LA HABANA. A pesar de no haber contado con el apoyo del establishment político en su campaña, cuando Donald Trump accedió a la presidencia de Estados Unidos y se rodeó del gabinete más rico que haya gobernado ese país, pensé que se había consumado una nueva versión de lo que la periodista norteamericana Naomi Klein ha denominado el “Estado corporativista”, o sea, un gobierno donde en la práctica desaparecen las líneas divisorias entre las funciones públicas y los grandes intereses empresariales y financieros.

Era de esperar entonces que, al menos dentro del equipo gubernamental, primara la armonía resultante de la coincidencia de intereses. Sin embargo, la variable Donald Trump alteró el resultado de la ecuación. Solo ello explica la disfuncionalidad que estamos viendo en el actual gobierno de Estados Unidos.

Egocéntrico, ignorante, grosero y pendenciero, Trump es una máquina de producir enemigos. Incapaz de lidiar con cualquier ser humano que no le rinda culto y obedezca sin chistar la más descabellada de sus órdenes, Trump ha roto con cualquier apariencia de gobierno colegiado. El premio Nobel Paul Krugman lo comparó con un huracán que ha barrido con las reglas de la administración pública estadounidense.

Los escándalos, renuncias y sustituciones han sido una constante en los apenas ocho meses de su administración, así como andan en curso varias investigaciones que involucran al presidente, sus familiares y colaboradores más cercanos. A pesar de contar con mayoría en ambas cámaras, Trump no ha podido unificar a su propio partido y concretar las legislaciones que garantizan su agenda política.

Sus conflictos personales abarcan a una amplia gama de personalidades públicas, el mundo artístico y la prensa, que ha mantenido un acecho constante sobre su gestión. Ha insultado a comunidades enteras, desde los musulmanes a los latinos, y ha sido particularmente insensible ante tragedias como las de Puerto Rico y Las Vegas.

Es difícil encontrar a otro presidente que en tan poco tiempo haya dañado más la credibilidad de Estados Unidos en la arena internacional. Las relaciones con los aliados pasan por su peor momento y han sido proverbiales sus encontronazos con otros líderes extranjeros, quienes por lo general lo perciben con una mezcla de desconcierto, temor y desprecio. No parece que Trump respete a alguien, con la excepción de Vladimir Putin y por eso lo andan investigando.

Tanto hacia lo doméstico como en política exterior, Trump se ha comportado como un pirómano obsesionado con prender fuego a todo lo que huela a Barack Obama. Hasta el punto, que un senador republicano tan prominente como Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones de esa cámara y uno de los pocos que lo apoyó en la campaña, ha dicho públicamente que Trump conduce al mundo por el camino a la tercera guerra mundial.

Donald Trump resulta tan tóxico para el funcionamiento del sistema norteamericano y el capitalismo en general, que no es descartable su remoción antes de que concluya su mandato, como auguran algunos. Las elecciones parciales del próximo año, serán un indicativo de la fuerza de esta tendencia.

Sin embargo, esta problemática también puede ser analizada desde otra perspectiva. Si bien la conducta de Trump es disfuncional para el sistema, no necesariamente lo es para sus propias aspiraciones políticas ni sus intereses personales, debido a que el sistema se ha tornado disfuncional en sí mismo.

Desde el fin de la guerra fría, la industria militar norteamericana y los servicios asociados a ella se han visto precisados a “inventar” conflictos para sostenerse. Es lo que se llama “la economía del desastre”, que tuvo su apogeo durante la administración de George W. Bush. En esencia, lo que conviene a estos grupos nacionales y transnacionales no es la estabilidad mundial sino el caos selectivo y Trump se pinta solo para ayudarlos.

Es predecible que recibirá el apoyo de estos sectores, muy influyentes en  la política norteamericana, da igual cuantos secretarios renuncien o despida, cuantas críticas reciba de la prensa, cuantas manifestaciones se realicen en su contra o cuantos dignatarios extranjeros se escandalicen con sus acciones. Lo dejarán vivir su “reality show”, como también dijo Corker, y solo importará mantenerlo dentro de ciertos límites, para impedir que acabe con el mundo.

Para enfrentarse a sus opositores, Trump también cuenta con una base electoral que no ha disminuido a pesar de sus dislates. La razón es que Donald Trump hay más de uno, digamos que el 30 % del electorado. Cuando Trump hace declaraciones apoyando el maltrato de las minorías; amnistía al aguacil Joe Arpaio, torturador de inmigrantes, o reclama sanciones para los atletas que critican el racismo, sabe que está  complaciendo a estas personas.

No son mayoría, pero pueden ser suficientes para elegirlo, debido a que usualmente apenas vota el 50 % del padrón electoral. Resulta difícil contraponerlos porque los demócratas atraviesan su propia crisis de credibilidad, porque prácticamente no existe una izquierda organizada, porque los sindicatos no están en capacidad de representar a los trabajadores y los movimientos sociales están dispersos y divididos.

Lo más probable es que si Donald Trump pierde las elecciones de 2020, a las que prácticamente ya anunció su candidatura, no será por la potencia de un candidato opositor que el sistema norteamericano no está en condiciones de producir, sino por su propia capacidad para movilizar a tanta gente en contra.

Quizás sea Donald Trump quien a la larga derrote a Donald Trump, mientras, hay que temerle a los twitters.

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2 Responses to Donald Trump contra Donald Trump

  1. Estoy de acuerdo con casi todo lo expuesto por Jesus Arboleya en su articulo sobre Trump, peeo no coincido en que el sistema politico norteamericano no sea capaz de,producir un buen candidato que ae lo oponga en las elecciones de 2020. Un ejemplo de presidentes pocos conocidos hasta 2 años.antes de su campaña es Barack Obama. Además queda por ver si Trump termina su mandato.. Algunas de las investigaciones pendientes podrían resultar en que lo “impeach” o remuevsn de su cargo mediante un proceso legal, utilizado muy pocas veces, pero que pudiera estar justificado. Afortunadamente en EEUU existe,la división de,poderes y una prensa libre que protegen al pais del peor presidente en su historia.

  2. El Sr Arboleya realiza un articulo 100% de opinion, no es nesesario estar de acuerdo con la opinion del autor, ni verificar hechos, pues en esencia es la opinon personal del sr. Arboleya.
    Que bueno seria si las personas en Cuba pudieran hacer lo mismo, presentar una articulo de opinion en la prensa nacional, ya fuera alabando o criticando. Al fin y al cabo es una opinon.
    Me recuerda el chiste de Jimmy Carter,,, ” un americano puede criticar a Jimmy Ccarter todo lo que quiera en USA, a la vez un cubano puede criticar a Jimmy Carter en Cuba todo lo que quiera”, Osea a Fidel, Raul etz no se puede..

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