuperación de los daños del fenómeno meteorológico, constituyen un aporte positivo al desempeño del sector.

Desde el punto de vista de la demanda, el panorama es mixto. Por una parte, aunque sin muchos datos disponibles, las exportaciones de bienes y servicios volvieron a tener un comportamiento desfavorable. Esto tiene un doble efecto negativo en la economía. Más allá del efecto directo en la producción total, los menores ingresos de divisas junto a la acumulación de adeudos con proveedores determinan un impacto amplificado sobre las importaciones, lo que a su vez se trasmite hacia el sistema productivo nacional, particularmente la industria manufacturera, altamente dependiente de la compra de bienes intermedios en los mercados externos.

Lo descrito anteriormente es uno de los círculos viciosos que estrangulan actualmente a la economía cubana. Una economía pequeña y abierta depende de las exportaciones para financiar su crecimiento económico. Esto es particularmente cierto cuando la capacidad de endeudamiento externo es limitada, como en el caso cubano. Ante un choque externo negativo, el ajuste se verifica a través de una contracción de las importaciones, lo que termina teniendo un efecto negativo sobre la actividad productiva, y los niveles de vida de la población a través de una menor disponibilidad de bienes de consumo importados y de producción doméstica. La escasez recurrente de este tipo de productos, o el ahorro forzado mediante los mecanismos del plan central, constituyen síntomas de este problema. Por otro lado, aunque el plan de inversiones no se cumple, estas crecen modestamente respecto al año anterior.

Sin embargo, en términos absolutos la inversión total se mantiene en niveles que no permiten sostener una senda de alto crecimiento. Por otra parte, el comportamiento de la inversión extranjera aunque lejos de las necesidades, exhibió un avance positivo durante este 2017. A partir de lo anunciado en el marco de la Feria Internacional de La Habana y la Asamblea Nacional, desde que se aprobó la nueva Ley, se han comprometido recursos por alrededor de 4000 millones de dólares, de los cuales casi la mitad fueron acordados durante 2017. Se ha conocido también que se realizan negociaciones sobre unos 80 proyectos, 15 de los cuales estarían en una etapa muy avanzada del proceso de aprobación. Es válido reconocer que se ha acelerado la aprobación de contratos, incluyendo en la Zona Especial del Mariel. No obstante, aún se verifican grandes demoras en todas las etapas del proceso, que obedecen en su mayor parte a problemas domésticos vinculados con la escasa preparación del personal y el burocratismo.

Por otra parte, recursos comprometidos no se traduce directamente en recursos invertidos. Esta mediación está sujeta a una serie de factores tanto internos como internacionales. Sin embargo, es imprescindible identificar los pasos que pueden tomarse en casa para acelerar el comienzo de la ejecución de los proyectos ya aprobados. En el contexto actual, caracterizado por una aguda escasez de divisas y dificultades con el pago a proveedores y empresas foráneas que operan en el país, convendría considerar alternativas para garantizar que los procesos de inversión con recursos externos puedan contar con mecanismos propios de funcionamiento, que hasta cierto punto los aíslen de los desbalances en otros sectores. Además de todos los aspectos que pueden ser mejorados para asegurar una terminación feliz de las negociaciones, la parte cubana debería realizar un análisis de las áreas que pueden tener un mayor impacto sistémico en la economía, para las que se podrían considerar acciones adicionales dirigidas a maximizar la atracción de recursos externos. Entre ellas podrían ubicarse los bienes transables, las infraestructuras con alta incidencia en la estructura de costos de la actividad productiva y las capacidades constructivas.

A pesar de que la economía enfrentó varios choques a lo largo del año, la respuesta desde la política económica fue insuficiente, incluso se puede afirmar que la agenda económica pasó a un segundo plano. Durante el período no se concretó ninguna iniciativa vinculada con algún ámbito nuevo de la transformación del modelo económico. Hubo dos decisiones de relativa envergadura que apuntan en el sentido de garantizar la preeminencia de la empresa estatal por sobre el sector no estatal. Sin embargo, ninguna de las dos contribuye a dinamizar el crecimiento económico. El freno al sector no estatal a partir de las medidas de agosto, debe ralentizar su expansión a corto plazo, a partir de que la incertidumbre disuade a potenciales nuevos inversores y torna más conservadores a los que ya operan en ese segmento. Asimismo, lo anunciado respecto a las empresas estatales no comporta ningún cambio significativo en su “status quo” dentro del panorama productivo, y muestra que la filosofía subyacente no se ha modificado. El verticalismo y lo administrativo como referente en la conducción de las relaciones económicas entre entidades productivas se han entronizado en nuestro modelo. En ese sentido, “la actualización” solo consagra viejos vicios, superados por la historia. En estas condiciones, no se debe esperar demasiado de ese sector en los períodos subsiguientes.

Desde el punto de vista de la inserción externa, el contexto ha continuado deteriorándose para Cuba. La economía venezolana se mantiene en recesión. Este año ese país ha lanzado una campaña de renegociación de sus adeudos externos, ante la incapacidad de honrar esos compromisos. Es la primera vez que tiene lugar un proceso de esta naturaleza durante la Revolución Bolivariana. Las dificultades en los envíos de combustible hacia Cuba se mantienen, y desde agosto la refinería de Cienfuegos vuelve a ser operada completamente por la parte cubana. A su vez, se anunciaron importantes proyectos de diverso tipo que involucran sumas notorias de recursos provenientes de China, Rusia, y en menor medida, otros países europeos. Esta situación plantea un nuevo escenario emergente para la inserción externa de Cuba, que se caracteriza por una mayor diversificación de esos vínculos, y una reorientación de los mismos hacia socios solventes y potencias emergentes. En esa matriz, Europa puede estar bien posicionada si logra destrabar la cuestión del financiamiento. Este es un giro saludable para Cuba, que deberá enfrentar una situación compleja por lo menos durante otro año más, pero que le puede permitir sostener un crecimiento económico sobre bases más sólidas a mediano plazo, incluso si no se flexibiliza el bloqueo desde Estados Unidos.

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