LA HABANA. Ulises es fanático del Real Madrid y vive al final de un pasillo. Ambas características lo convierten en un hombre como cualquier otro. Pero todo el tiempo hay alguien que pregunta por él, que lo llama a gritos. Porque Ulises Sobrino Castro es delegado de circunscripción en el nunca bien reputado barrio del Canal, en el Cerro.

Ha ejercido durante tres mandatos, siete años y medio. Ahora ya no piensa seguir: necesita unas vacaciones. “Uno sufre, uno sufre… Porque hay personas que vienen llorando por un problema, y tú quieres mover cielo y tierra; pero después tienes que regresar y decirle que espere, o que busque un plan B”.

Cuando empezó —por supuesto—, tenía un montón de proyectos, quería comerse el mundo. Sin embargo, a poco se dio cuenta de que no sería tan fácil —por supuesto—. “Somos muchos delegados, muchos pedidos y situaciones a resolver. Eso hay que explicárselo a la población: todo tiene su tiempo, hay prioridades…”.

A pesar del tono diáfano de la conversación, se le escapa el lenguaje funcionarial; padece los eufemismos propios del ámbito donde se mueve. La jerga burocrática es un gran museo del lugar común, y la gente oye hablar sobre la “escasez de recursos”, el “impacto del bloqueo”, “la situación del país”… y es como si escucharan el viento correr.

“Yo trato de evitarlo, pero a veces es la verdad… Otras veces sí he tenido que ganar tiempo, porque no he seguido el tema con toda la intensidad; también hay asuntos que se las traen…”.

Aun así, existen resultados para mostrar. El delegado se enfocó en la carencia de ciertos servicios, una queja bastante repetida entre los electores. Y donde antes había un solar yermo, ahora aparecen un puesto de viandas, un kiosco en CUC, y una sucursal bancaria que algunos ancianos llaman “el banquito”. “Es mi comunidad también: estoy trabajando para los demás y para mí, para mi familia”.

Ulises destaca que no son logros suyos, sino obras de la gestión colectiva. En cambio, ironiza sobre los delegados “cuentapropistas”, aquellos que resuelven a título personal, “tienen contactos, ven los movimientos…”. Lo que ellos consiguen —asegura—, son cambios pequeños, efímeros.

En el municipio suman 85 delegados de circunscripción. Los primerizos reciben una especie de curso intensivo que repasa las legislaciones y el trabajo del gobierno. Sin embargo, no es suficiente. “Yo soy un político sin prepararme”, sentencia Ulises. “Además, esas leyes ya llevan bastantes años, y todo cambia, la dialéctica funciona. Entonces hace falta interpretarlas y ver cómo se adecuan a la realidad actual”.

Y en el Canal, la realidad tiene patas peludas. Tal vez con un poco de pena, el delegado baja la voz para enumerar las dificultades: indisciplinas sociales, hacinamiento, pocos espacios de recreación, alcoholismo, incluso desde edades muy verdes. Muchos edificios múltiples y solares —“ciudadelas”, en el idioma oficial—. Sobre todo, hay gente que se quedó detrás. “Las personas que van avanzando, que pudieron estudiar o tuvieron suerte en su vida, se alejan de este barrio.”

Su diagnóstico observa pérdida de líderes comunitarios natos, y un retroceso en las buenas costumbres y la conciencia social. Cada quien mira más hacia lo suyo y menos a lo de todos. Sin embargo —recupera el optimismo—, “hemos mejorado: mira, los índices de robo son bajos, y el tema de los viales está resuelto”. Sí se notan conflictos de convivencia y amenazas, pero hasta ahí.

Ulises se siente cansado. De hecho, llegó a pedir su renuncia —aunque luego lo reconsideró—, y en este último mandato otros delegados también solicitaron ser liberados. Por eso él cree que debería limitarse el tiempo en el cargo. “La motivación de uno va bajando, y otra persona quizás tenga otra visión. Puede ser alguien más joven, más preparado, más práctico”.

También aboga por que el presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (AMPP) no sea el mismo que el presidente del Consejo de la Administración, como ocurre ahora. “Yo he tenido que preguntar con quién estoy hablando, porque a él lo evalúan por dos cosas; tiene que ser dos personas”.

Por una parte los delegados, y por otra las entidades administrativas. “Es un enfrentamiento: el presidente lleva los problemas y la solución. No sé cuáles han sido los resultados del experimento en Artemisa y Mayabeque, pero sería muy útil separar esas funciones”.

El jurista Michel Fernández afirma: “La figura del delegado a las AMPP es la más democrática del sistema político cubano, partiendo desde su elección, rendición de cuentas y posibilidad de revocación; sin embargo, su actuar práctico está muy limitado, ya que tiene muy pocas facultades concretas de decisión en temas esenciales para la comunidad, funcionando más bien como un tramitador o intermediario de los reclamos populares ante los órganos de gobierno local”.

Ulises está de acuerdo, en parte. “Hay momentos que es así, pero hay otras cuestiones donde el delegado juega un papel fundamental”. Se refiere a la labor pedagógica con la gente (por ejemplo, clamar por la limpieza comunal); o acompañarlos a hacer un trámite.

Aunque les da el empujón, prefiere que los aquejados se muevan por sí mismos, “para que vayan viendo sus derechos como ciudadanos, el valor de su palabra”. No obstante, ha visto cómo el trato es diferente cuando él está.

Sus momentos más felices en el cargo: ganar las elecciones. Sonríe al decirlo, y agrega que ha tenido bastante mayoría. Lo más difícil: las asambleas de rendición de cuentas.

“Creo que la población no le da la importancia que merece ese espacio. A mí me gusta que hablen, que planteen, que pregunten… porque es la comunidad de uno, es un problema que se va a resolver para el futuro… Yo veo bien que haya uno solo por casa. No me interesan tanto los porcientos de asistencia, sino quiénes vengan a la reunión; casi siempre, la persona con más paciencia de la familia, la que se expresa mejor… eso es perfecto. Yo prefiero la calidad ante el número”.

También le quedan frustraciones: dos casos sociales críticos, “que no se han dejado ayudar”. Porque se ha topado de frente con eso humano inextricable, al estilo del borracho que bebía para olvidar que bebía. Por ejemplo, en un derrumbe ayudó a cargar un televisor de pantalla plana y 200 CDs. Y no entendió por qué, con el dinero que costó eso, mejor no arreglaron la casa antes de que se cayera.

Ulises estudió química industrial, y ahora es administrador en una empresa. Como “representante político de la comunidad” —subraya el término—, le ha pasado de todo, hasta que lo busquen para interceder en una discusión, o para que hable con esa muchacha que le está siendo infiel a su marido. Cuando menos, eso significa el reconocimiento de su autoridad.

Al final, surge la preocupación ¿Y si se busca un problema por la entrevista? Le recuerdo que voy a usar su nombre completo, y además estará su foto. “Sí, sí, no importa. De todas maneras, el delegado siempre está en problemas”.

Foto de portada: Barrio El Canal, en el municipio Cerro, La Habana / Tomada del blog Segunda Cita.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente original y el autor.

Artículos relacionados

One Response to “El delegado siempre está en problemas”

¿Cuales piensa usted son las probabilidades que a Trump lo acusen (impeach) en 2018?

Ver resultados

Cargando ... Cargando ...

Progreso Semanal, fundado por Francisco G. Aruca, es una publicación independiente con carácter progresista.
Editor: Álvaro Fernández
1602 Alton Road, Suite 28 Miami Beach, FL 33139.
Copyright © 2018 Progreso Weekly, Inc. Todos los derechos reservados