“A veces me pregunto si el mundo está gobernado por gente inteligente que se burla de nosotros o por imbéciles que lo hacen en serio.”

Mark Twain

MIAMI. La expresión “vender su alma al diablo” parece apropiada cuando se habla de los congresistas del sur de la Florida –Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo y, en menor medida, Ileana Ros-Lehtinen. Para lograr su deseo, han vendido casi todo, desde su integridad hasta prácticamente sus familias y, sin duda, a sus electores.

¿Cuál es su deseo? Se pregunta uno. Ver a Cuba bajo el agua, y no a causa del cambio climático. Ver a 11 millones de cubanos de rodillas por hambre, o en cualquier situación horrible que pueda ser conjurada por estos cuatro adoradores del demonio que con el paso del tiempo han llegado a odiar con ganas a la nación isleña.

Mienten usando argumentos centrados en los derechos humanos, la democracia, la libertad y una serie de otras frases clave que hemos escuchado miles de veces de su boca. Pero en realidad son como cerdos que se alimentan en el comedero donde engullen millones de dólares de los contribuyentes, que ellos y los de su calaña nos estafan, y que en el último medio siglo han engordado sus arcas y les han ayudado a tomar el control de un área –sur de la Florida– que podría haber usado esos millones robados para compensar la pobreza que reina en sus propios distritos electorales.

Cada uno de estos políticos del sur de la Florida tiene al menos 600 000 electores a quienes pretenden representar, pero que en cambio usan como garantía en un juego de póker de altas apuestas jugado con el diablo. El diablo, esta vez, un imbécil fofo de falso pelo naranja y una veta de mezquindad, a quien no le importa a quién le duela mientras obtenga lo suyo.

En el caso del senador Marco Rubio, lo que está en juego es mucho más importante si se considera que representa a un estado completo de 20 millones de floridanos.

Díaz-Balart, por ejemplo, apostó y ganó con Donald Trump. Lo apoyó para presidente y luego hizo un trato con el diablo. “Voy a meter mi mano en la candela por ti”, le dijo al presidente recién elegido. “Todo lo que pido”, continuó, “es que nos permitas manejar a Cuba y Venezuela desde Miami”.

Aparentemente Trump se encogió de hombros y estuvo de acuerdo. Entonces, ¿qué hizo Díaz-Balart, con la ayuda de los demás? Ellos (a excepción de Ros-Lehtinen) han votado a favor de desmantelar Obamacare, por ejemplo, solo para complacer al diablo. Un proyecto de ley que si se desmantelara causaría que más de 70 000 electores inscritos en Obamacare –de los 100 000 que representa Díaz-Balart–se queden sin seguro. A Díaz-Balart, es obvio, no le importa.

Y tampoco a Rubio. El estado de la Florida tiene casi 1,3 millones de personas que perderían su seguro de salud si se deroga Obamacare. En el caso de Carlos Curbelo, esa cifra de personas sin seguro supera la marca de los 78 000.

Apenas la semana pasada, Rubio estuvo a favor de un proyecto de ley de presupuesto en el Senado que perjudicaría a los más necesitados, y cuyos redactores lo han convertido en un balompié político al insertar la eliminación de parte de Obamacare. Su razonamiento es que el seguro debe ser comprado por aquellos que pueden pagarlo. Los demás… ¿a quién le importa? ¿La teoría? Cuando se ayuda a menos estadounidenses por medio de subsidios de salud, queda más dinero para los recortes de impuestos con que quieren recompensar a los del uno por ciento.

Y a cambio, ¿qué recibieron Mario y sus amigos del demonio? Recientemente vimos los resultados cuando el presidente, por medio de las nuevas regulaciones de OFAC, adoptó una posición dura contra Cuba que ya está afectando a muchos cubanos en la isla y que empezaban a prosperar.

Aun así Mario, Marco, Ileana y Curbelo no están satisfechos. Quieren, como dije en mi última columna (“Un paso atrás de regreso al futuro”), destruir al pueblo cubano. ¿Y para qué? Escribí que “las relaciones sanas entre nuestros dos países significaría perderse la gran cantidad de millones de dólares proporcionados por los programas que EE.UU. llama de ‘construcción de la democracia’, simples dádivas que pasan por las pegajosas manos de [estas] personas”.

Y para demostrar cuan realmente poco les importa, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo e Ileana Ros-Lehtinen votaron a favor del proyecto de ley de presupuesto de la Cámara esta semana que asegurará que los pobres y la clase media paguen impuestos más altos para que los ricos, y las corporaciones que administran, obtengan recortes de impuestos.

Tengo amigos que aún insisten en que con todas sus fallas este sigue siendo el mejor país del mundo. Me cuesta creerlo, especialmente si seguimos eligiendo a personas como Trump, Rubio, Díaz-Balart, Curbelo y Ros-Lehtinen.

Kendrick Lamar, el rapero, lo dice de la mejor manera en su canción “Dinero por Amor”:

“Dinero por amor”
Sabes cuánto amas las cosas buenas
Dinero por amor
Autos rápidos, anillos de diamantes
Dinero por amor
Las mejores cosas en la vida no son gratis
Dinero por amor.

Lamar debe haberse inspirado en los cuatro jinetes del sur de la Florida cuando compuso su canción.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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One Response to “Dinero por amor” para estos cuatro

  1. Excelente. Nuestra respuesta en las próximas elecciones es hacerles saber nuestra posición. Primera su trabajo es mejorar nuestra forma de vida aquí y segundo respetar la decisión de los que viven allá. Si ellos desean hacer cambios que lo hagan pero nunca presionarlos y mucho menos con hambre

¿Cuales piensa usted son las probabilidades que a Trump lo acusen (impeach) en 2018?

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