El peligroso caso del Partido Republicano

Veintisiete psiquiatras y otros expertos en salud mental acaban de publicar El peligroso caso de Donald Trump, un análisis clínico del actual presidente. ¿Por qué tardaron tanto?

No soy psiquiatra pero, hace meses en estas páginas, argumenté que Trump encaja perfectamente en la definición estándar de un sociópata, una persona que miente constantemente sin vergüenza ni conciencia. No es que quiera alardear acerca de adelantarme a los psiquiatras o denigrar el valor o lo oportuno de su trabajo. Lo que estos autores de prestigio dicen es importante y será parte del registro histórico de estos años de plaga.

Lo que es verdaderamente cierto es que la locura del Rey Trump es tan obvia que no hace falta un Robert Jay Lifton para descubrirla. Casi todos los días, el presidente proporciona nuevas pruebas de su neurosis. Justo este fin de semana, Trump, molesto por los comentarios del padre de uno de los jugadores de baloncesto de UCLA liberados de la prisión en China después de la visita del presidente, tuiteó que debería haberlos “dejado en la cárcel”. En este caso, Trump revela hasta dónde su enojo y la venganza pueden hacerle olvidar su responsabilidad como presidente de Estados Unidos, que incluye proteger a los estadounidenses en el extranjero. Cero conciencia acerca del destino de estos jóvenes afroestadounidenses en una cárcel china.

Aquí doy un paso más allá que los psiquiatras, al argumentar que gran parte de lo que se aplica a Trump también es cierto para la facción dominante de derecha del Partido Republicano. El peligroso caso del Partido Republicano incluye al menos tres elementos: obsesión-compulsión, falta de conciencia, fantasía homicida.

Punto uno, obsesión-compulsión: cuando se trata de demoler Obamacare (la Ley de Asistencia Médica Asequible o ACA), los republicanos en el Congreso dieron un millón de mordiscos a la manzana cuando Obama estaba en la Casa Blanca listo para el veto. La repetición sin fin de este ejercicio inútil revela la obsesión.

Todavía obsesionado pero ahora confiado en la victoria después de las elecciones de 2016, la cual trajo el control republicano a cada palanca del poder en Washington, el Partido Republicano sacó la bola de demolición una vez más, ansioso por pulverizar Obamacare. Pero algo gracioso sucedió en el camino a la demolición. El Congreso controlado por los republicanos fracasó no una vez, sino tres.

El sentido común y un análisis de por qué fracasaron debieran haber persuadido a los republicanos a abandonarlo y seguir adelante. Pero no es así como funciona la obsesión.

Las razones del fracaso republicano deberían haber sido más que suficientes para provocar un cambio de rumbo. Con el tiempo, y en contra de las predicciones republicanas, Obamacare se había vuelto más popular entre los estadounidenses. A pesar de sus deficiencias, las personas percibieron que Obamacare era mejor que el vacío que existía antes y mucho mejor que cualquier cosa que los republicanos ofrecieran como reemplazo. Obamacare ayudó a muchos estadounidenses a obtener por primera vez atención médica, y esta gente aprovechó todas las oportunidades para confrontar y abuchear a los miembros republicanos del Congreso que estaban a favor de la derogación. Eso debería haber sido un indicio de que había que tirar la toalla.

Luego, también, los republicanos del Congreso no solo tenían miedo de votar a favor de la legislación de revocación, altamente impopular, sino que se dividieron en tres facciones irreconciliables. La facción dominante de derecha estaba favor. Pero, el ultraderechista “Caucus de la Libertad” no; quería algo aún más atroz. Además, estaba un puñado de moderados que se opusieron a la crueldad de la propuesta de derogación de los republicanos y/o a la forma en que los líderes intentaban forzar su aprobación.

Esto debería haber convencido a los republicanos de que la derogación era un fracaso como política y como estrategia. ¿Por qué arriesgarse a una mayor fragmentación del Partido? Pero la obsesión no funciona así. El partido y el presidente obstinadamente se negaron a someterse a la voluntad del pueblo o prestar atención al mensaje que provenía de la fractura de su partido. Maldita sea, iban a destruir Obamacare por todos los medios necesarios. Obsesión-compulsión.

¿Cómo? Usando el poder parlamentario de la financiación y los poderes ejecutivos del presidente para desfinanciar y socavar Obamacare en todo momento. De esta manera, el Partido Republicano podría aplastar Obamacare y evadir la responsabilidad por el desastre resultante culpando a Obama.

Pero esto no era suficiente. La obsesión exige más: ensañamiento. Entonces, el senador Tom Cotton presentó una enmienda a la abominación de un proyecto de ley de impuestos del Partido Republicano. Eliminaría el mandato individual, un pilar esencial de Obamacare. Luego vino la complicación.

La senadora Susan Collins, un voto clave en el proyecto de la ley de impuestos, se opuso al subterfugio de usarlo para golpear Obamacare. Eso significaba que la enmienda de Cotton podría poner en peligro el recorte fiscal total para los ricos, una demanda de los poderosos padrinos ricos del partido. El instinto de supervivencia es más fuerte que la obsesión, y los republicanos en el Congreso comenzaron a alejarse de la cláusula Cotton. La administración Trump, consciente de que una forma más lenta pero no menos efectiva de desmantelar el Obamacare ya estaba en marcha, dijo que seguramente le gustaría el ensañamiento, pero lo aceptaba si los líderes republicanos en el Congreso se veían obligados a deshacerse de la enmienda de Cotton.

La obsesión por Obamacare ilustra otros dos aspectos del peligroso caso del Partido Republicano.

Punto dos: conciencia. Dejar de lado a Obamacare significaría que al menos 15 millones de personas se quedarían sin seguro médico, mientras se ahorrarían varios cientos de millones de dólares para recortes de impuestos en favor de las grandes corporaciones y los obscenamente ricos. Intenten detectar una apariencia de conciencia en ese esquema.

Punto tres: la fantasía homicida. La obsesión por matar a Obamacare es parte de un síndrome mayor. Obamacare es el núcleo del legado de Obama, así que es el objetivo principal en una campaña para borrar hasta el recuerdo de la presidencia de Obama. Pero todo lo que Trump y los republicanos en el Congreso han estado haciendo desde que tomaron el poder equivale a un intento simbólico de asesinato contra Obama, un intento destinado a borrar su propia existencia de la historia estadounidense: Irán, Cuba, el medioambiente, la inmigración, todo.

Esta es la fantasía republicana que no puede decir su nombre consciente o inconscientemente, para un número significativo de personas que se identifican con Trump y sus cómplices republicanos, la elección a la presidencia de un hombre negro cuyo padre nació en Kenia fue una afrenta. Ahora, en venganza, están tratando de matar al fantasma de Obama, pero en su lugar puede que solo logren matar a su propio partido.

Imagen de portada: “No solo estoy loco; soy Republicano”

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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