Virginia da a Trump y a los republicanos su merecido

MIAMI. La semana pasada, los electores de Virginia propinaron a Ed Gillespie, el exjefe del Comité Nacional Republicano, una contundente derrota en la contienda para gobernador en ese estado. Pero la victoria inesperadamente desigual del demócrata Ralph Northam sobre Gillespie en lo que se esperaba que fuera una cerrada contienda –y las elecciones para la legislatura de Virginia, así como los resultados electorales estatales desde Maine hasta Washington– equivalieron a una gran victoria para los demócratas. También representa un mensaje más amplio e inequívoco para Donald Trump y el Partido Republicano: estamos hartos de ustedes y sus políticas.

Fue un gran día para los demócratas y uno aterrador para los republicanos. En Virginia, los demócratas ganaron una docena o más de escaños en la Asamblea estatal. En dependencia del resultado final de algunas contiendas extremadamente reñidas, los demócratas pueden haber asumido el control de la Asamblea, donde los republicanos mantenían el control por un margen de 2-1 antes de la semana pasada.

Los demócratas también ganaron con facilidad la elección del gobernador de Nueva Jersey y se apoderaron de la legislatura del estado de Washington. La de Washington fue la última legislatura estatal en la costa oeste controlada por el Partido Republicano. Los demócratas ahora se jactan de lo que algunos llaman un “muro azul” en la costa occidental. Controlan cada estado desde la frontera mexicana hasta la canadiense.

En Maine, los votantes reprendieron al gobernador republicano quien, de acuerdo con la política de su partido, había vetado dos veces la expansión de Medicaid. En un referendo vinculante, votaron abrumadoramente para expandir el programa. En efecto, anularon el veto del gobernador por medio del poder popular.

Las elecciones reflejaron no solo una profunda oposición a Donald Trump, sino también el rechazo de las posiciones republicanas en asuntos de salud y culturales por parte de los electores. Los electores de Virginia dijeron a los periodistas y encuestadores que su voto por los demócratas fue un rechazo a Trump. Trump fue una piedra de molino al cuello de Gillespie y otros candidatos republicanos en Virginia, un mal presagio para los republicanos que se postularán para el Congreso en 2018.

Gillespie trató de cuadrar el círculo haciendo campaña como hombre de Trump en la Virginia rural conservadora y como moderado en los suburbios de Washington y en los más prósperos del norte de Virginia. Según esta estrategia, Gillespie no invitó a Trump a hacer campaña con él en Virginia, pero aceptó el respaldo de Trump. No funcionó. Los electores se dieron cuenta del engaño. Trump, moviéndose rápidamente para distanciarse de un “perdedor”, característicamente tiró a Gillespie delante de un autobús. El presidente tuiteó desde Asia que “Ed trabajó duro pero no me acogió…” Traducción: La épica derrota de Gillespie no es un ataque contra mí o mis políticas.

Pero en el norte de Virginia, que tiene una plétora de electores educados y cosmopolitas, eso es exactamente lo que pretendían los votantes. Acudieron masivamente a votar en favor de los demócratas en condados con grandes poblaciones como Fairfax y Arlington. Irónicamente, uno de los subgrupos de electores en esta área es gente que trabaja en altos niveles en algunas de las muchas agencias de inteligencia de tres letras agrupadas en el gran Washington. Aunque no hay datos acerca de cómo se realizó esta votación, es cierto que las personas de la CIA, el FBI, la NSA y otros grupos menos conocidos de espías no pueden estar contentos con un presidente que ha mostrado un abierto desprecio por las agencias y sus análisis.

La victoria demócrata en Virginia fue tan radical que el partido por primera vez eligió a una mujer transgénero para la Asamblea. Ella derrotó al autor de un proyecto de ley que prohibía a las personas transgénero utilizar el baño correspondiente a su identidad de género y que se jactaba de ser el homófobo número uno del estado.

Esa abierta apelación al prejuicio no funcionó mejor que los anuncios de la campaña de Gillespie, que retrataban a su oponente como débil ante la pandilla centroamericana MS-13 y en contra de las armas de fuego. Los prejuicios han hecho maravillas para el Partido Republicano desde que los Demócratas apoyaron el movimiento por los derechos civiles de la década de 1960, incluso hasta la elección de Donald Trump. Esta vez, en Virginia, los electores dijeron que no.

La atención médica fue el principal tema para los electores en Virginia, con las armas de fuego en un distante segundo lugar. Desde la elección de 2016, Trump y el Congreso republicano han intentado de diversas maneras de abolir o socavar  el Obamacare. Los ataques del Partido Republicano al Obamacare, que consisten principalmente en mentiras y distorsiones, ocultan el verdadero propósito de la cruzada. Los republicanos quieren desmantelar la cobertura de salud de decenas de millones de personas para dar un recorte de impuestos a los muy ricos. Las elecciones de Virginia sugieren que la gente está empezando a ver las cosas a través de la cortina de humo republicana. Resulta que desviar dinero de la asistencia médica para reducir los impuestos a los plutócratas puede ser la fórmula perfecta para perder una elección.

Los recuentos de los medios dicen que los republicanos en el Capitolio están conmocionados. Pero aún persisten. Las dos versiones ligeramente diferentes de la “reforma tributaria” de estilo republicano, la aprobada en la Cámara y la otra propuesta en el Senado, tienen en común que generalmente favorecen a los ricos, en especial a los muy, muy ricos con ingresos anuales de $1 millón o más. Esta pequeña fracción de la población obtendría alrededor de una cuarta parte de los recortes de impuestos en virtud de la propuesta del Senado, que sin embargo es menos perjudicial para la clase media que la versión de la Cámara de Representantes. Aun así, en cualquiera de las dos versiones, millones en la clase media terminarán pagando más en impuestos, mientras que los superricos obtienen la mayor parte de la bonanza. El premio gordo lo reciben los ricos ociosos, los inversores que no trabajan por su dinero sino que su dinero trabaja para ellos.

¿Se saldrá con la suya el Partido Republicano en su guerra de clases de arriba hacia abajo? ¿O recibirán su merecido, como les sucedió la semana pasada en Virginia y en todo el país?

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