Tragedia en hogar de ancianos de la Florida NO es un misterio

MIAMI. La peor pérdida de vidas humanas en la Florida a raíz de Irma no ocurrió en una de las ciudades bajas de los cayos de la Florida, donde el ojo de la tormenta llegó a tierra con toda su fuerza.

No ocurrió en Cayo Hueso, con mucho el centro poblacional más grande cercano a donde Irma tocó tierra.

No ocurrió cuando el viento, la lluvia y la penetración del mar estaban sembrando muerte.

Y no ocurrió como consecuencia inevitable de un desastre natural.

Por el contrario, este trágico drama no habría sucedido sin una familiar combinación de:

(a) atención médica de bajo nivel al estilo de Estados Unidos; (b) la adicción republicana de hacer daño a los ya dañados y a reconfortar a los que ya están cómodos, como lo demuestran las leyes promulgadas o no promulgadas por la legislatura de la Florida, dominada por los republicanos; (c) una confluencia de decisiones malas y / o inexplicables por parte de actores individuales presentes o en la cercanía.

La peor tragedia humana ocurrió días después del huracán, en un asilo de ancianos de Hollywood, a pocos kilómetros al norte de la frontera entre los condados de Miami-Dade y Broward. Allí, ocho personas de la tercera edad murieron innecesariamente después de varios días viviendo bajo un calor sofocante en el Centro de Rehabilitación en Hollywood Hills, el cual perdió su aire acondicionado cuando golpeó la gran tormenta.

Justo al frente de la casa del asilo está el hospital Memorial Regional, que tenía funcionando el aire acondicionado y una sala de emergencias capaz de tratar a los pacientes en situación crítica.

Pero ningún paciente fue trasladado al hospital hasta que los técnicos de emergencia del departamento de bomberos que respondieron a una llamada al 911 encontraron a tres personas muertas en el segundo piso del asilo.

En 2006, se presentó un proyecto de ley en la legislatura de la Florida que exigía que todos los asilos de ancianos instalaran generadores capaces de enfriar y permitir el funcionamiento de sus instalaciones, según lo reportado durante el fin de semana en The Miami Herald.

El proyecto de ley debería haber sido aprobado con facilidad en la legislatura estatal. La Florida tiene uno de los mayores porcentajes de personas de la tercera edad en el país. El estado está lleno de hogares de ancianos donde algunos de los residentes requieren oxígeno solo para mantenerse con vida. Otros pacientes están delicados o tienen un estado médico que los hacen susceptibles a morir si se exponen a altas temperaturas durante muchas horas, o peor, durante varios días.

Los cortes de energía son especialmente comunes en un estado que se encuentra en el camino de los huracanes que pueden eliminar la electricidad en una gran área durante períodos prolongados. Los huracanes ocurren en verano o a principios del otoño, cuando las temperaturas son aún más altas que de costumbre.

La combinación de una enorme población vulnerable alojada en hogares de ancianos y las temibles tormentas, que azotan con frecuencia al estado durante los meses más calurosos, debería haber hecho evidente que la propuesta de 2006 obligara a los hogares de ancianos a tener generadores. En su lugar, los legisladores lo convirtieron en un fracaso seguro.

La razón es clara. En Estados Unidos, bajo nuestro sistema de medicina mercenaria, la “atención a largo plazo” es una “industria”, y las industrias tienen cabilderos que son hábiles en endulzar la píldora o destrozar a los legisladores. La industria eléctrica, a saber, Florida Power and Light (FPL), también tiene cabilderos, y a la FPL no le gusta la idea de personas o instituciones que usan fuentes alternativas de energía, ya sean paneles solares o generadores.

La legislatura estatal republicana casi invariablemente cumple con los deseos de los cabilderos para toda clase de industrias poderosas, sin importar el interés público o el sentido común. Las personas que se lastiman, como los guías de pesca que tratan de vender sus servicios en áreas costeras muy contaminadas por los desechos generados por los agronegocios o los pacientes de hogares de ancianos, no tienen defensores tan influyentes en la capital del estado.

Este tipo de colusión culposa entre los intereses creados y los políticos es el procedimiento operativo normal en Tallahassee. Pero lo que sucedió en 2006 en la ultraderechista Cámara de Representantes va más allá de la corrupción elegante de la política por parte de los intereses especiales y la influencia. En una cuestión de vida o muerte, la legislatura no sólo eliminó la legislación que ordenaba que hubiera generadores en los hogares de ancianos, sino que la Cámara Baja rechazó incluso un débil proyecto de ley que habría requerido que solo algunos asilos tuvieran generadores. Eso es criminal.

El departamento de policía de Hollywood ha iniciado una investigación acerca de lo que sucedió exactamente en el Centro de Rehabilitación de Hollywood Hills. Eso es necesario. El video casero filmado por familiares de los pacientes en el hogar de ancianos muestra que muchos de los residentes estaban en evidente dificultad. Es impensable que el personal no se diera cuenta.

La decisión de trasladar a los pacientes al hospital al otro lado de la calle debió haber sido otra obviedad. ¿Por qué nadie tomó la iniciativa y terminó por hacerlo? Sus jefes en el Hospital Larkin, que controla el hogar de ancianos, ¿vetaron la idea? Y si fue así, ¿por qué?

Se debe hacer responsable de la tragedia al personal del hogar de ancianos. Pero no debería terminar ahí. La última culpa recae en la legislatura estatal, que en 2006 actuó con absoluta  irresponsabilidad y una absoluta falta de preocupación por la vida humana.

¿Quién le exigirá responsabilidad? ¿El pueblo de la Florida? Podemos tener esa esperanza. Pero por otra parte, ese pueblo eligió a todos esos idiotas a la legislatura.

Traducción e Germán Piniella para Progreso Semanal.

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