Resulta aventurado analizar los estragos causados por el huracán Irma apenas 24 horas después de salir del entorno cubano. Después de todo, ni siquiera las autoridades de la isla han podido recopilar todos los daños debido a la enorme magnitud de los mismos, según el presidente Raúl Castro.

Todo lo que se ofrece son datos preliminares sobre los perjuicios del mayor huracán formado en el Atlántico. El presidente se refirió a “severos daños en el país” principalmente “en la vivienda, el sistema electro-energético y la agricultura”. Reconoció que hubo golpes en los principales destinos turísticos pero, subrayó “serán recuperados antes de la temporada alta”. En su llamamiento al pueblo cubano, Raúl Castro dejó claro lo que les espera a los cubanos en el futuro próximo y no tan próximo.

“Las jornadas que se avecinan serán de mucho trabajo” y llamó a apretar un cinto ya corrido algunos huecos “con organización, disciplina y la integración de todas nuestras estructuras”.

El presidente cubano afirmó que “saldremos adelante como lo hemos hecho en ocasiones previas”, pero no pudo ofrecer plazos concretos porque “nadie se llame a engaño, la tarea que tenemos por delante es inmensa pero con un pueblo como el nuestro ganaremos la batalla”. “Nadie quedará desamparado”, ratificó, e informó que ha habido muchas muestras de solidaridad en todo el mundo con la isla.

El huracán, sin embargo, tiene que haber causado enormes destrozos en una economía que sólo creció 0.7 % en el primer semestre de este año. El estimado oficial del PIB para el cierre del año en curso era de 2 %, crecimiento que algunos economistas nacionales ponen en duda. Ahora, ante el cuadro dejado por Irma, estas dudas pueden aumentar.

En primer lugar, obligó a pasar a la fase de alarma ciclónica a 14 de las 15 provincias cubanas y excluyó apenas a Pinar del Río, en el extremo occidental, y la Isla de la Juventud, dos territorios usualmente muy castigados.

Todo comenzó, por paradoja, el día de la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad y forzó a cancelar la peregrinación en su santuario de El Cobre, Santiago de Cuba. Fueron tres días de zozobra, del 8 al 11 de septiembre, en que los cubanos quedaron a oscuras por múltiples interrupciones en las líneas eléctricas y con radios de baterías como único acceso a la información. Irma estableció un récord absoluto al mantenerse en categoría 5 por casi 72 horas consecutivas.

Es uno de los pocos de esa magnitud en la escala Saffir-Simpson que ha golpeado directamente la isla. Anteriormente, solo lo habían hecho el huracán de octubre de 1846, el de octubre de 1924, el de noviembre de 1932 y el Fox en octubre de 1952. Incluso el domingo 10 de septiembre los vientos de Irma se extendieron desde Sancti Spíritus hasta Artemisa por 16 horas consecutivas, algo que no ocurría desde el huracán del 18 de octubre de 1944.

Una bondad del caótico desastre natural fue que alivió la sed del país después de tres años de severa sequía, aunque no resolvió del todo la situación.

Una de las provincias que más sufría la falta de agua era Sancti Spíritus en el centro de la isla. Ahora los ríos Zaza y Agabama nutrieron sus caudales. El primero aumentó 15.92 m y el segundo se desbordó. La presa Zaza, la mayor del país, con apenas 15 % de su capacidad antes de la tormenta, recibió 500.000,000 m3 de agua. Artemisa, pese a que fue de las más lejanas al curso, pudo llevar sus presas a 64.03 % y cuatro de ellas pasaron a 90 %.

Irma recorrió la costa norte desde Baracoa hasta Cárdenas y, aunque casi no tocó directamente el territorio nacional, su gran envergadura neutralizó las posibles ventajas.

El huracán cubría con vientos huracanados un radio de hasta 85 km y con vientos de tormenta tropical hasta 285 km, un área mayor que el estado de Ohio. Tal monstruo esparció el caos por todas partes y causó 10 muertes, siete en La Habana, una en Matanzas, una en Ciego de Ávila y otra en Camagüey, pese a la evacuación a lugares seguros de 1.500,000 personas.

La Unión Eléctrica (UE) informó que en centro y occidente quedaron fuera de servicio 11 líneas de 220 Kv y 40 de 110 Kv. Además, quedaron apagadas las termoeléctricas de Cienfuegos, Santa Cruz del Norte, Ariel y Matanzas a las que se sumaban tres generadores de Energás. La termoeléctrica de Matanzas suministra un quinto de la energía eléctrica del país.

El presidente Raúl Castro calificó al sector electro-energético como estratégico y admitió que, en esta oportunidad, los daños no están localizados, sino dispersos por todo el país. En estas circunstancias, afirmó, no podía esperarse el envío de fuerzas especializadas a otras provincias para resolver los problemas. Por eso llamó a que cada área creara brigadas mixtas para que los servicios comunales hicieran los huecos para la colocación de los postes, entre otras, dejando a los trabajadores eléctricos las tareas especializadas.

Como paliativo se recurrió a micro-sistemas eléctricos en Pinar del Río, Camagüey, Las Tunas, Granma, Holguín, Guantánamo y Santiago de Cuba.

Hasta tanto subsistan los problemas en el sector eléctrico, poco podrá hacerse porque la sociedad contemporánea está organizada sobre esta base.

Las clases tendrán que comenzar gradualmente debido a la falta de electricidad y los perjuicios totales o parciales en las escuelas. Igualmente, no podrá moverse el transporte si no están activas  las bombas para suministrar el combustible necesario. También será imprescindible para sacar el agua de las muchas áreas inundadas.

El general Ramón Pardo, jefe de Estado Mayor de la Defensa Civil Nacional, reconoció que “las afectaciones han sido incalculables, sobre todo en el sector de la agricultura”. Afirmó que todas las provincias han reportado daños muy graves en ese sector económico, salvo Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma. El General Pardo subrayó que “todas las instalaciones de la producción agropecuaria reportan daños”.

A partir de ahí las versiones son indefinidas, aunque en algunos momentos las autoridades locales han referido que las pérdidas son totales en plátano, arroz y caña de azúcar. Villa Clara y Sancti Spíritus, dos de las provincias centrales, informaron que todas las plantaciones de plátano se habían perdido. En muchos casos se ha orientado acudir a cosechas de corto o mediano plazo. La lógica indica que los destrozos también hayan alcanzado las producciones pecuarias, de por sí insuficientes para la demanda nacional, vaticinando un panorama complicado en los meses venideros.

Uno de los pocos datos concretos disponibles los ofreció el grupo empresarial AZCUBA.

Declaraciones de su vocero Liobel Pérez significaron que según las evaluaciones preliminares, los daños fueron “severos” pero no pueden cuantificarse con exactitud.

El portavoz del sector azucarero apuntó que 300,000 ha de caña quedaron arruinadas debido a los fuertes vientos de Irma y muchas tierras ya surcadas fueron destruidas. Pérez señaló que 40 % de los 56 centrales de la isla tienen “fisuras en sus construcciones” lo que sugiere que tendrán problemas para funcionar hasta que sean reparadas. En esa proporción de deterioro están incluidas “algunas refinerías ubicadas en la parte norteña del archipiélago cubano”. En su informe, Pérez subrayó que 4,000 toneladas de azúcar refinado quedaron húmedas y decenas de almacenes y talleres que prestan servicios a AZCUBA tienen afectaciones en su infraestructura.

Pese al optimismo de las autoridades cubanas, puede que el plazo para resolver los problemas quizás sea demasiado corto.

El recorrido del noveno huracán de la temporada ciclónica del Atlántico y el Caribe atravesó por los principales destinos turísticos del país.

Las instalaciones en los cayos del norte de Villa Clara, Ciego de Ávila y Camagüey fueron severamente afectadas. La dimensión y cuantía de los daños no han sido aún divulgados.

Por su parte, el aeropuerto Juan G. Gómez, de Matanzas, segundo en operaciones del país, apenas tuvo perjuicios. No obstante, Adel Yzquierdo, ministro del transporte, declaró que las afectaciones  sufridas por esa instalación estarían resueltas en 48 horas. Por su parte, la terminal 3 del aeropuerto internacional de La Habana está fuera de operaciones desde hace dos días debido a los daños recibidos a causa de la caída del servicio eléctrico. Unos 900 pasajeros de la línea Iberia fueron alojados en hoteles hasta que se reanuden los vuelos.

Sin embargo, el pedraplén de Cayo Santa María, en Villa Clara, está averiado en varios tramos y el viceministro de las Fuerzas Armadas General Joaquín Quintas, dijo que el país trabajará para resolver las afectaciones en un período que describió como “muy breve”.

Otro pedraplén, de Jaronú a Cayo Cruz, también tenía destruido el paseo y la escollera por unos 130-140 m a ambos lados de un puente.

La tarea, como bien dijera el presidente Raúl Castro se pinta ardua porque hay que resolver numerosas afectaciones en hogares, instalaciones productivas y de servicios.

Foto de portada: C. L. / Progreso Semanal

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