Crueles conos de incertidumbre

Vivir en un cono de incertidumbre es infernal. Aquí en Miami, esperando a Irma, vivimos día a día en el cono de la incertidumbre. A medida que el huracán crecía a un tamaño monstruoso y acumulaba una potencia temible, a medida que se acercaba y apuntaba al sur de la Florida, a medida que el cono se hacía cada vez más estrecho, lo que había sido una pizca de preocupación en lo más recóndito de la mente se convirtió en alarma, angustia.

Para agregar incertidumbre a la incertidumbre, el cono siguió cambiando, la tormenta se desvió y terminó por causar estragos en los 67 condados de la Florida. En Miami, a diferencia de los cayos de la Florida, esquivamos la gran bala, en su mayor parte, en la mayoría de las áreas. Pero soportar la vida en el cono de la incertidumbre, incluso durante solo una semana o dos, le inquieta a uno y le deja un rastro psicológico que perdura mucho después de que la tormenta ha desaparecido.

En medio de Irma y su cono de incertidumbre, el gobierno de Trump decidió crear su propio cono de incertidumbre al eliminar la protección a la deportación de casi un millón de jóvenes inmigrantes indocumentados que entraron en este país siendo niños.

Estos “estadounidenses en todo, menos en papeles”, protegidos de la deportación (y el miedo, la incertidumbre y el trauma asociado) por un programa de la era de Obama conocido por DACA, proseguían con sus vidas: trabajando, asistiendo a la universidad, sirviendo en las fuerzas armadas, creando familias.

Lejos de ser perfecto, DACA había proporcionado al menos una sensación de seguridad y tranquilidad. Ahora eso ya no existe. El deplorable dúo de Trump y Sessions, el eje del racismo, arrojó un cono de incertidumbre sobre el resto de sus vidas. Si Irma fue naturaleza pura, inevitable, esto es crueldad pura al deshacer DACA. Innecesario. Perverso. Evitable.

Las reacciones indignadas llegaron rápidamente. Las protestas estallaron en docenas de ciudades alrededor del país. El presidente de Harvard envió una carta a la comunidad universitaria condenando la acción. El sistema de la Universidad de California, el más grande del país, anunció su intención de demandar al gobierno federal. Muchas otras instituciones y organizaciones de derechos civiles también llevarán al gobierno federal ante los tribunales por el asunto de DACA.

La administración justificó su decisión acerca de DACA con un puñado de falsas razones. El fiscal general Jeff Sessions dijo que estaba haciendo respetar la ley. Donald Trump dijo que ama a esos jóvenes mientras los apuñala por la espalda, y luego dio al Congreso seis meses para arreglar un problema de su propia creación, consciente de que este Congreso no puede arreglar nada. Otros defensores de destruir DACA dijeron que su desaparición liberaría empleos para los estadounidenses verdaderos.

Todo el disimulo y el pasarle el muerto a otro demuestra la inconciencia de los poderosos que tomaron la decisión de DACA de que están perpetrando un error de dimensiones históricas que se clasificará en los anales de la infamia justo por debajo de separar a los indios (apartes pero iguales) y la internación japonesa.

Entonces, ¿por qué lo están haciendo? No por razones económicas, no para crear empleos para los estadounidenses, eso es seguro. Paul Krugman, un eminente economista, evisceró el argumento económico en las páginas de The New York Times. Como señala Krugman, una inyección de sangre joven en el mercado laboral es justamente lo que necesita la economía de Estados Unidos. Es una bonanza, no una carga. El envejecimiento de la población está desplazando rápidamente la relación de dependencia –el número de personas que trabajan, ganan y pagan la seguridad social en comparación con el número que cobra jubilación o que vive como hijos dependientes– en la dirección equivocada.

Los países de Europa Occidental, muy por delante de Estados Unidos en la transición a una población envejecida, matarían para tener un millón de personas del calibre de los soñadores –como se conocen los que se encuentran en la mira de Trump. Los líderes de este país preferirían ponerlos en un cono de incertidumbre y ansiedad durante seis meses, aterrorizarlos y luego probablemente eliminarlos.

¿Por qué? Una vez que se rechazan toda la justificación falsa y los argumentos falaces, uno se queda con una causa. Sangre y tierra, como cantaban entonces los nazis y ahora los fascistas  estadounidenses. Es racismo y más. La raza blanca superior no sólo es intrínsecamente más inteligente, sino también habla el lenguaje universal, tiene la mejor cultura, mayor valentía. ¿Por qué permitir que una raza mestiza, inferior en todos los sentidos, emerja y asuma el control? ¿Por qué dejar que cientos de miles de ellos se queden y se reproduzcan?

Donald el Terrible se levantó a tiempo para evitar el fin de la dominación anglosajona blanca. La ley racista de inmigración de 1924 básicamente logró revertir la erosión del predominio blanco anglosajón que se había producido a principios del siglo 19. La actual cruzada anti-inmigrante es un intento de repetir ese tour de force racista. ¿Tendrá éxito?

Respuesta corta: Extremadamente improbable. El mundo de 2017 difiere en tantas maneras que se relacionan con la respuesta que tomaría un libro para analizarlas. Así que he aquí tan sólo una pequeña revelación. El aumento en la población latina de los Estados Unidos hoy proviene más de la procreación que de la inmigración. ¿Qué muro detendrá eso?

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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