Descripción de la cobardía: el Congreso republicano

En una reciente columna en Progreso Semanal acerca del proyecto de ley de impuestos, califiqué al Partido Republicano de “partido sin conciencia”. Lo que los republicanos han estado haciendo (o se han negado a hacer) desde que escribí eso solo refuerza mi convicción.

Hay tantas disposiciones en la “reforma fiscal” al estilo republicano que están moralmente en bancarrota desde un punto de vista cristiano —y desde cualquier otra tradición religiosa o de filosofía moral— que uno se siente tentado a pensar que es obra de un culto satánico. Disposiciones como la de elevar la tasa de impuestos para aquellos que ganan menos de $10 000 al año mientras reducen drásticamente las tasas para las grandes corporaciones. Disposición como la de abolir las deducciones por gastos médicos, que son indispensables para los muy enfermos. Además, docenas de otras disposiciones que son una afrenta a la decencia y la justicia.

Pero el Partido Republicano de hoy no solo carece de conciencia en relación con las consecuencias humanas del tipo de brutal injusticia social y económica que defienden. También carecen del coraje de defender lo que con toda seguridad es correcto objetivamente, en lugar de lo que es ideológicamente correcto. Carecen de agallas para decir que el rey está desnudo.

Recientemente, por ejemplo, los republicanos del Congreso no le dieron a Trump una ovación colectiva al estilo del Bronx cuando, después de reconocer y disculparse por la infame cinta de Hollywood Access en la que se jacta de que es fácil para un hombre poderoso como él agarrar a una mujer por los genitales, quiere poner en duda si fue incluso su voz en la cinta. Del mismo modo, ha repetido la condenable mentira de que Barack Obama no nació en Estados Unidos, lo cual también admitió anteriormente que no es cierto. El silencio republicano fue ensordecedor.

Los republicanos carecen de fibra moral porque solo quieren creer y, lo que es más importante, ganar al menos una gran batalla en el Congreso después de un año de fracaso y futilidad, y así salvar su pellejo en las próximas elecciones.

La revisión de la historia por parte de Trump recuerda la revisión por Stalin de Trotsky y muchos otros de la historia soviética. Stalin estaba borrando a gente de las fotos mucho antes de que existiera Photoshop. Es una buena idea que Trump no tenga un control totalitario para hacer lo que hizo Stalin y convertirlo en verdad. Porque cuando se trata de Trump, confiar en sus escrúpulos es un ejercicio en inutilidad.

Pero también es un ejercicio en inutilidad confiar en que los republicanos que aún no están locos controlen la locura de Trump. Esto es aún más preocupante que el propio Trump. Todos los autoritarios en el mundo han permanecido en el poder debido a la complicidad y la cobardía de los verdaderos creyentes, aduladores y cínicos oportunistas que profesarán creer en lo que sea conveniente. Y eso, en pocas palabras, describe al Congreso republicano de hoy.

La rara aparición de una valentía moral en un líder republicano, como Mitch McConnell, se mostró brevemente cuando dijo que el candidato a gobernador de Alabama Ray Moore debería retirarse de la campaña después de múltiples acusaciones de inaceptable conducta sexual, fue seguida rápidamente de una furiosa marcha atrás. Ahora McConnell está diciendo que no le pregunten, que depende del pueblo de Alabama. La actitud de Trump —que ha respaldado a Moore— y de McConnell parece ser que, si Alabama elige un pedófilo, ellos lo aceptan si el elegido es un republicano conservador.

Incluso los llamados moderados como Susan Collins de Maine han mostrado escaso coraje. Collins quiere aprovechar su voto clave acerca de los impuestos para evitar que se use para deshacerse de Obamacare y para destruir Medicaid. Objetivos dignos, pero ¿qué pasa con la enorme injusticia del proyecto de impuestos en su conjunto? Silencio, aquiescencia.

Donald Trump merece todo el desprecio que recibe, pero el Partido Republicano merece más culpa de la que le achacan. Se ha convertido en el partido de los depredadores (Trump, Moore), los alegres fanáticos que libran una guerra de clases de tierra arrasada a favor de los ricos (Paul Ryan), y los pocos impotentes y patéticos que se engañan a sí mismos creyendo que están salvando al Titanic y su alma al reorganizar las sillas en la cubierta del barco (Lindsey Graham, Susan Collins).

La clave de la cobardía moral del republicano es su conciencia no reconocida de que el núcleo más duro de su partido, los que siempre votan, organizan, donan dinero y atacan a los medios (sociales o de otra índole) es decididamente reaccionaria. Son personas que, décadas después de su promulgación, no aceptan la legitimidad del impuesto progresivo a los ingresos, la seguridad social, Medicare, Medicaid o un control razonable sobre las armas.

Algunas de estas personas piensan que el bando equivocado ganó la Guerra Civil, y muchas más no se reconcilian con los cambios provocados por el movimiento de los derechos civiles. Están tanto o más furiosos con los movimientos paralelos que los movimientos de derechos civiles ayudaron a desencadenar: el movimiento de mujeres, los derechos de los gays, la identidad latina, incluso los derechos de las personas con discapacidad.

El compromiso político central de esta gente, que los políticos republicanos creen que no pueden alienar y sobrevivir, es Trump con razón o sin ella. Para ellos, Trump realmente no puede hacer nada malo porque él es el único político dispuesto a suscribir y abrazar lo que ellos creen. Para ellos, una cosmovisión antitética o incluso significativamente diferente de la reaccionaria que tienen no es más que corrección política. Trump es el primer político moderno que realmente entiende y defiende su opinión acerca de lo que está mal en Estados Unidos. Porque él es uno de ellos. Dar una paliza a los mexicanos, burlarse de un periodista discapacitado, atacar los derechos LGBT, perseguir a los inmigrantes, todo está ahí, la parte y el todo de Trump. Es una estrategia política maquiavélica que surge naturalmente. Su veneno parece auténtico porque lo es. Es por eso que sus partidarios incondicionales creen que él es honesto, a pesar de la avalancha de mentiras que constantemente lanza.

He aquí el secreto sucio detrás de la cobardía republicana. Criaron una pitón desde que era un bebé y ahora se ha convertido en un monstruo capaz de exprimirlos hasta la muerte y tragárselos enteros. Donald Trump es el amo del monstruo. Si lo contrarían es a su propio riesgo mortal.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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