Estrés, no “arma sónica”, enfermó a diplomáticos estadounidenses, afirma panel de Cuba

LA HABANA. Luego de una investigación de 9 meses obstaculizada por la falta de acceso a registros médicos, un panel de científicos cubanos declaró hoy que los diplomáticos estadounidenses probablemente sufrieron un “trastorno psicogénico colectivo” a principios de este año, y no un deliberado “ataque a la salud”, como ha asegurado el Departamento de Estado de EE.UU.

Basándose en informes de medios acerca de síntomas misteriosos, que incluyen pérdida de la audición, náuseas, vértigo y fallas de memoria, algunos científicos de EE. UU. ya habían llegado a conclusiones similares. Stanley Fahn, un neurólogo de la Universidad de Columbia que ha visto un resumen del informe cubano, está de acuerdo en que “ciertamente podría ser psicógeno”. Que un panel designado por el gobierno cubano desestime los reclamos de EE. UU. puede que no sea sorprendente, y el FBI sigue llevando lo que los funcionarios del Departamento de Estado han descrito como una “vigorosa” investigación multiangencia. Pero el resumen del informe cubano, obtenido por ScienceInsider, revela detalles intrigantes. Por ejemplo, un ruido de alta frecuencia que algunos habían identificado como un posible “arma sónica” podría haber sido el canto de grillos.

El Departamento de Estado se negó a comentar acerca de los hallazgos cubanos. “Continuamos cooperando con los cubanos en este sentido por medio de los canales apropiados”, dijo un portavoz a ScienceInsider. En la actualidad, dijo el vocero, “No tenemos respuestas definitivas acerca de la fuente o la causa de los ataques”.

El desconcertante episodio se ha sumado a la creciente animadversión entre los dos países, lo que ha congelado la cooperación científica. El Departamento de Estado se esforzó por no culpar a Cuba por los presuntos ataques. Pero acusó al gobierno cubano de no proteger a los diplomáticos estadounidenses y, en septiembre, evacuó a personal que no era de emergencia y a sus familiares. Estados Unidos también ordenó a Cuba reducir drásticamente el personal de su embajada en Washington, D.C.

Diplomáticos de EE. UU. fueron los primeros en informar en noviembre de 2016 acerca de síntomas que no pudieron explicarse fácilmente. “Nunca hemos visto esto en ningún lugar del mundo”, declaró en Washington, D.C. en septiembre la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert. En el último recuento, 22 diplomáticos de EE. UU. y, según informes cinco familias canadienses, dijeron que habían sufrido daños en sus residencias o en dos hoteles de La Habana. Se reportó que algunos diplomáticos mostraron signos de trauma cerebral.

“Cuando escuché por primera vez acerca de los ataques, me sonó como un episodio de los Expedientes X”, dice Manuel Jorge Villar Kuscevic, especialista en oído, nariz y garganta en el habanero hospital Enrique Cabrera. En marzo, fue designado para presidir un comité de 20 médicos, neurólogos, científicos acústicos, físicos y psicólogos para investigar el misterio.

“Partimos de la suposición de que algo sucedió, que esto no era pura mentira”, dice el miembro del panel Mitchell Valdés-Sosa, director del Centro Cubano de Neurociencia. Pero el equipo tenía pocos elementos para continuar investigando. Los funcionarios de EE. UU. no compartieron datos médicos detallados, explicando que querían proteger la privacidad de los diplomáticos. Eso es desafortunado, dice Mark Rasenick, neurocientífico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Illinois en Chicago. “La negativa a compartir datos ha impedido el progreso” en la solución del rompecabezas.

Sin acceso a los diplomáticos, los cubanos llevaron a cabo pruebas audiométricas a vecinos de los diplomáticos y a trabajadores domésticos en los hogares de los diplomáticos, todos los cuales también podrían haber estado expuestos a ondas acústicas dañinas. Tres de las 20 personas evaluadas tenían anomalías en el tímpano, el oído interno y la cóclea, pero todas tenían un déficit preexistente de audición.

Una búsqueda de sonidos ambientales cerca de los sitios de los presuntos ataques no pudo identificar nada lo suficientemente fuerte como para infligir pérdida de audición. “Para provocar daño a alguien desde fuera de una habitación, un arma sónica tendría que emitir un sonido superior a 130 decibeles”, dice Kuscevic, quien lo compara con el rugido de cuatro motores a reacción en la calle frente a una casa.

Funcionarios de Estados Unidos proporcionaron al equipo cubano grabaciones de sonido –posiblemente realizadas por diplomáticos o miembros de la familia dentro y alrededor de sus hogares. A modo de comparación, Carlos Barceló Pérez, físico ambiental del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología, grabó sonidos vespertinos alrededor de  las residencias. Los más ruidosos eran insectos. Pérez descubrió que el grillo común (Gryllus assimilis) canta a una frecuencia que coincide con el sonido chirriante de las grabaciones, que llegó a un máximo de 74.6 decibeles –no lo suficientemente alto como para afectar la audición, dice.

Un misterioso zumbido en las grabaciones de Estados Unidos puede ser el canto del grillo común, afirman científicos cubanos. Schönitzer / Wikimedia Comons.

Los informes de que algunos diplomáticos sufrieron traumas cerebrales también socavan la hipótesis del ataque acústico. En procedimientos médicos, el ultrasonido se usa para destruir tumores cerebrales, pero se debilita rápidamente con la distancia. Los cubanos también llegaron a la conclusión de que los síntomas informados implican lesiones cerebrales más graves de las alegadas –y algunos investigadores de EE. UU. están de acuerdo. “La combinación de pérdida repentina de audición, tinnitus, dolores de cabeza, vértigo, náuseas, insomnio, ansiedad y problemas de memoria tendría que estar relacionada con múltiples lesiones en ambos hemisferios cerebrales”, dice el neurólogo Alberto Espay de la Universidad de Cincinnati en Ohio, quien ha leído el informe cubano. Basándose en lo poco que el Departamento de Estado ha revelado, dice, “este no es el caso”.

El panel cubano evaluó otras posibles causas de los síntomas. Por ejemplo, funcionarios de los EE. UU. se preguntaron si la fumigación aérea para matar mosquitos podría ser la culpable. El insecticida seleccionado en Cuba es la permetrina, que en dosis agudas puede causar náuseas, dolores de cabeza y dificultad para respirar. El equipo cubano no encontró evidencia del uso excesivo del fumigante, dice Kuscevic.

“Hemos dedicado meses a este trabajo, pero no hemos encontrado ninguna evidencia que pueda justificar las aseveraciones [de EE. UU.]”, dice el miembro del panel Antonio Paz Cordobés, presidente de la Sociedad Cubana de Otorrinolaringología. Él y sus colegas seguían volviendo a la idea del estrés masivo. Alrededor de la época en que los primeros diplomáticos se enfermaron, la embajada de EE. UU. se preparaba para un declive en las relaciones. El presidente Donald Trump acababa de ganar las elecciones y había prometido desacelerar o revertir el acercamiento que había iniciado su predecesor.

“Ese tipo de situación lo lleva a uno a sentirse amenazado”, dice el panelista Dionisio Zaldívar Pérez, psicólogo de la Universidad de La Habana. Él cree que el gobierno de EE. UU. alimentó la ansiedad al calificar las enfermedades como un ataque. En la “comunidad muy cerrada de diplomáticos de habla inglesa que tienen pocas conexiones con la población cubana”, agrega Valdés-Sosa, el estrés podría escalar rápidamente. “Neurólogos de EE.UU. a los que se proporcionó la evidencia entregada al comité cubano habrían llegado a la misma conclusión”, dice Espay.

Valdés-Sosa, que es neurofisiólogo, hace énfasis en que los hallazgos del panel son provisionales. “Si hubiera alguna evidencia disponible, estaríamos dispuestos a revisar nuestras conclusiones”, dice. Y están ansiosos por formar equipos con científicos de EE. UU. Eso es poco probable, en el clima actual. Pero Rasenick dice que la investigación conjunta “aportaría beneficios tanto a la diplomacia como a los diplomáticos que informaron acerca de problemas de salud”.

Foto de portada: Diplomáticos de la embajada de Estados Unidos en La Habana sufrieron una serie de síntomas inexplicables / Alexandre Meneghini / Reuters / Newscom.

(Tomado de Science)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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