¿“Ataque sónico” contra diplomáticos en Cuba? Estos científicos lo dudan

Un enigma científico se encuentra en el centro de una extraña confrontación entre Estados Unidos y Cuba.

Según el Departamento de Estado, casi dos docenas de diplomáticos en la Embajada de Estados Unidos en La Habana han sufrido una variedad de misteriosos síntomas médicos, incluyendo pérdida auditiva y dificultades cognitivas.

Después de llegar a la conclusión de que los empleados fueron víctimas de un ataque furtivo, el departamento retiró personal no esencial de La Habana y emitió una alerta para advertir a los estadounidenses de no visitar Cuba. El martes, el gobierno de Trump expulsó a 15 diplomáticos cubanos de Estados Unidos.

El Departamento de Estado no ha proporcionado más detalles acerca del estado de salud del personal afectado. Pero funcionarios del gobierno han sugerido en forma anónima que los diplomáticos pueden haber sido agredidos con algún tipo de arma sónica.

Los expertos en acústica, sin embargo, dicen que es una situación más apropiada para una película de James Bond.

El sonido puede causar incomodidad e incluso daños graves, y los investigadores han explorado durante años la idea de un armamento sónico. Pero los científicos dudan de que un arma oculta de ultrasonido pueda ser la explicación de lo que pasó en Cuba.

“Yo diría que es bastante inverosímil”, dijo Jurgen Altmann, físico de la Technische Universitat en Dortmund, Alemania y experto en acústica.

Durante décadas, los investigadores militares trataron de transformar el sonido en un arma no letal que podría detener a los soldados enemigos.

“¿Por qué andar por ahí con bastones y armas de fuego cuando se puede utilizar algo simple, como un generador de sonido?”, Dijo el doctor Geoffrey S.F. Ling, neurólogo de la Universidad Johns Hopkins y exdirector de la Oficina de Tecnologías Biológicas de la Agencia [federal] de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa.

El Pentágono financió el desarrollo de altavoces para producir ondas de sonido de largo alcance. La Marina los utiliza para alejar a los piratas, mientras que el Ejército los despliega en puntos de control. En los últimos años, la policía ha utilizado los llamados dispositivos acústicos de largo alcance para dispersar multitudes, como las de las protestas en Ferguson, Missouri.

Pero estas armas funcionan porque son insufriblemente ruidosas, y si se hubiera usado una en Cuba contra los diplomáticos no habría misterio al respecto. Por lo tanto, la especulación ha girado alrededor de otra posibilidad: un dispositivo que produce un sonido fuera del alcance del oído humano.

Una posibilidad es el infrasonido –sonido de baja frecuencia que los humanos no pueden oír. Un informe de 2002 del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental señaló que los militares habían tratado de convertir el infrasonido en un arma, pero no habían tenido éxito porque es difícil enfocar las longitudes de onda.

El efecto primario del infrasonido en los seres humanos “parece ser una molestia”, concluyó el informe.

El ultrasonido es la posibilidad más probable. A frecuencias superiores a 20 000 hertzios, más allá del oído humano, el ultrasonido puede dañar tejidos si se produce con suficiente potencia.

Los médicos usan haces enfocados de ultrasonido para destruir cálculos renales. Hace  décadas, los investigadores crearon en los laboratorios haces de ultrasonido intensamente  poderosos que pueden matar a un ratón a corta distancia.

Los rayos de ultrasonido menos potentes no causan lesiones y tienen una variedad de usos en la medicina, incluyendo escaneos médicos de rutina. Pero hay evidencia anecdótica de ciertas intensidades que pueden hacer que la gente se sienta muy incómoda.

Steven L. Garrett, que fue profesor de Acústica en la Universidad Estatal de Penn antes de retirarse el año pasado, solía hacer demostraciones para sus estudiantes con rayos de ultrasonido. A menudo sentía náuseas y dolor de cabeza; finalmente decidió usar equipo de protección.

“No los utilizamos más, a no ser que usáramos no solo tapones en los oídos, sino orejeras sobre los tapones para los oídos”, dijo.

Desafortunadamente, anécdotas como esta constituyen casi todo lo que los científicos saben acerca de los efectos de la ecografía en la salud. “Los datos son muy escasos”, dijo Timothy Leighton, profesor de Ultrasonido y Acústica Subacuática en la Universidad de Southampton.

Es difícil hacer que las personas que informan de los síntomas se ofrezcan como voluntarios para estudios, dijo. Y aunque los militares también han investigado armas basadas en sonidos más allá del espectro audible, abandonaron importantes proyectos de investigación en la década de 1990.

Incluso si otros hubieran tenido éxito en el desarrollo de un arma ultrasónica, dijeron los investigadores, las leyes de la física hacen poco probable que el dispositivo pudiera dañar a los diplomáticos desde lejos.

“El ultrasonido no puede viajar una larga distancia”, dijo Jun Qin, un ingeniero acústico de la Universidad de Illinois del Sur. Mientras más lejos vaya el sonido, más débil se hace. Y, señaló el doctor Garrett, la humedad en un lugar como La Habana lo debilitaría aún más.

Adicionalmente, la mayor parte de un haz de ultrasonido rebotará en la fachada de un edificio. El poco sonido que atravesaría las paredes sería de una frecuencia menor, menos dañina.

Una forma de superar estos obstáculos sería usar un arma más grande. Pero un vehículo enorme coronado con un gigantesco cañón de sonido delante de las residencias diplomáticas probablemente no pasaría desapercibido.

“Si está hablando de un fusil de rayos que noquea desde cien metros de distancia a alguien con ultrasonido que no puede oír–eso no va a suceder”, dijo el Dr. Leighton.

Por otro lado, un dispositivo emisor de ultrasonido situado dentro de un edificio podría estar lo suficientemente cerca y ser lo suficientemente poderoso como para causar daño a los ocupantes. Pero incluso una pared interior bloquearía sus ondas.

Un emisor más pequeño colocado aún más de cerca, tal vez en la almohada de alguien, podría lograr el efecto, dijo el Dr. Qin. Pero es difícil creer que un dispositivo así podría escapar la atención. En teoría, un edificio podría estar repleto de pequeños emisores; sin embargo, los expertos dijeron que era improbable.

Y aunque el ultrasonido puede causar muchos de los síntomas reportados por los diplomáticos, no hay evidencia de que pueda causar una leve lesión cerebral.

“No conozco ningún efecto acústico que pueda causar síntomas de conmoción”, dijo el Dr. Altmann. “El sonido viajando por el aire no puede sacudirle la cabeza a una persona”.

Por todas estas razones, dijeron los expertos, las armas de ultrasonido no deben encabezar la lista de posibles explicaciones para la pérdida de la audición, dolores de cabeza y otros síntomas que se dice que se han observado en los diplomáticos.

“Creo que a esas personas les sucedió algo que les hizo daño”, dijo el Dr. Qin. “Pero podría ser algo en el ambiente”. Las posibilidades incluyen toxinas, o infecciones bacterianas o virales, que pueden dañar la audición.

Leighton dijo que la ansiedad contagiosa u otro contribuyente psicogénico no podían ser descartados. “Si pones ansiosa a la gente diciendo que están bajo el ataque de un arma de ultrasonido, esos son los síntomas que se obtendrán”, dijo.

Será difícil ahora buscar entre todas esas posibilidades.

Si se hubiera usado una misteriosa arma ultrasónica de alta tecnología, debería haber sido fácil obtener la evidencia mientras el ataque se estaba relizando, dijo el Dr. Garrett. Los micrófonos de los teléfonos celulares son a menudo sensibles a los sonidos ultrasónicos, señaló, y las aplicaciones de iPhone comúnmente disponibles podrían haberlo revelado.

Falta ahora que los investigadores examinen a los diplomáticos en busca de daños físicos reveladores, como tímpanos dañados.

“Creo que perdieron su oportunidad” de encontrar la causa, dijo. “Hubiera sido pan comido”.

Foto de portada: La Embajada Americana en La Habana. El Departamento de Estado retiró personal no esencial después de que los diplomáticos tuvieran misteriosos síntomas médicos. Alejandro Ernesto / Agencia Europea de Prensa

(Tomado de The New York Times)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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