LA HABANA. Para nadie es un secreto que la población cubana ha ido envejeciendo aceleradamente. La definición clásica de envejecimiento de la población establece el aumento de la proporción de personas de edad avanzada en relación con el resto de la población, pero también se ve como la inversión de la pirámide de edades, debido a que el fenómeno no es solamente un aumento de la proporción de ancianos, sino también una disminución de la proporción de niños y jóvenes menores de 15 años.

En Cuba, en 1978, la población de adultos mayores rebasaba ya el 10 % de la total. En la actualidad alcanza el 15,1 % y una esperanza de vida de alrededor de 78 años. Este crecimiento, sumado al hecho de la reducción de los cohortes de nacidos implica un estrechamiento de la base de la pirámide poblacional y un ensanchamiento de parte de la cúspide. Se cree que para 2025 casi 1 de cada 4 cubanos será un adulto mayor, y la edad promedio que se calcula es de 44 años.

Todos vamos para allí. Y Cuba comenzó, desde el mismísimo 59, a efectuar cambios radicales en la atención médica de la población. Con la Ley 24 de Seguridad Social, que empieza a ponerse en vigor en los 80, se amplían los servicios de Geriatría del Sistema Nacional de Salud, surgen los círculos y casas de abuelos y más adelante, en los 2000, se funda la universidad del Adulto Mayor.

Sin embargo no todos somos conscientes del envejecimiento que nos acecha, el nuestro propio y el de la población en general. Vivir en un país con carencias es ya un potencial para acentuar el desgaste físico y emocional que va degenerando células y sistema inmunológico. Para colmos a diario asistimos también a un sol y una humedad que nos agota y nos expone a enfermedades de la piel y el sistema respiratorio. Nos vemos hermosos en nuestro colorcito tropical, pero a la larga la piel recuerda lo que se le ha castigado ante los rayos UVA, y lo mínimo que ocurre es que las arrugas salen antes, y las canas, y las manchas, y del cáncer ni hablar.

En su afán por ir viviendo el día a día el cubano no es consciente de lo expuesto que está a envejecer más pronto y de lo pronto que este país será también un país envejecido, con todo lo que ello implica: la disminución del rendimiento intelectual y físico, las demandas de atención médica, de medicamentos, de personal al cuidado, y estructuras físico-ambientales y de entorno que resultarán imprescindibles.

En 2014, ya se había programado una reestructuración y restauración de los hogares y asilos para personas mayores. Con un presupuesto de 66 millones de pesos se pretendía potenciar la calidad de vida del anciano a través de la ampliación de las capacidades y comodidades, así como la eliminación de barreras arquitectónicas en estos locales. Muy de cerca se ha seguido tal proyecto, sin embargo hoy vemos deterioro y descuido donde se pretendía un estado constructivo con confort, el cumplimiento del índice de no hacinamiento, y hasta un local para peluquería o barbería, lavandería, entre otros servicios.

En Cuba se padece del terror de enviar a nuestros mayores a los asilos porque es parte de nuestra idiosincrasia, por desconocimiento y por el estigma que tienen esas instituciones, donde el pollo es ripiado porque así rinde más para el viejito que tiene la trabajadora en su casa, donde muy grotescamente el espejo del baño consta solo del marco porque a alguien le hizo falta el cristal azogado y a estos viejos no les hace falta estar mirándose las arrugas, donde solo una de cada diez será una enfermera cariñosa.

Sin embargo habría que ir educando a la población en reconocer estos espacios como los adecuados para la socialización e intercambio de los adultos mayores con personas de su misma edad e intereses etarios, así como el lugar en el que recibir atenciones y tratamientos del tipo físico y sicológico más personalizado y especializado. También habría que promover la posibilidad de plazas para los hogares de día o casas de abuelos como una alternativa que no separa del todo al anciano de su familia. Pero para todo esto tendría que existir la infraestructura, la cifra, el espacio.

Mientras grande es el reto logístico y económico para el Estado cubano, mayor debería ser en función de educar al pueblo en esta ya inminente nueva circunstancia. Trabajar con el que es ya un adulto mayor no es suficiente, habrá que enseñar al cubano a envejecer, a mejorar sus hábitos de vida, pero habrá que propiciar que puedan mejorarse estos y me refiero sobre todo a la variedad posible en la alimentación, a la educación alimentaria de la mano de una correcta estrategia de abastecimiento.

No son suficientes los spots publicitarios y los libros de autoayuda cuando uno ya ha aprendido que debe protegerse del sol y son carísimos los bloqueadores solares, y las sombrillas son de MUY mala calidad. De menos vale que la gente sepa que debe comer frutas y vegetales, y que una alimentación variada prolonga la vida, previene el cáncer y los problemas cardiovasculares, entre todo lo demás, si ya nadie sabe bien listar más de tres platos fuertes después del pollo, el huevo y la carne de puerco. Y cuando hablo de nadie no hablo, por supuesto, del otro tercio de Cuba que no solo sabe listar un montón de otros alimentos, sino que puede acceder a ellos con facilidad. Pero a esos también habrá que enseñarlos a alimentarse. No es cuestión tanto de abundancia como de balance.

Le queda a Cuba pensarse una nueva estructura para promover los nacimientos. Para promoverlos de verdad, porque desde que se está hablando al respecto la gente tiene la misma situación y hay familias donde dos es multitud: “¿Parir?, ¡ni muerta!” Hará falta repensarse en serio el problema d la emigración, q protagonizada x jóvenes o adultos jóvenes nos deja sin fuerza d trabajo y calificación profesional. Harán falta disposiciones que nos permitan llegar a viejos con alguna fuerza como para seguir haciendo los trabajos que ya no habrán muchos para hacer. No habrá relevo suficiente, sangre nueva, y una de las cosas que mengua el entusiasmo es la falta de fe, el cansancio de 40 o 50 años de trabajo sin mucha satisfacción, o con más insatisfacciones que esas que se tienen de todos modos porque seguimos siendo gente que se empeña y sueña y se siente realizado con al menos un ítem de su sueño cumplido.

Tendremos que aprender a envejecer desde la individualidad, desde la familia, desde la creatividad (como todo para el cubano). Cada uno deberá hacerse responsable, pero hará falta una infraestructura que deberá facilitarnos el país. Mi tía Elena no se cansa de decir que a ella sí que le practiquen la eutanasia cuando cumpla los 60. A mí no, a mí me encantaría ser una señora muy vieja, pero quiero seguir teniendo unas alas enormes.

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One Response to Viejos en Cuba, pero sin perder las alas

  1. Realmente no estamos preparados para una poblacion envejecida. No hay una infraectructura que soporte tantos ancianos. Las aceras rotas dificiles para los viejitos, falta de bastones, zapatos comodos, facilidad para protesis auditivas y dentales, correccion de la vista y espejuelos, precario transporte para el traslado, pañales desechables, medicamento y un monton de etceteras mas. Pero lo peor de todo es las penciones extremadamente bajas que no les alcanza para comer, vestir y comprar medicamentos, para no hablar de la distraccion y actividades sociales.

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