El plátano y los huracanes: El eterno recomienzo

LAS TUNAS. “Esta mujercita sopló duro”, dice Julio observando a los platanales arrasados por el huracán Irma. Cómo él, muchos de los campesinos del norte de Las Tunas habían encomendado su suerte a estas plantas hoy partidas o tendidas en el suelo.

Todavía Julio no ha visto las imágenes de lo que le ocurrió a sus colegas del centro del país, donde sí se sintió en toda su magnitud la furia de meteoro, mas para tener una idea no necesita de la televisión, le basta con evocar sus recuerdos de estos mismos parajes hace justamente nueve años atrás, cuando el ojo de Ike pasó por sobre sus cabezas.

“Aquello fue el acabose, al otro día parecía que habían quemado todo. Ahora hay mucho en el piso pero todo sigue verde”, afirma. En su semblante prima el optimismo. “Se nos cayeron muchas áreas que estaba en cosecha, pero ahí tenemos las zonas de fomento. Además, mira el canal con agua. El año que viene tendremos plátano otra vez”, sostiene.

Sin embargo, los cómputos preliminares de las autoridades indican que en general los daños de Irma al plátano fueron severos. En una primera evaluación Alejandro Rodríguez Rodríguez, jefe del departamento de Defensa, Seguridad y Protección del Ministerio de la Agricultura (Minag), informó que en seis provincias (Holguín, Las Tunas, Camagüey, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Villa Clara) las pérdidas solo en las áreas cultivadas de esta vianda ya se calculaban en aproximadamente nueve mil hectáreas.

No es la primera vez que la Mayor de las Antillas se enfrenta a escenarios tan devastadores como los que se están viendo ahora. En 2008 el azote consecutivo de tres huracanes (Gustav, Ike y Paloma) se cobró a 113 mil hectáreas de cultivos en todo el Archipiélago y casi la mitad eran de plátano.

¿Lo veremos solo en fotos?

El plátano cubre la quinta parte de las áreas agrícolas cubanas y representa una de cada dos toneladas de viandas que colectan anualmente en el país. Entre enero y marzo de este año, de acuerdo con las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), se cosecharon 206 mil 300 toneladas de plátano, un poco más de lo acopiado en similar lapso pero de 2016. La mayor parte (87 por ciento) corrió por cuenta de las cooperativas de producción agropecuaria y de créditos y servicios.

Las imágenes vistas hasta el momento presagian una transitoria abundancia de plátano a partir de la recolección masiva del comestible existente ahora en los campos. Luego irremediablemente vendrá una contracción pues hablamos de una planta que se toma no menos de entre ocho y 10 meses en crecer, tratándose de las sepas más pequeñas que por su baja altura hayan sobrevivido a la fuerza de los vientos, o de los llamados “hijos seguidores” que crecerán en las que sufrieron más, pero son salvables. Si se parte de cero entonces la espera se extiende a los 12 meses.

De eso habla Jorge Luis, otro campesino mucho más joven que Julio y cuyas plantaciones de plátano lucen como tierra arrasada. Desde que terminó el servicio militar obligatorio, él regresó a trabajar en el campo; y a pesar de su juventud sabe lo imprescindible para que sus platanales sean lo que fueron hasta hace muy poco.

Los agricultores cubanos parecen haber superado el miedo al plátano. Estimulados por los suministros de fertilizantes y equipos de riego pues tanto ellos como el Estado saben que con todo y los tropiezos “huracanados” sigue siendo este un producto muy lucrativo al tener un lugar privilegiado en la dieta habitual de la población del país.

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