Google, Trump y la arrogancia del poder

El motor de búsqueda Google realiza dos tercios de todas las búsquedas en Estados Unidos y 90 por ciento en Europa.

“Monopolios de plataforma” como este pueden suprimir la innovación. Google podría favorecer sus propios servicios, como Google Maps y Google Product Search, por ejemplo. Esta es una de las razones por las que la Comisión Europea golpeó a Google con una multa récord de 2,42 mil millones de euros en junio.

¿Por qué Google no ha encontrado problemas similares con las autoridades antimonopolio en los Estados Unidos?

Casi lo hizo en 2012. El Buró de la Competencia de la Comisión Federal de Comercio recomendó que la Comisión demandara a Google por conducta que “ha provocado –y provocará– daño real a… la innovación”.

Pero los comisionados decidieron no proseguir con el caso, lo que fue inusual. No explicaron su decisión, pero puede que tuviera que ver con la influencia política de Google.

Google está entre los grupos corporativos de presión más grandes de Estados Unidos, y un importante donante a campañas.

Barry Linn.

Google también tiene suficiente poder financiero como para sofocar las críticas procedentes de investigadores independientes.

La semana pasada, el New York Times informó que la Fundación New America, un influyente foco de pensamiento de centro izquierda, despidió a Barry Lynn, un fuerte crítico de los monopolios de plataformas. Lynn había publicado una nota de felicitación a los funcionarios europeos por su decisión acerca de Google, y pidió que los funcionarios antimonopolio de EE.UU. siguieran el ejemplo.

Desde su fundación en 1999, la Fundación New America ha recibido más de 21 millones de dólares de Google (y su compañía matriz, Alphabet) y de la fundación familiar de Eric Schmidt, el presidente ejecutivo de Alphabet, quien anteriormente desempeñó el cargo de presidente de la junta de New America.

Según el Times, a Schmidt no le gustaron los comentarios de Lynn, y comunicó su disgusto al presidente de la Fundación New America. A continuación, acusó a Lynn de “poner en peligro la institución en su conjunto”, y lo despidió a él y a su personal.

A pocas instituciones o personas poderosas les gusta la crítica. Pero nunca es inteligente usar el poder para tratar de impedirla.

Consideren a Donald J. Trump. Puede parecer extraño mencionar a Trump al mismo tiempo que estoy hablando de Google. Los ejecutivos de Google tienden a inclinarse a la izquierda. Eric Schmidt fue un gran respaldo de Hillary Clinton.

Eric Schmidt

Pero el poder es el poder, y Trump ha mostrado una tendencia similar a mandonear constantemente a su alrededor. Al igual que a Google, no le gusta ser criticado, si es que ustedes no se han dado cuenta.

Trump también tiene un historial de untar la mano a políticos. Durante las primarias republicanas de 2016, cuando fue atacado por sus rivales del partido por haber donado dinero una vez a Hillary Clinton, Trump explicó que “como hombre de negocios y donante muy importante para personas muy importantes, cuando uno da, ellas hacen lo que uno quiere que hagan”.

Después de que la fundación caritativa de Trump hizo una contribución de $25 000 a una organización de campaña ligada a la fiscal general de la Florida, ella decidió no iniciar una investigación de fraude de la Universidad Trump que su oficina había estado considerando. No es exactamente la Comisión Federal de Comercio, pero sí una transacción similar.

Para apoyar sus ambiciones, Trump también ha pagado por, digamos, noticias falsas. Su campaña presidencial parece haber financiado un montón de basura ficticia acerca de Hillary.

Google no paga por noticias falsas, pero sí paga a académicos para que influyan en su favor  a la opinión pública.

Recientemente, The Wall Street Journal informó que Google ha financiado a cientos de profesores en lugares como Harvard y Berkeley para que publiquen resultados de investigaciones que ayuden a Google a defenderse contra los desafíos regulatorios de su posición dominante en el mercado. Los pagos de Google oscilan entre $ 5 000 y $ 400 000.

Esta investigación ha sido utilizada por Google en juicios, audiencias regulatorias y audiencias en el Congreso.

Algunos profesores han permitido que Google vea los artículos antes de que sean publicados, lo que permite a Google hacer “sugerencias”, según correos electrónicos obtenidos por el Journal.

Los documentos de investigación de los profesores no revelan que Google los contactó y no revelan necesariamente el respaldo de Google.

No estoy sugiriendo que su investigación haya sido falsificada. Pero el hecho de no revelar completamente la conexión con Google plantea preguntas acerca de su objetividad.

Google y Trump son muy diferentes, por supuesto, pero han estado jugando mucho el mismo juego. Ellos han usado su influencia para sofocar las críticas, han pagado a miembros del Congreso para que aguanten la mano, y han comprado hechos falsos, o al menos cuestionables, para apoyar sus objetivos.

Ya se trate de una gigantesca corporación de inclinación a la izquierda o de un presidente derechista trastornado, el problema subyacente es el mismo. Pone en peligro nuestra democracia y genera desconfianza en nuestro sistema. Tal abuso de poder es moralmente incorrecto.

(Tomado del blog de Robert Reich)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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