LA HABANA. Cuando Rubén Rumbaut se sumó a la Brigada Antonio Maceo tenía veinte y tantos años. Su postura progresista, cuenta, se ha manifestado más de manera personal que por la pertenencia a determinado grupo. Quizás por eso prefiere no ponerle apellidos a esa filiación. “Ser de izquierda es ser de izquierda, y uno interpreta el mundo a través de esa visión”.

Su experiencia indica los matices y particularidades dentro del movimiento de la izquierda cubanoamericana, los primeros que mostraron que había algo más allá del exilio hostil; los que sembraron la semilla de la normalización entre los cubanos de todos los países.

Y como, entre el fárrago de los acontecimientos y las noticias, esa memoria histórica puede perderse, conviene repasar lo que ha sido; sobre todo porque muchos de sus principios y razones de lucha se muestran asombrosamente contemporáneos. Esta es la idea que compartió un panel del IV Coloquio Internacional de Latinos en los Estados Unidos, en Casa de las Américas.

Si se trata de esencias, el sentido martiano de nación se expresó mediante las revistas Areito y Joven Cuba, inspiradas en el periódico Patria, como herramientas de movilización. “De estos esfuerzos organizativos surge la Brigada Antonio Maceo”, recordó el investigador Rafael Betancourt.

El diálogo entre el gobierno de la Isla y personas representativas de la comunidad cubana en el exterior, en 1978, dio lugar a la excarcelación de los presos por delitos contrarrevolucionarios, el establecimiento de la reunificación familiar –que permitió la emigración legal-, y las visitas a Cuba de los emigrados.

Los planteamientos de la izquierda abarcaban estos puntos y otros tan o más audaces, como la realización de intercambios culturales, científicos, educacionales y deportivos; la posibilidad de estudiar en Cuba para los que vivían fuera; que los jóvenes emigrados participaran como observadores en actividades del Estado; el regreso permanente al país; la posibilidad de votar por representantes de la Asamblea Nacional del Poder Popular… Algunas de estas propuestas se volvieron realidad, y otras quedan pendientes.

“La importancia histórica de la izquierda cubana en Estados Unidos y Puerto Rico radica en que retó la dicotomía entre el exilio anticastrista y una izquierda norteamericana pro-Cuba que no tenía matices —concluyó Betancourt—. Al mismo tiempo, colaboró con el esfuerzo del gobierno cubano de abrir un nuevo espacio para su emigración, y para darle a esta una mayor participación en la vida de la nación”.

Hoy la situación es otra. “Las interacciones entre los dos lados del estrecho de la Florida se han multiplicado enormemente en estas décadas. Lo que los expertos llaman transnacionalismo está tomando cuerpo rápidamente dentro de la emigración”, sintetizó Manolo Gómez, fundador del Comité Cubano-Americano, la primera organización de lobby en Washington a favor de las relaciones con Cuba.

Nuevos acercamientos de Cuba a su emigración

Precisamente debido a esos cambios, deben calibrarse los enfoques y acciones del acercamiento. “Por parte de la emigración, hace falta multiplicar las voces, las redes y las organizaciones con una amplia participación, (…) incluyendo a muchos que aunque no compartan todo el proyecto político cubano, lo respetan y quieren contribuir dentro de ese proyecto al desarrollo del país”, adelantó Gómez.

A su juicio, deben buscarse iniciativas conjuntas con la participación explícita y pública de grupos de profesionales, artistas, músicos, científicos, niños y niñas; así como es necesario establecer un diálogo con las autoridades de la Isla respecto a los derechos y deberes de los emigrados.

“Creo que es imprescindible que Cuba persista en normalizar los lazos con la emigración, y que lo haga lo más independientemente posible del conflicto con Estados Unidos; inclusive independientemente de la militancia —por así decirlo— que la emigración pueda demostrar en este período contra el bloqueo”.

Además, señaló algunas ideas que las autoridades cubanas pudieran sopesar, como ofrecer una atención más integral a la comunidad en el exterior. Por ejemplo, podrían reducirse los precios de los trámites administrativos de los emigrados, y abrir nuevos espacios para facilitar la colaboración con grupos fuera del país.

Del lado de acá, habría que resolver el tema de la doble ciudadanía, como parte de la anunciada reforma constitucional; y aumentar la calidad y transparencia de los criterios y regulaciones de interés para los emigrados.

Mariana Gastón, también fundadora de la Brigada Antonio Maceo, subraya la importancia de trasmitir a las siguientes generaciones los valores y la conciencia social y política progresistas. En este momento tan complicado, los jóvenes emigrados tendrán que tomar partido. “Pero no solamente por la cuestión de Cuba —asegura—, sino por la cuestión de Trump, del racismo, de los emigrantes…”.

El tiempo ha pasado y ya muchas cosas no son lo que eran. Sin embargo, persiste y sigue inspirando la misma filosofía de conciliación. Rubén Rumbaut lo resume según la canción de Carlos Varela: “Hay mucha gente que ha estado haciendo muros a lo largo de estos años. Y a la vez hay mucha gente que ha estado haciendo puertas”.

Justamente, derrumbar muros y abrir puertas –balcones, puentes, todo lo que enlace las dos orillas- fue el leitmotiv de la actividad política de Francisco Aruca, su pasión y su legado. Había que comunicar a las partes. Fue eso lo que entendió y, tanto con una línea aérea, como con una revista o un programa de radio donde se debatía en vivo, fue justamente eso lo que hizo. Como dice el refrán, fue profeta en su tierra, en sus dos tierras.

Foto de portada: Rachel D. Rojas.

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